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domingo, 23 de mayo de 2010


Siempre he sentido un gran malestar cuando continuamente se le llama traidor al General en Jefe José Antonio Páez, no soy historiador, quería escribir algo para defender su nombre, ya que el no puede hacerlo personalmente, inclusive muchachos que ni han leido libros de historia ahora hablan y dicen Páez traicionó a Bolívar, pero encontré aquí mismo en internet una publicación en descargo del General Paéz que solo con leerla me dije no hay que agragar nada más, solo difundirla y como esa es la idea de este blog de historia, aqué la reproduzco tal cual la encontré: (mis felicitaciones al autor).


Un descargo sobre la supuesta traición de Páez
Por: Ángel Emiro Antúnez
Fecha de publicación: 12/04/07


El General en Jefe José Antonio Páez Herrera; El Centauro de los Llanos, fue todo un gladiador, y como guerrero uno de los mejores de nuestra gesta libertadora… por su temple, al igual que sus guerreros…

Él decía, para nosotros la lucha tiene un nombre. Libertad y contra eso nadie puede. Quieren mi patria para ellos. Nosotros para nosotros.

Nacido a finales del siglo XVIII (13-06-1790) en la tierra llanera en donde la inmensidad obliga a pensar en y para la libertad; y el verbo abrazado de la palabra humilde vuela por la inmensa sabana. Hombre muy astuto que luchó por la libertad de Venezuela.

Como toda persona protagonista de la historia, Páez tiene sus admiradores y detractores. Yo admiro sus logros militares junto a Bolívar; tal como se dice, es posible que la victoria patriota no hubiera sido posible sin él, y tal vez hasta la batalla de Carabobo hubiera tenido otro desenlace dada la ventaja numérica del enemigo.

Ese 24 de Junio de 1821 los patriotas logran una brillante victoria y en reconocimiento de la gloriosa participación de los soldados de Apure en el propio campo de batalla, Bolívar asciende a José Antonio Páez al rango de General en Jefe y lo condecora con la medalla de los libertadores igual que a todos sus guerreros (llaneros). Es en Carabobo donde el gran llanero tiene una participación gloriosa arriesgando su vida y desde este momento se convierte en el llanero inmortal.

El remate final de la independencia de Venezuela lo pondrá el mismo Páez, cuando el 8 de noviembre de 1823 toma el Castillo de Puerto Cabello, último reducto de los realistas en el país. (Departamento Venezuela de entonces).

Esta proeza de los llaneros quedaría resumida en la historia gracias a la Proclama dictada por El Libertador en el mismo campo de batalla: "Solamente la División de Páez, compuesta de dos batallones de infantería y 1.500 jinetes, de los cuales pudieron combatir muy pocos, bastaron para derrotar al ejército español en tres cuartos de hora".

Quisiera llamar la atención de los lectores y en especial al ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Tcnel. (Ej.) Hugo Rafael Chávez Frías a quien con todo respeto y admiración dedico este escrito, para destacar que en estos tiempos lo que debemos es hacer justicia a la personalidad excepcional de los hombres y a los conocimientos ya verificados por la historia, con el paso del tiempo y la investigación de los hechos.

Deseo se tome esta posición histórica, científica y ética, como una sugerencia o un recordatorio necesario para el gobierno nacional, porque no es solamente el ciudadano presidente quien, cada vez que se quiere hacer referencia a algún traidor se recurre al pobre Páez sino que para José Antonio Páez ya se ha constituido y tiene en su haber la mácula indeleble de haber traicionado al Libertador.

No podemos, alegremente, juzgar en el presente la actitud de alguien del pasado. Todo tiene su justa dimensión y todo debe verse como decía el filósofo José Ortega y Gasset: “El hombre y sus circunstancias”.

En todo caso quiero dejar claramente establecido, que en ningún momento me inspiró otra motivación que no fuera la de servir, con lealtad objetiva y visionaria a los intereses de la Fuerza Armada Nacional, entendida como Patrimonio Institucional de Venezuela.

El General en Jefe José Antonio Páez fue dado a los Sub-Oficiales profesionales de Carrera de la Fuerza Armada Nacional como héroe epónimo para premiarlos y distinguir su comportamiento en toda su carrera militar y como “Día del Sub-Oficial” para recordar su fecha natal todos los 13 de Junio de cada año, en decreto Nº DG-2627 de fecha 4 de Junio de 1990. Es Justicia necesaria la defensa al hombre creador de nuestra nacionalidad, que por ello nos sentimos “venezolanos” orgullosos.

Sus proezas militares, su condición de prócer de la Independencia, sus logros al frente de la República, sus combates contra los militaristas no tienen suficiente peso. Tampoco su ingreso al Panteón Nacional ni la hagiografía conmemorativa del bicentenario han logrado disipar este pecado original. Que ni es traición pero que podría ser desobediencia o deslealtad, pero que tampoco es, porque Páez lo que hizo fue defender a Venezuela, su patria chica, la misma de Simón Bolívar “El Libertador” la única que tenia, su propio pueblo y el de nosotros ahora, para protegerla de esa jauría de hipócritas, mezquinos y traidores de la Elite colombiana encabezados por Santander. Páez tenía bien desarrollado el sentido de eso que ahora se le llama “sentido de pertenencia”. Frase muy aplicada a los trabajadores de las empresas del estado cuando se quiere obtener de ellos rendimiento, eficiencia y eficacia.

Se debe saber que fue Páez el restaurador de la República de Venezuela y del gentilicio venezolano y el organizador de las instituciones republicanas. Venezuela casi desaparece como entidad soberana cuando Bolívar la incorpora a la Nueva Granada y a Ecuador, quedando en Bogotá, por disposición del Congreso de 1821, la capital de la nueva nación que en honor del descubridor se llamó Colombia y colombianos sus habitantes.

En otra oportunidad, “Venezuela” estuvo a punto de desaparecer hasta como nombre al intentar el Congreso de Colombia eliminarlo y sustituirlo por “Apure” para designar al territorio que ocupaba este Departamento.

Y que fue Páez quien uniéndose al descontento general que tal incongruencia generó en todas las regiones del país, repone la integridad nacional a despecho de Bolívar que, luego de apoyar tácitamente la separación, intentó preparar una invasión a Venezuela para restituirla al seno de Colombia.

El general Rafael Urdaneta le respondió, en enero de 1830, cuando Bolívar pidió la opinión de su estado mayor y notables del gobierno sobre la invasión a Venezuela, que ésta se había separado de hecho cuando el Libertador la había visitado en 1827 y había apoyado la desobediencia de Páez al gobierno de la Unión.

Cada vez que se quiere hacer referencia a algún traidor se recurre al pobre Páez. Incluso, hace poco, el Presidente dijo por televisión lo Siguiente:

Primero dijo que Páez fue:

"El corrupto más grande de la historia venezolana".

Y luego dijo:

"Voy a quitar a Páez de mi despacho. No voy a destruir la obra porque es de Tito Salas, pero mi general Páez no merece estar en el despacho presidencial junto a Bolívar y Sucre, pues fue un traidor. Duele decirlo, pero sí fue un traidor".

Decir eso sólo tendría sentido si se va a aplicar la misma regla a todos los acontecimientos y personajes históricos: de acuerdo con ese criterio, también se dice que la Segunda República sería fruto de una "traición", la de Simón Bolívar a Francisco de Miranda, vendiendo su jefe a Monteverde por su vida y un “Salvoconducto” para refugiarse en Curazao. Porque lo que es igual no es trampa. Si queremos decirlo de otra forma, diríamos que la acción de Bolívar puso a Miranda en bandeja de plata a Monteverde... es decir, Bolívar fue el actor principal en los sucesos que culminaron con la detención de Miranda… Por ello, a finales de 1.812 Francisco de Miranda, la personalidad más destacada del campo patriota en aquel período, ya se hallaba prisionero.

A partir de aquí, Miranda desaparece de la escena política, de la guerra y de la lucha por la independencia de Venezuela, hecho preso, ruleteado por las cárceles de La Guaira, Puerto Cabello, y Puerto Rico hasta llegar a “La Carraca” en España, donde muere. En el ínterin surge Bolívar y comienza a perfilarse como el futuro líder de la Independencia con su Manifiesto de Cartagena, la Campaña Admirable y el Decreto de Guerra a Muerte que es cuando Bolívar un poco más maduro entiende que debe tomar en cuenta a los grupos populares e incorporarlos al ejército patriota por la lucha de la independencia siendo esto un factor determinante, decisivo, para el logro de victorias que luego aseguraran la libertad.

Al entrar a Caracas en octubre de 1813 Bolívar fue proclamado “Libertador de Venezuela” por la Municipalidad de la ciudad, e investido de poderes absolutos.

La incorporación progresiva de los pardos, los negros y otros estratos sociales populares a los ejércitos republicanos fue vital e hizo inclinar la balanza a favor de la causa patriota. Debemos recordar que los pardos constituían el grupo mayoritario dentro de la organización social y obviamente, su respaldo y anexión a uno de los dos bandos enfrentados en la guerra era decisiva para la obtención del triunfo.
Mientras los grupos populares de pardos y negros apoyaron a los jefes realistas, el desarrollo de la guerra fortaleció a la causa monárquica

A medida que fueron cambiando de bando, la lucha tomó una orientación distinta, favorable a los republicanos. Esto sucedió entre 1810 y 1814.

"Hasta 1815, la inmensa mayoría del pueblo de Venezuela fue realista o goda, es decir, enemiga de los patriotas".

Significado de la palabra “Traición”

Según el diccionario, la palabra traición significa: (Diccionario de la lengua española)

1.- Traición.

● Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

● Violación de la fidelidad o lealtad que se debe.

• Delito que se comete contra la patria o contra el Estado, en servicio del enemigo.

En otras palabras, un traidor es aquel que viola un juramento de lealtad hacia alguien o hacia algo.

“podría perdonarse cualquier error, pero no una traición”

Hay traiciones famosas, por ejemplo, la traición de Bruto a Julio César, la de Judas a Jesús, una fresquísima la traición del general Pinochet a Salvador Allende,

2.- Alta traición.

La cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado. Es decir, es el delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria.

Quiero decir con esto que existe la traición a la patria, que no es otra cosa que el delito que se comete en contra del estado o del país; esto lo vivimos todos los venezolanos en esos días aciagos del golpe de estado, (Abril 2002) cuando un grupo de empresarios unidos a la patronal obrera y a algunos militares disidentes decidieron dar un golpe a la democracia, instaurando una breve dictadura que fue repelida por el pueblo.

Estos si son traidores de verdad porque incluso los militares juraron una vez y ante la Bandera Nacional, defender la patria y sus instituciones, hasta perder la vida.



En términos legales, la traición es el crimen de deslealtad a la nación o estado de una persona. Una persona que traiciona a la nación, a su ciudadanía y/o reniega sobre un juramento de lealtad y en algunas ocasiones coopera de forma voluntaria con el enemigo, es considerado un traidor.

En muchas naciones, a menudo se considera traición conspirar para derrocar al gobierno, incluso sin que sea auxiliado por ningún país extranjero o involucrado para tal propósito. Traidor puede referirse a una persona que traiciona (o es acusada de traición) a su propio partido político, familia, amigos, grupo étnico, religión, u otro grupo al cual pueda pertenecer.

A menudo, tales acusaciones son controversiales y disputadas, cuando la persona no puede identificarse con el grupo del cual es miembro, o de lo contrario está en desacuerdo con los líderes del grupo que hacen el cargo.

En ocasiones, el término "traidor" ha sido nivelado como un epíteto político, sin considerar acción traicionera alguna verificable.

Pero existe un tipo de traición que es la peor de todas, la más deplorable e imperdonable: la traición a sí mismo; todos en algún momento de nuestras vidas hemos llegado a tener ideales y sueños; han existido importantes idealistas que han dejado huella imborrable en las conciencias de algunos, Simón Bolívar por ejemplo, Jesús, Ghandi, El Che Guevara.

Nosotros, al igual que ellos, hemos soñado con construir un mundo mejor en el que todos seamos iguales y gocemos de los mismos derechos, pero hay quienes, vendiendo su dignidad a intereses personales, traicionan todo aquello por lo cual una vez lucharon y se convierten en engendros de su propio egoísmo.

Son precisamente éstos los que cometen la peor de las traiciones ya que se traicionan a sí mismos, olvidando todas las promesas que se hicieron y todos los juramentos de defender sus ideales hasta la muerte, transformándose en lo que ellos juraron que nunca se transformarían, incluso hasta peor: muchos juran luchar por la igualdad y la justicia social pero siempre terminan complaciendo a los poderosos en detrimento de los más necesitados.

La "denuncia" de la traición de Páez

Se dice que Páez traicionó al Libertador por orden o para favorecer "al imperio" (un imperio que no existía aun).

Los detractores de Páez ven la separación de Venezuela como una traición al sueño bolivariano de una Colombia unida.

El sueño de Bolívar era unir las provincias liberadas de España en un sólo estado: La Gran Colombia, que estaba conformada por los actuales territorios de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. Cuando la guerra contra España finalizó, los federalismos y regionalismos comenzaron a resurgir.
¿Qué fue lo que hizo Páez? Nada más que tomar la iniciativa de actuar con el fin de torcer el rumbo de los acontecimientos en una dirección diferente. Bolívar no estaba en Venezuela había partido en Agosto del 1821 después de la Batalla de Carabobo, inicia sus campañas del Sur y volverá a Venezuela en el 1826. Santander era el Vicepresidente de la Gran Colombia y Páez era el Comandante Militar de Venezuela, Páez no era bien visto por Santander. Había diferencias entre ellos pero Páez era un guerrero hecho en el fragor de la lucha en el terreno de los acontecimientos y Santander un académico leguleyo. Ahora nosotros, ya sabemos quien fue Santander pero Páez como que lo presentía ya, en esa época y tenía su criterio sobre él.

El culto bolivariano, en su empeño de presentarnos la historia en blanco y negro, no estimó nada más conveniente que dividir a los protagonistas entre leales y traidores. No había términos medios: se estaba con Bolívar o contra él, se trataba simplemente de la oposición entre dos proyectos políticos, uno viable, el otro no, y que sólo se podía lograr poniéndose al cobijo del más prestigioso de todos, el General Páez. Cualquier cosa se podrá decir de José Antonio Páez, menos que fuese cobarde o traicionero.

Quieren mi patria para ellos. Nosotros para nosotros.

Sin embargo, la distinción maniqueísta entre traidores y leales, no finalizo allí. La historia larga de las traiciones se prolongará hasta finales del siglo veinte. La muerte de Sucre y Bolívar, en el mismo año (1830), en lugar de cesar las deslealtades, se multiplicaron y proliferaron.

1. Su antiguo teniente y compadre, José Tadeo Monagas, es el encargado de pasar la factura de los viejos resentimientos a Páez y Monagas fue calificado de traidor por Páez;
2. Traiciona Antonio Guzmán Blanco a Falcón;
3. Juan Vicente Gómez traiciona a Cipriano Castro;
4. La traición que Carlos Delgado Chalbaud hizo a Isaías Medina Angarita;
5. La que Marcos Pérez Jiménez propinó a Delgado Chalbaud.
6. Betancourt satanizó como traidor a Prieto Figueroa y a todos y cada uno de los disidentes adecos;
7. Los comunistas execraron a Petkoff como el peor de los traidores cuando abrió tienda aparte;
8. Caldera le cambió a Fernández el título de delfín por el de traidor.
9. Carlos Andrés Pérez acusó de traidores a sus ex compañeros de partido cuando le dieron la espalda; y
10. El más reciente de todos, El Cmdte. Arias Cárdenas, también es calificado de traidor por el presidente Chávez y lo compara con Páez.
11. La más moderna; el ex-alcalde del Municipio Maracaibo, abogado Gian Carlo Di Martino, acusó de traidor al gobernador del Estado Zulia, Manuel Rosales porque se reunió en Bogotá con Pedro Carmona Estanga y militares golpistas de Venezuela asilados en Colombia, con el deliberado propósito de coordinar acciones para imponer en el país un gobierno no surgido de la elección popular.



¿Será verdad que todos ellos también fueron traidores?

Si se acepta la versión inquisitorial de algunos historiadores entonces, en todas las épocas y en todos los regímenes de nuestra tormentosa historia, siempre han existido personajes de estrategias resbaladizas. Siempre han existido los que medran, negocian y enturbian las aguas, en todos los sitios donde en Venezuela se maneja el poder público.

En el año de 1821 a instancias del Congreso Constituyente de Cúcuta se aprueba la Constitución de Colombia y el territorio quedaba dividido en Departamentos, Provincias y Cantones es así como Venezuela queda dividida en tres Departamentos o Distritos militares: Venezuela (Provincias de Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Barinas y Apure), Orinoco (Provincias de Guayana, Cumaná, Barcelona y Margarita) y Zulia (Provincias de Maracaibo, Coro, Mérida y Trujillo). Páez es nombrado Comandante General del Departamento Venezuela.

En 1825, comenzaron a surgir una serie de críticas hacia Santander que era el Vicepresidente de la Gran Colombia, pues muchos sectores no aprobaban algunos aspectos de su gestión. Se iniciaron las discusiones y desacuerdos políticos: los venezolanos no estaban conformes con la designación de Bogotá como principal centro político y económico. ▬ Aquí habría que preguntarnos por qué Bolívar escogió o dejo que se escogiera a Bogotá como capital de la gran Colombia y no Caracas, su pueblo natal y por qué le puso el nombre de Gran Colombia a la unión de las naciones liberadas ▬ Los neogranadinos sentía recelo por la importancia que habían adquirido los militares venezolanos. Los ecuatorianos, por su parte, denunciaron ser ignorados en la asignación de los cargos en la administración del gobierno central.

Se inició así, el proceso de decadencia de la Gran Colombia.

Mientras Bolívar estaba enfrascado en las campañas militares en el Perú, le era imposible llevar a cabo sus funciones y deberes como Presidente de la Gran Colombia. Como resultado, el centro del poder ejecutivo estaba en Bogotá bajo el liderazgo del Vicepresidente Francisco de Paula Santander, desde Nueva Granada (lo que correspondería hoy en día a Colombia y Panamá).

Mientras que para algunos líderes, la Gran Colombia era sólo una necesidad militar, constituido por las necesidades de la guerra, para otros era una entidad administrativa real. Así, la confusión creció entre el gobierno central en Bogotá y las provincias y municipalidades. Esto incomodó a Páez y a otros políticos venezolanos. Páez se enfrenta al Congreso que está en Bogotá.

La denuncia con vehemencia en Venezuela del maltrato legalista que hacían los civilistas granadinos a los venezolanos en Bogotá y las ideas de rebelión, violencia y atropello a los intereses venezolanos se fueron difundiendo por Valencia y otros pueblos; este movimiento ha sido llamado de "La Cosiata", y fue el que inició frontalmente la separación venezolana de la Gran Colombia. Se estimuló así un sentimiento de identidad venezolana y de oposición al gobierno manejado por Santander desde Bogotá.

Obsérvese que además de desarrollarse un “sentimiento venezolano” al mismo tiempo se desata una oposición al gobierno de Santander.

Don Fernando de Peñalver escribía en 1823:

«Es una verdad que nadie podría negar, que la tranquilidad de que ha disfrutado Venezuela desde que la ocuparon nuestras armas, se ha debido al General Páez, y también lo es, que si él se alejase de su suelo, quedaría expuesto a que se hiciese la explosión, pues sólo falta, para que suceda esta desgracia que se apliquen las mechas a la mina».

El señor Peñalver fue de los primeros en comprender la importantísima función que Páez ejercía en Venezuela, sin embargo de que, como había dicho en 1821, sólo existía «un pueblo compuesto de distintas castas y colores, acostumbrado al despotismo y a la superstición, sumamente ignorante, pobre, y lleno al mismo tiempo de los vicios del Gobierno español, y de los que habían nacido en los diez años de revolución», y creía el fiel amigo de Bolívar, que la República «necesitaba por mucho tiempo de un conductor virtuoso, cuyo ejemplo sirviese de modelo, particularmente a los que habían hecho servicios importantes y que por esta razón se consideraban con derechos que no tenían, ni podían pertenecer a ninguna persona».


Pero al estallar la revolución del 26, provocada por los que creían en la panacea de las constituciones escritas sin sospechar siquiera la existencia de las constituciones orgánicas que son las que gobiernan las naciones, estampa este consejo seguido tan fielmente por el Libertador, cuya conducta fue censurada con grande acritud, principalmente por Santander, «el hombre de las Leyes», despechado por el tacto político con que trató a Páez, alzado contra la Constitución y contra el Gobierno de la Gran Colombia.

«Creo que este General (Páez) —decía D. Fernando a Bolívar— debe ser tratado con mucha lenidad por ti y por el Gobierno, pues si se quiere emplear en él el rigor de las leyes y no la política, pueden muy bien resultar las más funestas consecuencias. Tú conoces más que nadie los elementos de que se compone nuestro país, cuyos combustibles, inflamados por una persona como el General Páez, harían los más horribles estragos».

Briceño Méndez, que pensaba también muy hondo, critica las medidas tomadas por Santander, con la pretensión de cohonestar la influencia de Páez y «contener el progreso de la revolución con pequeñas intrigas».

En 1824 Ante el rumor de una supuesta Santa Alianza, mediante la cual se estaría formando en Europa un poderoso ejército para reconquistar a América, Santander decreta el 31 de agosto de 1824 un alistamiento general de todos los ciudadanos, de dieciséis hasta cincuenta años, con las excepciones del caso

Una carta de Páez a Bolívar, con fecha de octubre de 1825 expresa la situación: “Usted se abismará en ver las personas que dirigen su país. Son de la especie que en cualquier otra parte en que hubiese moral pública ocuparían el lugar más inferior, y muchos de ellos ocuparían un presidio por sus crímenes; mas por desgracia no es así. Ellos manejan a su antojo las elecciones, señalan al primer magistrado de la República... toman al instante un empleíto y otras mil cosas... Entonces me parece que se puede asegurar que este país necesita otra cosa distinta de la presente que establezca el orden, le dé cabida consideración a los que la merecen e imponga silencio a los tramoyistas.”

Viene La Cosiata (1824-1826 La Cosiata comienza en abril de 1826. Había presión de venezolanos, para que Páez fuese removido de su cargo, lo acusaban de abusar de su autoridad en relación a la implementación de órdenes provenientes de Bogotá -órdenes con las que Páez presuntamente no estaba de acuerdo-.

El partido civilista de Caracas acusó a Páez ante el Congreso, por violación de las garantías constitucionales y fueron hombres civiles, entre los que se contaban antiguos realistas, quienes dieron curso a la acusación, instigados por el Vicepresidente Santander que no sólo quería vengar viejas rencillas, apoyándose como siempre en la Constitución y en las leyes, sino destruir y anular a Páez, a quien consideraba como el único obstáculo para hacer sentir en Venezuela la autoridad del Gobierno de Bogotá, aceptado a regañadientes por los venezolanos.

El 8 de julio, Santander declaró que Páez estaba en rebelión abierta contra el gobierno central. lo acusaban de abusar de su autoridad en relación a la implementación de órdenes provenientes de Bogotá -el reclutamiento forzado de hombres para el ejército - El Congreso decidió que tenía la potestad para juzgar a Páez por cuanto que se había excedido en la ejecución del mandato y le ordenó acudir a Bogotá para su juicio..

A las exhortaciones de Santander para que Páez compareciera ante el Congreso, éste le contestaba con amarga y penetrante ironía: «Algunos enemigos gratuitos o envidiosos de glorias que no pueden adquirir, han tratado de destruir hasta mi propia reputación forzándome a que ocupe también la plaza de un filósofo... ¡Qué cosa tan extraña, querer hacer de un llanero un filósofo! Si lo consiguen será un nuevo fenómeno en la revolución». Archivo Santander, tomo XIV, página 222

Páez fue suspendido de la Comandancia General y llamado a Bogotá para responder a los cargos en su contra.

Inicialmente Páez estaba dispuesto a ir. Sin embargo, irónicamente algunas de las personalidades venezolanas que estaban originalmente descontentas con Páez por ejecutar las órdenes de Santander, ahora se sentían insultados por el hecho de que su líder tuviese que ir a Bogotá a ser juzgado. Páez no acude a la convocatoria y entrega el mando.

Después de unos pocos días de incertidumbre y tensión en las calles, la municipalidad de Valencia rompió con Bogotá. El pueblo se amotina, carga en hombros a José Antonio Páez, lo lleva hasta la Municipalidad y lo reafirma en el gobierno del territorio de Venezuela. En los siguientes días más municipalidades harían lo propio, incluyendo Caracas, que había sido la primera en acusar a Páez.

El 3 de mayo de 1826 Páez prestó juramento ofreciendo guardar y hacer guardar las leyes establecidas, publicó una proclama anunciando la reasunción del cargo de comandante general de Venezuela y el desconocimiento de la Constitución de Cúcuta y del Congreso de Colombia. “El Libertador Presidente será nuestro árbitro y mediador, y él no será sordo a los clamores de sus compatriotas”.

“¡Viva Bolívar! ¡Viva Páez! ¡Viva Venezuela!” exclamó la multitud.

Mientras todo esto ocurría, Páez escribió a Bolívar de nuevo, pidiéndole que volviera a hacerse cargo y resolviera el embrollo. Aunque Páez y sus partidarios estaban dispuestos a tener a Bolívar como líder supremo, estaban renuentes a seguir a Santander. Y aunque querían cambios constitucionales, primeramente, querían hacerlos bajo la autoridad de Bolívar y no como parte de la Gran Colombia.

Ante la promesa de que el Libertador, que se encontraba en el Perú, vendría a ser el árbitro, Páez insiste en que vuele lo más pronto posible a Venezuela. Días más tarde, Páez le escribe al Libertador “Véngase usted a ser el piloto de esta nave que navega en un mar proceloso, condúzcala a puerto seguro, y permítame que después de tantas fatigas vaya a pasar una vida privada en los llanos de Apure, donde viva entre mis amigos, lejos de rivales envidiosos, y olvidado de una multitud de ingratos que comienzan su servicio cuando yo concluyo mi carrera.”

Fernando Peñalver también le escribe a Bolívar diciéndole: “El General Páez manifiesta por ti el mayor respeto y consideración, y te ha proclamado en el ejército y en todas partes. Aunque dice que no recibirá órdenes de Bogotá, ha ofrecido mantener las cosas en el estado en que estaban, sin hacer ninguna novedad hasta que vengas y resuelvas lo que te parezca conveniente.”

Mientras tanto, el Libertador estaba apasionado con su Constitución Boliviana. A Páez le envía ejemplares de ésta resaltándole que “abraza los intereses de todos los partidos, da una estabilidad firme al gobierno unida a una grande energía y conserva ilesos los principios que hemos proclamado de libertad e igualdad.”

A finales de 1826 Bolívar finalmente regresó de sus campañas en el sur y tomó el mando del ejecutivo resuelto a solucionar pacíficamente los problemas de Venezuela, asumiendo los poderes extraordinarios que le había concedido el Congreso. Cartas conflictivas entre Santander y Bolívar, y entre Bolívar y Páez, crearon un grado de incertidumbre en cuanto a cuáles serían sus acciones.

Finalmente declaró una amnistía general para todos los involucrados en La Cosiata, el 1º de enero de 1827, desde Puerto Cabello, dicta un decreto mediante el cual se olvidará lo pasado y se mantiene a Páez en el ejercicio del poder con el nombre de Jefe Superior de Venezuela. A pesar de que a partir de entonces, cualquier desobediencia a sus órdenes sería considerada como un crimen contra el Estado. Páez recibió a Bolívar y aceptó su autoridad, y Bolívar le nombró Jefe Superior Civil y Militar de Venezuela. Es decir, Bolívar comprende y lo ratifica en ese cargo en Enero de 1827, decepcionando a Santander en Bogotá y a los que en Venezuela no apoyaban a Páez. Bolívar sale para Bogotá a mediados de 1827,

Fracasa la Convención de Ocaña en 1828. Bolívar se hace Dictador el 13 de junio de 1828.

Bolívar sabe y no oculta, por cuanto que El 13 de septiembre de 1829 escribe a Daniel Florencio O'Leary: "Todos sabemos que la reunión de la Nueva Granada y Venezuela existe ligada únicamente por mi autoridad, la cual debe faltar ahora o luego, cuando quiera la Providencia, o los hombres". Páez está entre los que quieren pero también los dirigentes y los pueblos, profundamente motivados por las prédicas de independencia y de libertad, consignas convertidas en regionalismo. Porque cada ciudad quiso ser cabecera de un Estado.

Ese mismo año se reúne una asamblea en Caracas que mayoritariamente decide la separación definitiva de la Gran Colombia.

La asamblea del 25 de noviembre de 1829, en el Templo de San Francisco de Caracas, no es una subversión. Es una manifestación legal, dentro del Estado de Derecho, legítima como expresión de la libertad predicada. Esa Asamblea autorizada, es un plebiscito en favor de Páez, a quien se entrega el poder como Jefe del Departamento de Venezuela; y fue allí donde se decidió mayoritariamente la separación definitiva de la Gran Colombia..

Obsérvese que es la Asamblea quien declara su voluntad de proceder a la “separación del gobierno de Bogotá y el desconocimiento de la autoridad del general Bolívar” Páez no estaba allí pero si estaban los enemigos del Libertador por varias razones, una de ellas, es que algunos de ellos habían sido realistas y ahora estaban allí pero disfrazados de patriotas; entre los más exaltados de la Asamblea se cuentan: Ángel Quintero, Ramón Ayala, Miguel Peña, Juan José Osio, José Telleria y un tal Antonio Febres Cordero y otra es que el prestigio de Bolívar había decaído un poco en Venezuela motivado a que desde que pisó tierra venezolana en 1826, comenzó a dictar medidas tremendas, que en mucho contribuyeron a desprestigiarle, en un pueblo donde la popularidad se alcanzaba entonces con la impunidad para todos los delitos.

Que puede un solo hombre contra todos los enemigos de Bolívar que se encontraban en Caracas.

Páez tenía la edad de 39 años y, como suele ocurrir, deja exagerar la nota contra la larga autoridad de Bolívar, contra el demasiado tiempo necesario en el ejercicio del poder. Aquí el pecado o el error de Páez quizás fue el de dejar que se exagere contra bolívar, es decir el “dejar hacer”, que en esta época moderna “dejar hacer” (laissez faire) es una teoría capitalista de economía de mercado, en aquella los historiadores la califican de traición a Bolívar.

Como cambia el mundo ¿verdad? Incluso, el hecho de que Bolívar bautizase la nueva nación como la Gran Colombia para honrar al "descubridor de América" hoy ya sabemos que no se descubre lo que ya existe y por ello lo de España no fue un descubrimiento sino una invasión a nuestra tierra.

Venezuela junto con sus antiguos pobladores fue conquistada antes que descubierta, esclavizada antes que reconocida. Saqueada, esclavizada y ensangrentada por los aventureros europeos ansiosos de sangre y oro. La invasión de América destruyó la mayoría de las culturas aborígenes se vio interrumpido el estilo de vida tradicional, se destruyeron valores culturales y pueblos enteros fueron subyugados o exterminados.

Que al correr de los años fueron sus hijos legítimos, el grupo de blancos criollos (los hijos de los españoles nacidos en América) los "motores" que dieron impulso a la independencia, ellos fueron los que realmente llevaron a cabo la magna labor de independizarse de España, hasta el extremo de ver como extranjeros a los propios españoles de la Península. El grupo de los blancos criollos acaudilla la Revolución.

Y es Páez, encarnación de la llanura brava, el que se presenta como la resurrección en nuestras tierras, del indomable “Viriato”. ▬ aquel Pastor y caudillo lusitano que logró acaudillar la resistencia de su pueblo y encabezó un movimiento de resistencia contra los invasores romanos entre los años 150 a.C. y el 140 a.C., Su rebelión se convirtió en uno de los mayores símbolos de la resistencia peninsular frente a la dominación romana, después de la masacre cometida por el pretor romano Galba ▬ Y frente a la expansión de las formas de cultura, activas o latentes, que vienen con las huestes de la conquista, a imponerse en nombre del tiempo, el medio telúrico, con sus fuerzas desconocidas, se alza como reclamo del espacio, para delinear con caracteres diferenciales a la nueva sociedad, que al correr de los años y sintiéndose distinta de España, lucha con gesto ejemplar por su independencia política.

Cualquiera que con espíritu desprevenido lea la historia de Venezuela, encuentra que, aún después de asegurada la Independencia, la preservación social no podía de ninguna manera encomendarse a las leyes sino a un caudillo prestigioso y más temible, del modo como había sucedido en los campamentos.

Es el carácter típico del estado guerrero, en que la preservación de la vida social contra las agresiones incesantes exige la subordinación obligatoria a un Jefe. «En el estado guerrero el ejército es la sociedad movilizada Y la sociedad es el ejército en reposo».

Para mantener el orden en pueblos de esta constitución social, es necesario un jefe que posea una gran autoridad personal, habituado al mando y sabiendo hacerse obedecer. Es evidente que este papel no puede representarlo el primero que llegue; se necesita un hombre muy eminente, un verdadero, patrón.

Nada más lógico que Páez, fuese ese caudillo, el vigilante capaz de contener por la fuerza de su brazo y el imperio de su autoridad personal a las montoneras semibárbaras, dispuestas a cada instante y con cualquier pretexto, a repetir las invasiones y los crímenes horrendos que destruyeron en 1814, según la elocuente frase de Bolívar, «tres siglos de cultura, de ilustración y de industria».

El 13 de enero de 1830, basándose en el Acta de la Asamblea popular del 25 de Noviembre de 1829 en Caracas, fue convocado por decreto del general José Antonio Páez en su carácter de jefe civil y militar de Venezuela, el Congreso constituyente; El mismo día de la instalación, Páez envía desde San Carlos un mensaje al Congreso en el que renuncia a su cargo, pide atención para el área militar y la deuda pública y presenta las memorias de los secretarios de Estado. El Congreso no le aceptó la renuncia. Páez la reiteró y tras nueva insistencia del cuerpo, aceptó continuar en sus funciones hasta la sanción de la nueva Constitución.

Observen que el Congreso no le acepta la renuncia, pero ¿Se imaginan ustedes si Páez no acepta continuar en sus funciones, en manos de quien hubiera quedado Venezuela? Era como dejarle el campo libre al enemigo.

El 27 de febrero se reúnen las Asambleas Primarias: asisten 33 el primer día; 48 fueron electos.

Desde San Carlos, el 30 de abril, Páez envía su primer Mensaje, en el lenguaje sabiamente aprendido de la convivencia con Bolívar y los repúblicos: "Mi espada, mi lanza y todos mis triunfos militares están sometidos con la más respetuosa obediencia a las decisiones de la ley".

El 6 de mayo hay Congreso Constituyente en Valencia.

El decreto, que convoca a elecciones dice que: “...el objeto de las asambleas electorales es votar por los diputados que correspondan a la provincia para representarla en el Congreso Constituyente de Venezuela...”.

Se inicia así: “Pueblos de Venezuela! Habéis manifestado que queréis separaros del gobierno de Bogotá, y no depender más de la autoridad de S.E. el Libertador general Simón Bolívar. Os habéis pronunciado al mismo tiempo porque se establezca en Venezuela un gobierno soberano, popular, representativo, electivo y responsable: y ha sido tal la decisión de vuestros votos, tal la unanimidad con que los habéis emitido, que faltaría a mis deberes para con la patria, si no aceptase el honroso encargo que me habéis hecho de sostenerlos y de hacerlos efectivos, reuniendo el Congreso que ha de sancionar la constitución de Venezuela”. El artículo 46 establece como sede la ciudad de Valencia. A la instalación, el 6 de mayo, asistieron 33 diputados.

El Congreso Constituyente de Venezuela sancionó el 22 de septiembre de 1830 la Constitución, que debía regir la nueva República de Venezuela, y la misma fue mandada a ejecutar el 24 del mismo mes. Es la primera Constitución de Venezuela, separada de la República de Colombia. Así pasaron las cosas y por eso se desintegra en forma definitiva la Gran Colombia, el sueño político del Libertador Simón Bolívar.

Trascurridos 03 meses, tras una penosa enfermedad, Bolívar muere en Santa Marta.

El 1 de diciembre llega por mar a Santa Marta, el 6 es llevado a la Quinta San Pedro Alejandrino, donde murió el 17 de diciembre a la edad de 47 años

En una carta muy dura, que Urdaneta, el último presidente de la Gran Colombia, el hombre que estuvo hasta el final batallando junto a Bolívar, le escribe a otro amigo le dice: “Lo único que a mi General Bolívar le reclamaré toda mi vida, es habernos abandonado”. Lo que es la ironía del destino, fíjense lo que dice Urdaneta, pero ahora ya sabemos que bolívar cuando abandona a Bogotá, lo hace con la intención de irse a Europa a curar su enfermedad o como diríamos ahora nosotros, Bolívar estaba muerto en vida. Pero solo logra llegar a Santa Marta.

He aquí la jugada del destino; “Venezuela no podía quedar sin su protector nativo”

En el curso de los años inmediatamente posteriores a la independencia política, Páez era el caudillo de mayor prominencia. Había emergido de la guerra de independencia como el héroe popular de los llanos y su actuación le había convertido en el jefe indiscutible del Departamento de la Gran Colombia formado por el territorio venezolano, para este momento, Páez había pasado de ser un caudillo regional a convertirse en un caudillo en el que confluían los sentimientos nacionalistas de los venezolanos. Ningún otro caudillo, ni siquiera aquéllos que podían ostentar glorias bélicas notables, le resultaban equiparables. Pero además -y es difícil no ver en esto un hecho de gran significación- se trataba de un héroe llanero.

Cuando en 1830 la élite venezolana -cuyos intereses económicos y políticos pugnaban por la separación de Venezuela de la Gran Colombia- dicen a Páez: "¡General!, Tú eres la Patria", cuesta no adivinar, en la rotunda economía de la altisonante ecuación, la prefiguración de esa condición emocional que mueve como naturalmente fue, al venezolano a aceptar que Venezuela es él. Con semejante lisonja cualquiera se la cree pero habría que trasladarse a la época para entenderla en toda su extensión y no sacarla del contexto y que en esta época pudiéramos decir que Quizás fue este el mayor pecado cometido por Páez.

Haciendo un ejercicio de imaginación la tentación del Poder es mucha, Páez diría es preferible ser cabeza de león y no cola de ratón es decir, es preferible ser Jefe Superior Civil y Militar de toda Venezuela y no subordinado de Santander.

El primer Congreso Constitucional de la República de Venezuela se instaló en la ciudad de Valencia el 6 de mayo de 1830, El 13 de mayo decide el Congreso que el gobierno será centro federal. El 24 del mismo mes, fueron examinados por el Senado los Registros Eleccionarios y se practico el escrutinio legal para elegir al Presidente de la República. Páez es electo presidente por 136 votos de los 158 sufragantes surgidos de las asambleas electorales

El Presidente de Venezuela se juramentó el 27 de mayo de 1830, y el 19 de julio del mismo año, se procedió a la elección del Vicepresidente. Por un voto fue electo el Licenciado Diego Bautista Urbaneja.

De esta forma Páez fue nombrado primer Presidente Constitucional de Venezuela para un período que culminó en 1835.

Hasta La Cosiata, Páez había sido muy respetado gracias a sus éxitos militares durante la guerra y a aquellos formidables llaneros que atravesaban a nado ríos caudalosos cuando los europeos hacían menester puentes. Estos pedían los alimentos a que estaban habituados y las asistencias todas de los ejércitos regulares, cuando los venezolanos comían carne sin sal, andaban desnudos y se curaban las heridas con cocuiza". Esos llaneros que el equipaje no les estorbaba, porque todos estaban en cueros, y las subsistencias no les dan cuidados porque viven sanos y robustos con la carne; hacían movimientos rápidos y felinos que no pueden imitarse por más esfuerzos que en las marchas hagan los soldados realistas preparados. Los llaneros se arrojan a caballo desde la barranca del río, con la silla en la cabeza y la lanza en la boca, y pasan dos o tres mil caballos en un cuarto de hora como si pasasen por un ancho puente, sin temor de ahogarse ni perder el armamento ni la ropa...". A partir de entonces empezó a ser visto como un político con el poder e ingenio necesarios para seguir y defender cualquier cambio, o la falta de los mismos, hechos bajo el orden constitucional. Páez salió de La Cosiata con más poder que nunca.

“Por Páez sentimos orgullo guerrero”.

En el Diario de Bucaramanga, Bolívar demuestra cómo conocía de bien a sus generales y los tenía en cuenta. Para el Libertador, Sucre y Urdaneta eran sus privilegiados ante mente y corazón. No solo Bolívar respetaba a Páez sino qué Páez al único que respetaba era a Bolívar, prueba de ello es la entrevista de Páez y Bolívar en el Llano, fue Bolívar el que decidió viajar a los llanos para conocer a Páez por cuanto que ya el valor de Páez y de sus llaneros había llegado a Bolívar y éste quería unir a todos los que peleaban contra los españoles. El encuentro se realizó en el hato Cañafistola, el 30 de enero de 1818. Páez hizo que todo su ejército reconociera al Libertador como Jefe Supremo. Al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios. Bolívar es el Padre de la Patria y Páez sólo el Padre de la Cuarta República que aún vivimos y que está llegando a su fin; y ¿Quién será el padre de la Quinta Republica?

Páez, a partir de la Cosiata pasa a ser protagonista de lo que sucede en Venezuela y aunque muchos interpretan a este movimiento como algo separatista, muchos historiadores lo catalogan más bien como una reacción a la constitución de Cúcuta y a las pretensiones de Santander.

De hecho Bolívar perdona a los involucrados en la Cosiata mediante un indulto. Pero ya el mal estaba hecho, tanto Bogotá como Caracas, y por supuesto también Quito, habían decidido separarse y la Gran Colombia se disuelve.

Los detractores de Páez lo ven como una traición al sueño bolivariano de una Colombia unida. Los que lo apoyan dicen que fue una necesidad reaccionando a la constitución de Cúcuta que también adversaba Bolívar.

Pero creo que lo más cuestionable de Páez quizás fueron sus actuaciones en la presidencia cuando si bien reforzó el estado federal llegó a ser el más fuerte propietario territorial del país, Aunque puede que este enriquecimiento haya sido por "pagos" por sus servicios cuando fue el gran dictador. Aun siendo así tiene justificación por cuanto que pudiéramos aplicarle también aquel célebre aforismo de John Adams, uno de los fundadores de los Estados Unidos, comprobado hasta la saciedad por la historia de todos los pueblos: «Aquéllos que poseen la tierra tienen en sus manos el destinos de las naciones».

Lo importante de esto es que tal vez no tuvo el desprendimiento que observamos en Bolívar y que manifiesta en su última proclama. Aun así, fíjense que cuando Páez muere estaba igual que Bolívar, no disponía de fondos abundantes, es decir, él también muere pobre y abandonado de sus compatriotas, como dice el dicho aquel; “Nadie es profeta en su tierra”. Aunque afuera de Venezuela, Páez gozaba de gran aprecio dondequiera que se encontrara.

Señor Presidente, solo está y solo se quedará en su temeridad de calificar a Páez como traidor a Bolívar; repito, cuando que él solo quiso proteger a Venezuela de esa jauría de hipócritas, mezquinos y traidores de la Elite colombiana encabezados por Santander.

Bolívar soñaba con la Gran Colombia unida como una gran nación capaz de enfrentar a España y las demás amenazas externas como los Estados Unidos, Francia e Inglaterra pero había una gran diferencia por cuanto que los primeros invasores que llegaron a estas tierras fueron los españoles, y ellos la convirtieron en una suerte de colonia con todos los defectos de la ignorancia, la pobreza o escasa mentalidad progresista, diferente a la mentalidad de los invasores (ingleses) que llegaron al norte, es decir, a lo que ahora son los Estados Unidos de Norte América.

Así como Miranda también soñó con la unión de la América pero desde el Missisipi hasta la Patagonia.

Pero, hoy que ya han pasado dos siglos de esa visión, aun es imposible la unión y solo se está intentando una integración, porque la unión es imposible, ahora que incluso con los adelantes modernos de la ciencia y la tecnología de la época es mas fácil. Hagan ustedes una proyección desde esa época a la actual y se podrán imaginar como estaríamos nosotros actualmente si el sueño de Bolívar se hubiera materializado.

No es justo que se le tilde de traidor a un hombre que lucho y expuso su vida por la defensa de su pueblo; algún merito debe tener eso. Por favor señor presidente (la supuesta traición de Páez) esa es una interpretación de unos muy pocos historiadores nuestros, fanáticos de bolívar, no se deje llevar por los historiadores que se contentan solo con las fuentes oficiales, y prescinden del estudio pormenorizado de aquellos años, en que la mayor parte de la población de Venezuela vivía en los montes como las tribus aborígenes; en que los llaneros y no llaneros, realistas, retirados de Carabobo en número de más de cuatro mil y unidos a los patriotas que habían sido licenciados, andaban en caravanas robando y asesinando como en sus mejores tiempos; y los oficiales patriotas envalentonados con sus laureles, se creían dueños y señores de vidas y haciendas, al punto que Aramendi —por ejemplo— llegó a convertirse en un azote de las poblaciones del llano y hubieron al fin que cazarle como a un tigre; en que las sublevaciones de la gente de color se sucedían a diario en todo el país; y en Cumaná, Barcelona, Guayana, Barinas y aún en las cercanías del mismo Caracas, se repetía el grito pavoroso de 1814: ¡Viva el rey! ¡Mueran los blancos!.

¿Cuál era el papel que, en un medio social semejante, podían representar la Constitución del Rosario de Cúcuta y las leyes sancionadas por el Congreso?, además, los detalles, los hechos menudos, les petits faits, que tanto desdeñaban los historiadores retardados, constituyen la trama de multitud de sucesos, que hasta hoy no han podido explicársenos.

La miseria llegó a ser espantosa. Bolívar, que todo lo poetizaba, decía a Sucre desde Caracas el 10 de febrero de 1827: «Es verdad que hemos ahogado en su nacimiento la guerra civil; más la miseria nos espanta, pues no puede usted imaginarse la pobreza que aflige a este país. Caracas llena de gloria, perece por su misma gloria, y representa muy a lo vivo lo que se piensa de la Libertad, que se ve sentada sobre ruinas. Venezuela toda ofrece ese hermoso pero triste espectáculo. Cumaná está tranquila, pero como el resto de Venezuela, gime en la más espontánea miseria».

«El comercio estaba paralizado; los giros suspendidos; nada se compraba o se vendía por mayor; los detalles eran limitadísimos; las aduanas nada producían, porque eran muy raras las entradas de buques; nada se recaudaba por la contribución directa y los deudores se aprovechaban del desorden y alegaban las dificultades para vender los frutos así como su abatido precio» .

En 1828 el General Briceño Méndez, Intendente entonces del Departamento de Venezuela, dice: «El gran mal que tenemos aquí es la miseria. No puede describirse el estado del país. Nadie tiene nada y poco ha faltado para que el hambre se haya convertido en peste».

El Doctor Álamo, Jefe de la Alta Policía, escribía al Libertador por los mismos años: «Continúa cada vez más la miseria en Caracas, de un modo que no alcanza la ponderación; basta decirle que hasta sus amigos (los de Bolívar), los más previsivos, están sin medio; ningún fruto vale y a ningún precio se compra... nuestros artesanos, con sus discípulos y oficiales, se han abandonado al ocio y aún a las maldades, en términos que los presidios y las cárceles están llenos de hombres que hemos conocido en otro tiempo de una conducta regular y laboriosa. Esto da horror, mi General; de noche se encuentra por las calles porción de mujeres cambiando silletas, mesas, cajas y demás muebles por comida, y casi no se enciende lumbre en Caracas.

Desde Coro dijo el General Urdaneta: «Parece como si se quiere saquear la República para abandonarla después. Cada día me convenzo más por lo que veo y oigo en el país, que la hermosa organización de la República lo ha convertido en otra gran Sierra Morena. No hay más que bandoleros en ella.- ¡¡Esto es un horror!! y lo peor de todo es, que como un mártir, voy a batirme por la santidad de las leyes .

«Cada vez se va haciendo más profundo el abismo en que nos hallamos —decía Bolívar a Páez el 20 de marzo—. En Cumaná y Barcelona continúan las insurrecciones. Tres o cuatro cantones de aquellas Provincias se han puesto en armas contra sus jefes. El General Rojas (Andrés) me da parte de todo esto, aconsejando al mismo tiempo tome providencias muy enérgicas y muy resueltas».

El decreto de 8 de marzo de 1827 reglamentando la Hacienda Pública, dictado por el Libertador, castigaba con la pena de muerte a los defraudadores de las rentas del Estado: «por pequeña que fuese la cantidad sustraída». El Libertador, había creído también que el mal no estaba sino en la falta de cumplimiento de las leyes, o en su lenidad.

El peligro era inmenso, porque aquel pueblo no se asemejaba por ningún respecto a las indiadas sumisas de la Nueva Granada, del Ecuador, del Perú y de Bolivia. Nuestros mismos indígenas ya escasos para la época, conservaban las virtudes guerreras que hicieron de la conquista de la Tierra Firme la más sangrienta de la América.

Y a tiempo que su prestigio decaía y se iban haciendo por todas partes los elementos reaccionarios que debían producir la disolución de la Gran Colombia, al General José Antonio Páez, se le presentaba como el representante legítimo del pueblo de Venezuela, como el Jefe nato de las grandes mayorías populares -valiéndose de la jerga de nuestros jacobinos- como el representativo de su pueblo, como el genuino exponente del medio social profundamente transformado por la revolución y más aún por la fuerte preponderancia del llaneraje semibárbaro.

Desde su señorío de Apure le escribía al Libertador en 1827: «Aquí no se me ha dado a reconocer ni como Comandante General, y si se me obedece es más por costumbre y conformidad que porque yo esté facultado para mandar; es porque estos habitantes me consultan como protector de la República, pidiéndome curas y composiciones de Iglesias; como abogado, para que decida sus pleitos; como militar, para reclamar sus haberes, sueldos, despachos y grados; como Jefe, para que les administre justicia; como amigo, para que los socorra en sus necesidades, y hasta los esclavos a quienes se dio libertad en tiempos pasados y que algunos amos imprudentes reclaman, se quejan a mí, y sólo aguardan mi decisión para continuar en la esclavitud o llamarse libres» .

¿De cuál Constitución republicana y democrática podían emanar tan amplias atribuciones gubernativas?

Para 1826 el Libertador había ya representado su papel. El no era ni podía ser el hombre representativo en ninguna de las nacionalidades que después del triunfo de la Independencia comenzaban su trabajo de organización interna. Demasiado grande, su figura no cabía en los estrechos moldes de ninguna de aquellas democracias incipientes. Su grandeza misma lo hacía sospechoso para la democracia triunfante, de aspiraciones monárquicas; porque vivo aún el respeto supersticioso por la realeza se pensaba que sólo una corona podía ceñir aquella cabeza prodigiosa.

La lucha entre Bolívar y Páez, «el corifeo de la gente colorada» —como le llamó Peñalver—, habría desatado de nuevo sobre Venezuela la lucha de castas, la guerra de colores que no sólo estaba aún latente, sino que hacía explosiones parciales en todo el país. Las palabras del Libertador en aquellos días, y que tan profundo desagrado debían causar en el Vice-Presidente Santander, para quien las leyes fueron siempre el mejor auxilio de sus pasiones y de su descabellada rivalidad, tienen, examinadas desde el punto de vista venezolano, que era el único justo y verdadero, una inmensa significación: «El General Páez ha salvado la República». «El General Páez es el primer hombre de Venezuela».

Pero por fortuna para la Patria adolescente, el General Páez llegó a ser un verdadero Hombre de Estado. Concepto éste que considerarán extraño aquéllos que se figuran aún que la ciencia de gobernar se aprende en los libros y no se dan cuenta de las enseñanzas positivas de la Historia. Se nace hombre de gobierno, como se nace poeta.

Cuando se lee con criterio desprevenido la vida de Páez; se recuerda su origen humilde, su falta absoluta de instrucción, el género de guerra que le tocó hacer y en la cual se destaca más como un jefe de nómadas, como un conductor de caravanas , que como un Comandante militar en el rígido concepto del vocablo, su actuación en el gobierno regular del país en medio de aquel desorden orgánico, de aquella espantosa anarquía creada por la guerra y acentuada por el desbarajuste político y administrativo de la Gran Colombia, es digna de los mayores encomios, y parecería un hecho singular si la historia no presentara a cada paso ejemplos semejantes

El General José Antonio Páez, que apenas sabía leer en 1818, «y hasta que los ingleses llegaron a los llanos no conocía el uso del tenedor y del cuchillo, tan tosca y falta de cultura había sido su educación anterior» apenas comenzó a rozarse con los oficiales de la Legión Británica, imitó sus modales, costumbres y traje y en todo se conducía como ellos hasta donde se lo permitían los hábitos de su primera educación» . Y este rudo llanero, colocado a la cabeza del movimiento separatista de Venezuela, con los escasos elementos cultos que se habían salvado de la guerra y con los muy contados que volvían de la emigración, tuvo el talento, el patriotismo y la elevación de carácter suficiente, no para «someterse a la constitución» —como han dicho sus idólatras—, porque sus amplias facultades no emanaban de preceptos constitucionales, sino para proteger con su autoridad personal el establecimiento de un gobierno regular, que fue para aquella época el más ordenado, el más civilizador y el de mayor crédito que tuvo la América recién emancipada. e, instintivamente, dando así los más sólidos fundamentos a su preponderancia política.

Los tiempos pasan y ahora podrá comprender que la “Unión” de la Gran Colombia era una visión, un sueño por lo imposible que era materializar la unión en esa época.

Debido a tensiones regionales no alcanzó a durar la unión política de los territorios del antiguo Virreinato.

“Quieren mi patria para ellos. Nosotros para nosotros”.

José Antonio Páez quizás es, después de Bolívar, la figura más notable del proceso histórico de la Independencia. Contribuye a ello no sólo su participación en la contienda como el guerrero que pudo incorporar decisoria fuerza llanera a las filas patriotas sino también el hecho de convertirse, como primer Presidente de la República de Venezuela al suscitarse el desmembramiento de la Gran Colombia, en el dirigente político y el estadista civilista del nuevo Estado.

Esa asombrosa transformación de jefe militar a líder político y administrativo corre parejo en Páez en su evolución de hombre rudo y de poca instrucción a hombre culto y sensible, capaz de librar en la Presidencia las batallas civilistas de un experimentado conductor de una Nación en proceso formativo. He allí la dimensión existencial de Páez, dimensión difícilmente equiparable en el devenir histórico de América.

La figura de José Antonio Páez, que la nomenclatura epicificante de la historia oficial ha bautizado con la pintoresca frase cultural de León de Payara, suele ser vista a la luz de lo que, tanto para detractores como para apologistas, parece representar: el símbolo o la quintaesencia de lo llanero.

"El primer jinete de Sur América y el más perfecto llanero de la república" le llamó su hijo Ramón.

Entre 1810 y 1821 el llanero se convierte en héroe. Su valentía y decidido patriotismo lo convirtieron en el máximo representante de los llaneros, que le llamaban taita (‘padre’).

También se ganó el apodo de "El Centauro de los Llanos”. Era el caudillo de a caballo y lanza, el General que espantó en el Apure, y fue ascendido a General en Jefe en el campo de batalla "por su extraordinario valor y virtudes militares".

Depositada, pues, en el caudillo llanero, ahora líder nacional, toda la materia legendaria acumulada durante los años en que las hazañas eran, según se nos dice, acontecimientos casi de todos los días, parece lógico que el camino quedara despejado para que en la mentalidad popular las fronteras regionales llaneras se confundieran, merced a una prodigiosa expansión, con las del país naciente.

Cuando Páez asume oficialmente el poder; éste ya va a dejar de representar los intereses llaneros, es decir, se convierte en un caudillo nacional. Todo esto es comprensible, y Bolívar ya no estaba. Bolívar sabía y no lo ocultaba: "Todos sabemos que la reunión de la Nueva Granada y Venezuela existe ligada únicamente por mi autoridad, la cual debe faltar ahora o luego, cuando quiera la Providencia, o los hombres".

Páez fue militar y mandatario de talento, cuyos logros en su educación autodidacta en las artes y las ciencias también merecen admiración. Agustín Codazzi, el botánico y geógrafo italiano, le instruyó en la botánica y en las ciencias relacionadas. En el patio de su casa en Valencia, al lado de la tradicional mata de granado, se encuentra una rosa creada por Páez bajo la dirección de Codazzi llamada la Rosa Páez. Estudió idiomas, y con su amante, Barbarita, estudió música. Páez conoció a Barbarita Nieves después de la Batalla de Carabobo, cuando ella tenía dieciocho años. Pasaron juntos los siguientes 26 años y Páez estuvo a su lado cuando murió en Maracay a los 44 años.

José Antonio Páez es la figura de mayor relieve, caudillo popular y hombre imprescindible a partir de 1821. Pero hasta el 25 de noviembre de 1829 es un subalterno militar y político. Ese día deja de serlo, para gobernar a Venezuela, como Jefe Supremo.

Hacía contraste esta admirable conducta de nuestro rudo llanero, con la del ilustrado General Francisco de Pauta Santander, El Hombre de las Leyes, quien, para la misma época, ejercía la Presidencia de la Nueva Granada (hoy República de Colombia). Mientras que el primero interponía su poderosa influencia para contener los odios y atraer a sus antiguos adversarios, el General Santander arrastrado por sus pasiones políticas, perseguía y fusilaba sin piedad a sus enemigos. «No hubo perdón ni para las mujeres». A la antigua mujer mas querida de Bolívar, doña Manuelita Sáenz, sindicada de recibir en su casa a los conspiradores, la destierra para el Ecuador, vengando así antiguos rencores. Bien entendido que el gran talento de estadista del General Santander no produjo ningún beneficio de trascendencia al progreso moral y material de su país.

El General Páez dice de nuestros llaneros: « Distantes de las ciudades oían hablar de ellas como lugares de difícil acceso, pues estaban situadas más allá del horizonte que alcanzaban con su vista. Jamás llegaba a sus oídos el tañido de la campana que recuerda los deberes religiosos, y vivían y morían como hombres a quienes no cupo otro destino que luchar con los elementos y las fieras».

Es de admirar lo logrado por el “taita Páez”, que a pesar de su origen humilde, de escasa formación educativa y epiléptico (él lo llamaba, ataques de emoción) llegara donde llegó; además de guerrero y Presidente fue amante de la música (instrumentista, cantante, compositor) y del Teatro (en su casona valenciana interpretaron obras como Hamlet), hablar otras lenguas y desarrollar una cultura general propia de un hombre del siglo XIX, cuando muchos de sus compatriotas pensaban como ilustrados del siglo XVIII.

Este hombre será digno de admiración para todas las generaciones futuras de venezolanos, que lo ubican en su justa y objetiva manifestación de la historia chica y grande, sobre todo en el imaginario colectivo y en la sabiduría popular que lo ven como hombre, hijo del pueblo e inculto, en contraposición con aquellos que nacieron en cuna de oro.

Venezuela, país igualitario, grande y generoso, ama a sus hijos a pesar de sus errores que en definitiva pesan menos que sus virtudes.

El 18 de agosto de 1849 el ex-Presidente cae preso en Valencia, de donde le traslada el "monagato" gobernante, ▬la terrible dinastía de la familia Monagas▬ a La Guaira para enviarlo a la cárcel del Castillo de San Antonio, en Cumaná. No saldrá de ese encierro hasta el 24 de mayo de 1850, gracias a las diligencias que ante el Presidente José Tadeo Monagas hizo personalmente doña Dominga Ortiz, la olvidada esposa.

Tres exilios estaban en el destino político de Páez. El primero entre el 10 de marzo de 1848 y el 2 de julio de 1849, a Nueva Granada, San Thomas y Curazao; el segundo entre el 24 de mayo de 1850 y el 19 de diciembre de 1859, de nuevo por San Thomas y luego a Filadelfia, Nueva York, México, Europa; y el tercero y final desde 1863, inmediatamente después del triunfo de la Federación, ya sin regreso, fija residencia en Nueva York, pero viaja a la Argentina y Uruguay (1868), Bolivia (1870), Perú y Colombia (1872). Había ejercido el último poder como Dictador desde el 10 de septiembre de 1861 hasta el 15 de julio de 1863. Los huesos del ilustre desterrado no vendrán sino en 1888 y allí están, en el Panteón Nacional no en Achaguas ni en parte alguna de Los Llanos.

Tanto Argentina como el Perú le pasaron pensiones "en agradecimiento por los grandes servicios prestados a la causa de la Independencia de América Latina", que se sumaron a la remesa pagada por Venezuela.

Aunque no disponía de fondos abundantes, existen innumerables cartas de puño y letra del General, donde se aprecia su condición económica en los EEUU, la cual no fue muy buena durante el largo exilio que le correspondió vivir. Páez gozaba de grana estimación dondequiera que se encontraba. Encabezó el desfile del aniversario de la independencia norteamericana, el 4 de julio, con el general Grant como su edecán. El Rey Luís II de Baviera, quien conoció sus hazañas, le guió personalmente cuando visitó el Museo Real de Munich, y asistió al bautizo del hijo de Napoleón III y de la Emperatriz Eugenia, vestido con el uniforme de Mariscal de Francia encargado por el Emperador cuando supo que Páez no tenía nada apropiado que ponerse.

Pero el caudillo tiene larga vida. Morirá en Nueva York el 6 de mayo de 1873. Páez muere en Nueva York, abatido por la más extrema pobreza Y tiene, así, accidentadas peripecias. En las últimas páginas de sus Memorias él escribe: “Yo, José Antonio Páez, de los Libertadores de Venezuela, nacido en Curpa, Provincia de Barinas (...) Declaro, que hubiese preferido morir en un Campo de Batalla”.

Vivió José Antonio Páez más de la cuenta: héroe, caudillo, Presidente, Dictador, cárceles, exilios, glorias, triunfos y derrotas, pasión venezolana del siglo XIX y de este tiempo, porque aun sigue su nombre en la brasa histórica del pueblo.

Miranda, Bolívar y Páez desterrados los tres paladines de la historia solo volvieron a Venezuela después de muertos. Los tres venezolanos y fallecidos en diferentes circunstancias, Bolívar el 17 de diciembre de 1830, en Santa Marta, Colombia; Francisco de Miranda en la cárcel de la Carraca, en Cádiz, en 1816; Páez en Nueva York el 6 de mayo de 1873.

Antonio José de Sucre, asesinado en Berruecos, Nueva Granada (actual Colombia), el 4 de junio de 1830.

Todos (excepto Sucre) tuvieron rabo de paja, Bolívar mas que muchos otros. Pero si nosotros nos trasladamos al momento histórico que ellos vivieron nos daremos cuenta que todos tuvieron razón, sus actuaciones fueron apegadas al momento que vivían

Rafael Urdaneta también muere fuera de Venezuela; muere en París el 23 de agosto de 1845 cuando tenía 56 años de edad", un cálculo vesical, que hoy se conserva en el Museo Histórico R. Urdaneta, le causa la muerte

Los restos de Bolívar fueron inhumados solemnemente en la catedral de Santa Marta, y trasladados en 1842 a la catedral de Caracas, en un acto encabezado por el general Páez. Luego, en el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, fueron depositados en el Panteón Nacional.

En todo caso, fue José Antonio Páez quien ordenó traer los restos de Simón Bolívar decretando los honores correspondientes como Libertador y Padre de la Patria en 1842, depositándolos en la Catedral de Caracas y luego el 28 de octubre de 1876 fueron inhumados en el Panteón Nacional…

sábado, 15 de mayo de 2010

MANUELA SÁENZ


Manuela Sáenz de Thorne Quito, Ecuador; 27 de diciembre de 1797 - † Paita, Perú; 23 de noviembre de 1856.
Patriota ecuatoriana (Quito 1793 - Paita, Perú, 1859). Esposa del doctor J. Thorne (1817), se convirtió en la amante de Bolívar (1822), al que acompañó en todas sus campañas y al que, en una ocasión, salvó la vida (1828), lo que le valió el apelativo de ‘libertadora del libertador’. Su presencia al lado del Libertador, durante los años cruciales de la gesta emancipadora, marcaría indeleblemente numerosos acontecimientos en los albores de la vida republicana. Siguió el curso cronológico de los principales sucesos políticos y militares de los que fue testigo o protagonista: el encuentro de Bolívar y San Martín en Guayaquil, las batallas de Pichincha y Ayacucho, el conflicto entre el Libertador y Santander, la rebelión de Córdova, la disolución de la Gran Colombia, etc. A la muerte de Bolívar, en 1830, fue desterrada a Perú.
Amante de Simón Bolívar, fue reconocida por él mismo (25.9.1828) como "Libertadora del Libertador". Fueron sus padres Simón Sáenz Vergara, español, y María Joaquina Aizpuru, ecuatoriana. Su infancia transcurrió en Quito, donde rápidamente se hicieron sentir los ideales de los movimientos independentistas, organizándose grupos revolucionarios. En tal sentido, Manuela y su madre se identificaron con la gesta emancipadora; no así su padre quien permaneció fiel a la Corona española, por lo que fue hecho preso al estallar dicho movimiento, aunque posteriormente recuperó su libertad al ser sofocado en 1810. Debido a su apoyo al proceso de independencia americano, Manuelita fue internada en el convento de Santa Catalina donde aprendió a leer, escribir y rezar. Según una leyenda que circuló por mucho tiempo, siendo muy joven fue raptada del convento por un oficial de nombre Fausto D'Elhuyar; lo cual no obstante ha sido desmentido por la historiografía.
En 1817 contrajo matrimonio con Jaime Thorne, comerciante inglés, rico y mucho mayor que ella; trasladándose con él a vivir a Lima (Perú) entre 1819 y 1820. A pesar de ser éste un país donde el sentimiento independentista no se había manifestado, en poco tiempo el prestigio de Simón Bolívar y su triunfo en la liberación de la Nueva Granada (1819) le gana entusiasmados adeptos a su causa, entre ellos Manuela Sáenz, quien se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa (1820); y que al declararse la independencia del Perú (1821) se confiesa admiradora de José de San Martín. Los servicios de Manuela a la causa de emancipación fueron reconocidos al otorgársele, en 1822, la condecoración llamada "Caballeresa del Sol", consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles".
Luego de separarse de su marido, en 1822 viaja a Quito acompañada de su padre para visitar a su madre; conociendo en este lugar a Bolívar, cuando éste hizo su entrada triunfal a dicha ciudad el 16 de junio de 1822. En Quito surge un estrecho vínculo afectivo entre Bolívar y Manuela, derivado de sus conversaciones y coincidencias acerca de la campaña libertadora. Ella no sólo concibe idealmente la independencia latinoamericana, sino que toma parte activa en la guerra: monta a caballo, maneja las armas, es capaz de sofocar un motín en la plaza de Quito. En 1823 Bolívar parte al Perú donde se le une semanas más tarde Manuelita, quien lo acompaña durante la campaña libertadora de dicha nación, permaneciendo en su cuartel general algunas veces, o en Lima y en Trujillo en otras ocasiones. De los momentos en que estuvieron alejados, se han conservado algunas de las cartas de amor que el Libertador le escribió expresándole cuanto la extrañaba, tal como la siguiente epístola del 20 de abril de 1825 en la que le dice: "Mi bella y buena Manuela: Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; por que te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro¡¡¡ Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo".
Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y luego cuando Bolívar regresa del Alto Perú (Bolivia) a partir de febrero de 1826, reside con él en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, Manuela permanece en Lima, donde persiste en la defensa del ideario bolivariano después de la reacción contra el Libertador en enero de 1827, por lo que es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827), dirigiéndose a Quito y luego a Bogotá, donde se establece en 1828. Al enterarse Bolívar de la situación de Manuelita, la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. Para este tiempo se hacen manifiestas las intrigas contra la autoridad de Bolívar, que llevan a Pedro Carujo entre otros, el 25 de septiembre de 1828, a intentar asesinarlo, conspiración fallida gracias a la rapidez con que Manuela hizo huir a Bolívar por una ventana del Palacio de Gobierno; es a partir de este acontecimiento que se le llama Libertadora del Libertador, calificativo que le dio el propio Bolívar. En 1830, encontrándose en Guadas (Colombia) se entera de la muerte de Bolívar, por lo que se traslada de inmediato a Bogotá donde manifiesta públicamente de palabra y por la imprenta su adhesión a los ideales del Libertador. Perseguida por el gobierno que sucedió en abril de 1831 al general Rafael Urdaneta en Bogotá, finalmente es expulsada por considerársele conspiradora.
Encontrándose en Kingston (Jamaica), donde pasa un año, escribe al general Juan José Flores, entonces presidente del Ecuador, quien le envía un salvoconducto y así intenta regresar a su país; pero en Guaranda (Ecuador) en octubre de 1835, es informada que no puede entrar a Quito, pues sus credenciales no son válidas al perder Flores el poder. Asimismo, sus bienes fueron confiscados en Colombia. Ante estas circunstancias se instala en Paita, al norte del Perú, donde por necesidad económica abre un comercio relacionado con la producción de tabacos. En 1847 su marido es asesinado en Pativilca. Durante esta última etapa de su vida, fue visitada en el puerto de Paita por personajes tales como Herman Melville (autor de Moby Dick), Simón Rodríguez y Giuseppe Garibaldi (patriota italiano). En 1856, contrae difteria, enfermedad que acaba con su vida; su cadáver fue incinerado a fin de evitar contagio en la población, lo mismo que sus pertenencias, entre ellas gran parte de la correspondencia de Bolívar para ella, que guardaba celosamente. En agosto de 1988, fue localizado el lugar donde se encontraban los restos de Manuela Sáenz en el cementerio de aquella población. La identificación fue posible gracias a que se encontró la réplica de la cruz que siempre portaba la cual la identificaba como la compañera del Libertador.
Manuela Sáenz combatió en la Batalla de Pichincha a su regreso del Perú y recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador; posteriormente combatió en la Batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del Mariscal Antonio José de Sucre, quien le sugirió a Bolívar su ascenso a Coronela, rango que le fue concedido. El 22 de mayo de 2007, en el marco de la conmemoración de la Batalla de Pichincha el Presidente de Ecuador Rafael Correa le concedió a Sáenz el grado de Generala de Honor de la República de Ecuador.

PRESIDENTES DE VENEZUELA

Cristóbal Mendoza (Nace en Trujillo el 23 de junio de 1772 y muere en Caracas el 08 de febrero de 1811- Año en que presidió: 1811).
Fueron sus padres Luis Bernardo Hurtado de Mendoza y Gertrudis Eulalia Montilla. Durante su infancia recibió una excelente educación en su ciudad natal. A los 16 años marcha a Caracas para estudiar en la Universidad, donde cursa el bachillerato en artes (filosofía) hasta 1791, y luego alcanza los grados de licenciado y maestro (1793). Posteriormente, viaja a la isla de Santo Domingo, donde en 1794 obtiene el título en doctor en derecho civil y canónico. De regreso en Venezuela, vuelve a su ciudad natal, donde trabaja en el bufete del abogado Antonio Nicolás Briceño. Luego pasa a Mérida, donde practica la abogacía con los letrados Juan Marimón y Henríquez e Hipólito Elías González en 1795; ese mismo año, por corto tiempo, ejerce la docencia como profesor en filosofía en el colegio seminario de San Buenaventura de Mérida. En 826, Mendoza y Yánez inician la edición de la primera obra histórica de gran envergadura para el estudio de Bolívar y su época, titulada Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, la cual llegó a tener 22 tomos.
En 1826, fue nombrado intendente del Departamento de Venezuela por el Vicepresidente Francisco de Paula Santander desde Bogotá, hecho que casi coincidió con el estallido en Valencia de la Cosiata.
Apenas posesionado intentó sin éxito evitar que Caracas se uniera a la rebelión separatista iniciada en Valencia. Poco después, el General José Antonio Páez le ordenó salir del país, lo cual hizo el 27 de noviembre de ese año, dirigiéndose a la isla de Saint Thomas.

Francisco Espejo (Nace en Siquire, Estado Miranda el 16 de abril de 1758 y muere en Valencia, Estado Carabobo el 15 de julio de 1814. Año en que presidió: 1812).
Hombre de leyes, se destacó por luchar activamente a favor de la causa republicana. Su nombre completo era Francisco Silvestre Espejo Caamaño. Fueron sus adres Francisco Espejo y Bárbara Caamaño y Bermúdez. Los estudios primarios los realizó en Santa Lucía (Edo. Miranda), obteniendo luego el grado de bachiller en artes en la Real y Pontificia Universidad de Caracas en 1775 y el de bachiller en derecho civil el 30 de abril de 1781 en la misma universidad. Francisco Espejo figura como uno de los fundadores del Colegio de Abogados de Caracas y tesorero de su primera Junta Directiva el 17 de agosto de 1788; siendo posteriormente electo decano de dicho cuerpo colegiado; correspondiéndole como tal presidir la sesión solemne de su instalación definitiva en 1792. El 11 de julio de 1811 le correspondió actuar como juez sentenciador de los implicados en la fracasada contrarrevolución llevada a cabo por isleños; el 25 de noviembre fue comisionado por el Primer Congreso Nacional como gobernador de Barcelona donde redactó su reglamento electoral y el proyecto de Constitución de esa provincia. El 21 de marzo de 1812, a su regreso a Caracas, fue electo miembro del Poder Ejecutivo y como integrante del Segundo Triunvirato, llegó a ejercer la Presidencia de la República, cargo en el que se mantuvo hasta el 25 de julio de 1812, fecha de la capitulación de Francisco de Miranda.
El 14 de agosto de 1812, fue detenido en La Victoria. José Tomás Boves, el jefe español ordenó el fusilamiento de Francisco Espejo en la plaza mayor de Valencia, el 15 de julio de 1814.

Simón Bolívar: (Nace en Caracas-Venezuela, el 24 de julio de 1783 y muere en Santa Marta-Colombia, el 17 de diciembre de 1830. Año en que presidió y origen de mando: 1819 triunfo militar, 1826 reasume el mando dejado en 1819, 1830 renuncia.). (Escribir sobre Bolívar en unas líneas es muy difícil por ello, dedicaré otro segmento en especial al padre de la Patria)
Quedó huérfano de padre a los 3 años y a los 9 de madre. Se educó en Madrid bajo la tutela de sus tíos; recibió la orientación de don Simón Rodríguez, don Andrés Bello y los sacerdotes Andujar y Negret. Se casó a los 19 años con María Teresa Rodríguez y Alaiza, pero después de 8 meses de matrimonio ella muere.
Escribió el Manifiesto de Cartagena, en 1813 decreta la guerra a muerte a los españoles, ocupa Caracas y fue proclamado Libertador. Escribió la Carta de Jamaica; viaja a Haití donde declaró la libertad de partes y emprendió dos expediciones a los Cayos. En 1818 dirigió las campañas de Orinoco y Guárico y anunció campaña sobre la Nueva Granada. En 1819 convocó el Congreso de Angostura y emprendió la campaña libertadora venciendo en Paya, Gámeza y Tópaga, Pantano de Vargas y Boyacá. Primer Presidente de la Nueva Granada, viaja a Angostura donde preside el Congreso que creó la República de Colombia (Gran Colombia).
En Carabobo dio libertad definitiva a Venezuela, en Bomboná y Pichincha a Ecuador (1822), en 1824 organiza la campaña del Perú venciendo en Junín y derrota definitivamente a España en Ayacucho el 9 de diciembre. Desde los mismos comienzos de la guerra ya había experimentado el desafecto, la oposición a su genio, la obstrucción a sus apetencias y visiones.
En marzo de 1830 cansado de tanta incomprensión y la salud que se le reducía por instantes, entrega el mando al general granadino Domingo Caicedo y el 27 de abril presenta su renuncia. El 9 de diciembre de 1830 en Santa Marta dicta su testamento político, y muere en Santa Marta. Colombia el 17 de diciembre de 1830.

José Antonio Páez: (Nace en Curpa el 13 de junio de 1790 y muere en 1873. Origen y año de mandó: 1830-1835; 1839-1843; 1861-1863).
Hijo de Juan Victoria de Páez y de María Violante Herrera. Recibió muy elemental educación, y de apenas diecisiete años de edad, habiendo cometido un hecho delictuoso en defensa propia cerca de Yaritagua, hubo de refugiarse en Barinas, donde sirvió como peón en el famoso hato de La Calzada. La Revolución de 1810, le encontró en este destino, y como su patrón, Don Manuel Antonio Pulido, fuera nombrado Gobernado de Barinas, le incorporó a sus filas.
Vuelto Pulido a Barinas, Páez se reintegró a las tropas patriotas, mereciendo de este Jefe el nombramiento de Capitán de Milicias de Infantería. El Libertador le ascendió a General de División el 20 de enero de 1819. Con el cargo de Jefe de la Circunscripción Militar del Centro quedó en Valencia, y desde allí activó en los años siguientes la rendición de Puerto Cabello, que tuvo lugar el 8 de noviembre de 1823. En 1826 era Jefe Civil y Militar de Venezuela. Reconstituida Venezuela en 1830, y sancionado el pacto político de la nueva república, Páez fue elegido su primer presidente del 1831 al 1835. Le sucedió en la alta magistratura el Dr. José María Vargas, quien fue derrocado por un golpe de cuartel, dado el 8 de julio de 1835, por los reformistas. De 1839 a 1843 ejerció por segunda vez la Presidencia Constitucional de Venezuela. Señaló su actuación con un hecho de gran justicia como fue el traslado de los restos sagrados del Libertador en 1842, desde Santa Marta, donde dormían desde 1830, hasta caracas, su ciudad natal. La Dictadura, le dio el título de Jefe Supremo de la República el 10 de septiembre de 1861, hasta junio 1863.

José María Vargas: (Nace en La Guaira, el 10 de marzo de 1786 y muere en Nueva York el 13 de julio de 1854. Año de mando: 1835-1836).
Médico cirujano, científico, catedrático y rector de la Universidad de Caracas, político, escritor y presidente de Venezuela, Hijo de José Antonio Vargas Machuca y Ana Teresa Ponce. En 1798, ingresó en la Universidad Real y Pontificia de Caracas, donde cursó de 1802 a 1806. Se graduó de bachiller en filosofía el 11 de julio de 1803. Se traslada a Cumaná, donde vive hasta 1812; luego de iniciado el movimiento de la Independencia, Vargas es parte del Supremo Poder Legislativo de Cumaná en 1811. Cuando llegó Francisco Cervériz a Cumana, redujo a prisión a todos los que habían tomado parte en la Legislatura, y Vargas fue enviado a las bóvedas de La Guaira donde permaneció hasta comienzos de 1813 cuando fue libertado. Simultáneamente con sus actividades científicas y educativas, Vargas tomó parte en las actividades políticas, y así lo vemos asistir al Congreso constituyente de 1830, donde desplegó una gran actividad en las comisiones de Trabajo, en las sesiones plenarias y en muchas oportunidades salvó su voto cuando se atacó al Libertador. Fue electo presidente en las elecciones de 1834, voto ratificado por el congreso el 6 de febrero de 1835 y se posesionó de la presidencia el día 9. El 8 de julio siguiente estalló la llamada Revolución de las Reformas que lo depuso del cargo y lo envió exiliado a Saint Thomas. Después de esta experiencia se dedica durante el resto de su vida exclusivamente a la causa de la educación. Asume la presidencia de la Dirección General de Instrucción Pública, la cual ejercerá desde 1839 hasta 1852.

Andrés Narvarte: (Nace en La Guaira en 1871 y muere en Caracas el 31 de marzo de 1853. Año y origen de Mando: 1835; 1836-1837; 1842).
Abogado y político. Vicepresidente de la República. Encargado de la primera magistratura (1835,1836 y 1842). En 1810 se unió a la causa de la revolución de Venezuela. Entre 1813 y 1814 fue Gobernador de la Provincia de Trujillo. En marzo de 1819 se halla en Juan Griego y era intendente de Venezuela. En 1830 fue designado Diputado por Caracas en el Congreso Constituyente de Venezuela. Con motivo de la discusión ese año, en el Congreso del Proyecto de Decreto a favor de quienes participaron contra la vida del presidente de la República, Simón Bolívar el 25 de septiembre de 1828, Narvarte hizo gala de elocuencia cuando dijo que su intervención era rendir culto a la moral política; manifiesto que considera dignos de clemencia a los individuos que tuvieron participación en los sucesos del 25 de septiembre y los individuos y los miembros que lo ejecutaron merecen elogios. En 1832 fue nombrado Secretario de Interior y Justicia. Entre 1833 y 1837 fue Vicepresidente de la República, y con ese carácter, ocupó interinamente la presidencia de Venezuela el 20 de enero de 1835 cuando el General en Jefe José Antonio Páez concluyó su primer período presidencial. El 24 de abril de 1836 se encarga de la primera magistratura de la República esta vez, por renuncia del titular José María Vargas. Lo reemplaza el 20 de enero de 1837, José María Carreño. En mayo de 1842, se encargó de de presidencia de la República, debido a que el General Páez, hubo de trasladarse a sus posesiones agrícolas. Correspondió a Narvarte por hallarse ausente el Vicepresidente de la República Santos Michelena.

Carlos Soublette: 1837-1839
Como consecuencia de la renuncia del presidente José María Vargas, que es aceptada por el Congreso el 24 de abril de 1836, Andrés Narvarte se encarga de la presidencia de la República hasta el 20 de enero de 1837, cuando concluye su período vicepresidencial. Mientras el Colegio Electoral llevaba a cabo las elecciones para escoger al nuevo vicepresidente constitucional, ocupa el cargo interinamente el general José María Carreño, en su carácter de vicepresidente del Consejo de Gobierno. Realizados los escrutinios, Carlos Soublette obtiene la mayoría con 52 votos; el 10 de abril de 1837 regresa de Europa, donde se hallaba de ministro plenipotenciario negociando el Tratado de Independencia de Venezuela, Paz y Amistad con España; al día siguiente, a la edad de 47 años, se juramenta como vicepresidente para el período 1837-1841, y como tal ejerce la presidencia de la República hasta 1839, cuando se cumplía el período de Vargas. Lo acompañan en el gabinete: Ramón Yepes y José Luis Ramos, quienes sirven en la Secretaría de Estado; Santos Michelena en Hacienda y Relaciones Exteriores; la Secretaría de Guerra y Marina la desempeña el coronel Guillermo Smith. El gobierno se inicia bajo una apariencia de paz interior, toda vez que estaban juzgados y desterrados o en prisión los principales comprometidos en la llamada Revolución de las Reformas de 1835-1836. Sin embargo, una de las primeras medidas que el gobierno se ve obligado a tomar es la de levantar un ejército para someter a Francisco Farfán, uno de los indultados por participar en la mencionada revolución y que se había alzado en los llanos de Apure. El Congreso autorizó al Poder Ejecutivo para poner sobre las armas a 2.000 hombres y a llamar al servicio, si fuera necesario, hasta 8.000 milicianos; a la cabeza del ejército fue colocado el general José Antonio Páez, quien disolvió exitosamente la insurrección. A instancias de Soublette, el 22 de mayo de 1837, se decretó una amnistía para todos aquellos reformistas que se encontraban dentro del territorio nacional, estuvieran o no encausados; el 5 de junio del mismo año, se dictó un segundo decreto de indulto incluyendo a los comprometidos en el movimiento de Farfán, pero exceptuando a los cabecillas de dicha insurrección. La actitud de Soublette le ganó la animadversión de algunos de sus mismos partidarios y la de los adeptos al doctor Vargas, quienes se pronunciaban por el mantenimiento de las medidas punitivas severas que se habían dictado con anterioridad. Como resultado, se desató en la prensa un violento debate defendiendo al presidente Soublette o acusándolo de haber violado la Constitución. En 1838, ocurrieron otros alzamientos: el de Juan Cordero y Eduardo Figueroa en Cumaná y con mayores repercusiones, el del coronel Francisco María Farías en Maracaibo y Perijá; vencidos ambos movimientos, se le dictó sentencia de muerte a Farías. Al finalizar el año 1839, se habían ejecutado 6 sentencias de muerte; a 76 individuos se les conmutó la pena máxima por prisión o destierro. La defensa del orden interno, entre 1837 y 1838, se había llevado el 45% del presupuesto. Durante este período continuaron las gestiones diplomáticas entabladas con anterioridad. Existían relaciones diplomáticas entre Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Nueva Granada, Chile; un Tratado de Navegación con Estados Unidos y tratados de amistad y comercio con la Gran Bretaña, Holanda, Francia, Dinamarca y las Ciudades Hanseáticas. En 1837, Soublette nombró a Daniel Florencio O'Leary encargado de Negocios en el Vaticano, en búsqueda del derecho de patronato, no como herencia de España, ni como concesión de la Santa Sede, sino como elemento inherente e inseparable de la nueva soberanía venezolana; la negociación quedó pendiente por las dificultades encontradas. En 1839, el gobierno envió a Alejo Fortique a Londres, con el carácter de comisionado para el arreglo de la deuda grancolombiana. Para 1838, la población estimada de Venezuela oscilaba entre 700.000 y 950.000 h concentrados en las ciudades de Caracas, Valencia, Cumaná, Barcelona, Barquisimeto, Barinas, en los valles de las cordilleras y en el litoral central. El mercado interior era reducido; se calculaba que casi la mitad de los venezolanos vivía marginada de la economía monetaria; no había industrias ni mano de obra especializada; el pueblo, en su mayoría, se ajustaba a una economía de subsistencia, basada en el trueque de bienes y servicios. Si bien ocurrieron algunos cambios a partir de 1830, continuaba la esclavitud institucionalizada y las manumisiones se efectuaban con extrema lentitud por falta de fondos. Por el mismo motivo de falta de dinero, funcionaban colegios nacionales sólo en El Tocuyo, Trujillo, Coro, Guanare y Valencia, en el convento de San Francisco de Caracas, funcionaba el colegio Independencia, bajo la dirección de Feliciano Montenegro y Colón. Estos centros de enseñanza fueron facultados para otorgar grados de bachiller en filosofía. Aparte, continuaban las universidades de Caracas y Mérida.
A la difícil situación interna se sumó, a partir de 1837, la crisis económica que afectó a Estados Unidos; Venezuela estaba ligada a ese país por nexos comerciales, de modo que al declinar la demanda y, por consecuencia, los precios del café y el cacao, principales productos venezolanos destinados al comercio exterior, se quebrantaba igualmente la economía interna. Con el fin de percibir mayores ingresos se decretó, en 1837, la creación de juntas económicas en las capitales de provincia, encargadas de controlar el contrabando y facilitar el cobro de los impuestos. Aumentaron los derechos para los renglones exportables, el impuesto de la sal, así como los impuestos para la fabricación de aguardiente y bajaron, entre el 2 y el 8%, los sueldos de los empleados civiles. Al finalizar el año de 1838, quedaban pendientes los pagos por concepto de sueldos a los empleados públicos y se había solicitado para ello un nuevo empréstito. La crisis económica afectó en 1838 a todos los sectores de la población, pero en especial a los hacendados. Un grupo de éstos, encabezados por el político y escritor Tomás Lander (quien era también hacendado), se reunieron para cruzar ideas y resolvieron fundar un periódico para defender sus intereses que, a su juicio, no eran debidamente atendidos por el gobierno de Soublette; su programa, publicado en el periódico La Bandera Nacional, fue el germen inicial del Partido Liberal, que sólo se estructuraría a partir de agosto de 1840 alrededor de su vocero, El Venezolano. Entre tanto, en las elecciones presidenciales efectuadas a fines de 1838, Páez resultó vencedor y recibió de Soublette el poder el 1 de febrero de 1839. Soublette continuó como vicepresidente hasta 1841, aunque no al frente del Ejecutivo.
1843-1847
Para el cuatrienio de 1843 a 1847 participaron en la contienda electoral para la presidencia de la República Santos Michelena, Diego Bautista Urbaneja y Carlos Soublette. Los liberales apoyaban a Santos Michelena y rechazaban la continuidad de José Antonio Páez (el presidente saliente) y Soublette en el gobierno. El escrutinio favoreció a Soublette, candidato de Páez, con más del 66,66% de los votos. El 28 de enero de 1843, se juramentó en su cargo y formó su gabinete con Juan Manuel Manrique y posteriormente, Francisco Cobos Fuertes en Interior y Justicia; Rafael Urdaneta y después, Francisco Hernáiz ocuparon la Cartera de Guerra y Marina; Francisco Aranda, Juan Manuel Manrique y Pedro de las Casas se sucedieron en la Secretaría de Hacienda y Relaciones Exteriores. La paz interior que reinaba en los comienzos de este período condujo a la reducción del ejército permanente. A cambio, se organizó la milicia, tanto activa como local. Esta última quedó fija en sus respectivas parroquias, de forma que no se paralizaran las actividades agrícolas. El mantenimiento del orden público permitió, a la vez, una mejor distribución del presupuesto nacional. Para el año 1845-1846, el monto asignado al departamento de Guerra y Marina había mermado hasta significar el 23% del presupuesto, mientras que la suma destinada al de Hacienda mejoró, constituyendo el 43% del total. El 15 de abril de 1843, Soublette decretó el cierre de todas las causas en contra de los desterrados por ocurrencias políticas, acontecidas desde 1830 hasta 1836 y autorizó su entrada al país y su reincorporación a la vida nacional. En cuanto a la política exterior, fue en esta etapa cuando terminó oficialmente la situación de distanciamiento con España debida a la Guerra de la Independencia, pues en 1845 se celebró el Tratado de Reconocimiento de la Independencia, Paz y Amistad entre ambos países. No obstante, Venezuela quedó recargada con una deuda de 20.000.000 pesos. En 1844, se invistió a Fermín Toro con el carácter de ministro plenipotenciario, para arreglar la cuestión de límites entre Venezuela y la Nueva Granada (hoy Colombia). Esta gestión se suspendió después de un año de conversaciones, al no llegarse a ningún acuerdo. A pesar de los buenos augurios en materia política, una circunstancia económica dio pie para que se alterara el orden público: en 1842, se había presentado una nueva crisis de mayor duración y consecuencias que la de 1837. La demanda y el valor de las exportaciones bajaron progresivamente a partir de 1843. Las entradas por este concepto, correspondientes al año fiscal 1841-1842, alcanzaron la cifra de 7.399.923 pesos y en 1843-1844, habían descendido a 4.408.890 pesos, es decir en un 40%. La crisis y la economía de cuasi monocultivo (café y cacao como los 2 principales productos de exportación) se conjugaron con las disposiciones mercantiles vigentes que protegían al acreedor. Con la ley del 10 de abril de 1834, también llamada Ley de Libertad de Contratos, el Estado había dejado en manos de las partes contratantes la fijación de los intereses y se garantizaba el pago de los préstamos mediante la subasta de los bienes del deudor. En 1841, se había reformado también la Ley de Espera y Quita que redujo el plazo con que podían contar los deudores morosos. De esta manera, los agricultores que se habían endeudado en época de bonanza, perdieron sus propiedades durante la crisis. El descontento abarcaba también a los artesanos, aunque por otras razones: las manufacturas locales no podían competir con las elaboradas en Europa, pues éstas entraban al país pagando bajos derechos de importación. Con el objeto de resolver la situación de los agricultores arruinados, Francisco Aranda, ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores de Soublette, ideó la creación de un Instituto de Crédito Territorial, el cual contemplaba la facilitación de préstamos a interés, a largo plazo y con créditos al 5%. Existía libertad de prensa y únicamente en la ciudad de Caracas, entre 1844 y 1846, se publicaban 26 órganos periodísticos, de modo que este plan fue discutido a través de los mismos con gran revuelo y agitación. Recibió el apoyo de todos aquellos que esperaban beneficiarse, incluyendo a Antonio Leocadio Guzmán, quien por medio de El Venezolano promovía su candidatura para las elecciones presidenciales que se aproximaban. En 1845, fue presentado el proyecto del Instituto ante el Congreso y, a pesar de la aceptación que tuvo en las cámaras, fue vetado por el Poder Ejecutivo, argumentando que no era apropiado destinar fondos públicos para auxiliar a grupos minoritarios.
Cuando Soublette asumió la presidencia se propuso, como empresa nacional, la libertad de los derechos de exportación y la mejora o construcción de las principales vías de comunicación con el mar, la reducción de los gastos públicos y el pago puntual de las deudas contraídas por el país. El 14 de enero de 1845, se inauguró la carretera de Caracas a La Guaira, vía que redujo considerablemente los fletes y que fue la primera obra de tal naturaleza con que contó la República; también se llevó a cabo la mayor parte de los trabajos de la carretera de Valencia a Puerto Cabello, así como de los caminos para conectar a los llanos de Apure con la provincia de Mérida, además de varias conexiones entre puertos sobre el lago de Maracaibo y pueblos de la región andina. En Guayana, se realizó el trayecto de Upata a Puerto de Tablas y en Cumaná, la vía para unir a Cumanacoa con el puerto de Caño Colorado en el río Guarapiche. Con respecto a la deuda pública interna y externa, se cumplió a cabalidad el pago de los intereses y del capital correspondiente. De manera que en 1845, la primera se hallaba reducida a 192.000 pesos y de la segunda se habían amortizado 5.314.731 de pesos; ambos compromisos se llevaron a cabo con grandes esfuerzos y con ello ganó Venezuela prestigio internacional. En relación con el aspecto educacional, la situación era la siguiente: de 540 parroquias existentes en 1843, 209 contaban con escuelas primarias y en las mismas se educaban 11.969 alumnos. En 1844, de 250.000 jóvenes de uno y otro sexo, 13.000 recibían instrucción. En 1846, bajó el número estudiantes de primaria a 12.905. Aparte de los colegios nacionales que funcionaban con anterioridad, se instituyeron en este tiempo otros en Barcelona, Maracaibo, Cumaná y Guayana. El presupuesto lo aportaba en parte la Administración Pública, en parte los representantes del alumnado.
Para las elecciones de 1846, se postularon para optar a la presidencia de la República Antonio Leocadio Guzmán, José Félix Blanco, Bartolomé Salom y José Tadeo Monagas. Guzmán tenía el respaldo de los artesanos, el de las sociedades liberales que se habían expandido, tanto en Caracas como en ciudades del interior y el de todos los descontentos; pero bastantes hacendados le retiraron el apoyo, pues vieron en él a un alentador de pasiones y a un hombre radical que propugnaba una revolución social. En los meses siguientes a la promulgación de los candidatos, se dan varios estallidos insurreccionales en contra del gobierno y a favor de Guzmán. Sus seguidores, entre ellos Francisco Rangel y Ezequiel Zamora, saquean en Barlovento, los valles del Tuy y Villa de Cura. Procede entonces el Consejo de Gobierno a conceder facultades extraordinarias y nombra a Páez y a José Tadeo Monagas primero y segundo comandantes del Ejército, respectivamente. Restablecido un relativo orden, el candidato liberal es excluido de la lista de electores, se le considera faccioso y se le condena, primero a muerte, luego a cadena perpetua y finalmente, al destierro. En las elecciones de primer grado, ninguno de los demás candidatos propuestos obtiene la mayoría necesaria que exige la Constitución, de modo que el Congreso efectúa una nueva votación donde gana el candidato escogido por Páez y Soublette: José Tadeo Monagas. Soublette entrega el 20 de enero de 1847 la primera magistratura al vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, quien preside interinamente la República hasta el 1 de marzo de 1847 cuando se juramenta Monagas. El régimen de Soublette se caracterizó por la búsqueda de conciliación con el sector militarista (protagonista de las insurrecciones entre 1830 y 1836), como hecho fundamental para la consecución de la estabilidad política. Se destaca en este período el despliegue de una gran actividad periodística, que refleja la libertad de expresión y el relativo respeto a lo derechos ciudadanos que imperaron gracias a Soublette. Destaca también el cuidadoso y honesto manejo de los dineros del Estado, tanto por parte del presidente como de los hombres que lo acompañaron en el gobierno. (Fuente: Enciclopedia Polar).

José Tadeo Monagas: Tamarindo de Amana, Maturín (Edo. Monagas) 28.10.1784 _ Caracas, 18.11.1868
Caudillo militar y político. Presidente de la República (1847-1851 y 1855-1858). Sus padres Francisco José Monagas y Perfecta Burgos Villasana lo bautizaron con el nombre de Judas Tadeo, sin embargo, la costumbre de utilizar tan sólo la inicial del primer nombre para la identificación devino con el tiempo en José Tadeo, nombre con el cual se le conoce. Desde un primer momento, sus padres se encargaron de proporcionarle una educación orientada hacia el apego a la tierra y a las faenas del campo. Inició su carrera militar desempeñando el cargo de alférez de caballería, bajo las órdenes del coronel Manuel Villapol en el ejército patriota del general Santiago Mariño y recibió su bautismo de fuego en el combate de las Bocas del Pao (1813); ese mismo año se distingue en reñidas batallas contra las fuerzas realistas dirigidas por Lorenzo Fernández de la Hoz (18 marzo) y Domingo de Monteverde (25 mayo), ambas libradas en Maturín y se enfrenta, en Cachipo, a José Tomás Boves (11 septiembre). Para 1814, participa en el sitio de La Puerta (3 febrero) y en la batalla de Bocachica (31 marzo), en el encuentro del sitio de Arao (16 abril), en la primera batalla de Carabobo, tras la cual obtiene el grado de coronel (28 mayo), en la sangrienta batalla librada en Aragua de Barcelona (17 agosto), en la batalla de Maturín (14 octubre), en la batalla de Urica (5 diciembre) y en la batalla de Maturín (11 diciembre). En 1815, pelea en la batalla de San Diego de Cabrutica (15 marzo), en el encuentro de las sabanas de Lejarazo (24 marzo), en la batalla de El Palmar (4 abril), en el ataque a la ciudad de Aragua de Barcelona (14 abril), en un amago hacia Angostura (hoy Ciudad Bolívar) capital de la provincia de Guayana (22 junio) y en la batalla del hato del Caraqueño (27 junio). En 1816, participa en la acción del hato del Alacrán (6 septiembre) y en la sangrienta batalla de El Juncal (27 septiembre). En 1817 coopera con el general Simón Bolívar en oriente y, en 1818, participa en la batalla de Calabozo librada contra Pablo Morillo (11 febrero), en la del sitio del Semén (16 marzo) y en la de Ortiz, donde le toca enfrentarse al general Miguel de la Torre (26 marzo). En 1819, pelea en las acciones del hato de La Cantaura (12 junio) y en el ataque de Santa Clara (4 septiembre). En 1820, participa en el ataque a las Trincheras de Quiamare (2 noviembre) contra Chicual Guzmán y para 1821, es ascendido por el Libertador al grado de general de división. En 1822, obtiene el cargo de gobernador civil y militar de Barcelona y comandante del departamento del Orinoco, retirándose luego, a la tranquilidad de las faenas del campo. Casó, en 1823, con Luisa Oriach Ladrón de Guevara, hija de Francisco José Oriach y de María Antonia Ladrón de Guevara. A mediados de 1830, rompe con la rutina de la vida campestre para incorporarse al desarrollo de los acontecimientos que conmueven al país. La reacción antibolivariana que se había desatado amenazaba la estabilidad política y la unidad de la Gran Colombia; ante estas circunstancias, Monagas, oscila indistintamente en movimientos contradictorios de oposición o de apoyo a la integridad de la Gran Colombia. A pesar de haberse mostrado abiertamente dispuesto a defender la aplicación de un sistema federal, participa en la llamada Pacificación de Oriente y en 1831, con el apoyo de su hermano José Gregorio, promueve un movimiento en favor de la reconstitución de la Gran Colombia, auspiciando la adhesión de todas las provincias orientales. Contrariamente a los gestores del movimiento separatista que buscan crear una república de tipo centralista en el antiguo territorio de la capitanía general de Venezuela, Monagas promueve la formación de un « estado de Oriente» que estaría integrado por las provincias de Cumaná, Margarita y Guayana. Propugna la implantación de una confederación, para la cual invita a las demás provincias de Venezuela, así como a las de la antigua Gran Colombia que así lo quisieran, a formar parte de ella. En mayo de 1831, se reúne una junta de 150 vecinos en la ciudad de Barcelona decidiendo: investir provisionalmente con el cargo de gobernador en jefe del Estado de Oriente al general Santiago Mariño y al general José Tadeo Monagas como segundo jefe provisional hasta la instalación del primer congreso que se reuniría posteriormente. El presidente José Antonio Páez logra, sin embargo, evitar que se lleve a cabo este intento separatista; negocia con los hermanos Monagas y logra convencerlos de deponer las armas y someterse; el 23 de junio de 1831 un indulto decretado desde Valle de la Pascua, ofrece las garantías necesarias a los comprometidos en el movimiento; José Tadeo Monagas, por su parte, se retira, una vez más, a la vida privada. Para 1834, se abre el período electoral del cual sale electo José María Vargas; la reacción militar contra el poder civil no se dejó esperar, y nuevamente Monagas se destaca dirigiendo en oriente la insurrección armada que lleva el nombre de Revolución de las Reformas; sofocado militarmente el movimiento, un nuevo indulto, dictado en el cuartel de Pirital (Sabana del Roble) en noviembre de 1835, pone fin a la contienda en el oriente. En 1846, Monagas es postulado como candidato a la presidencia para el período 1847-1851. Contaba con el apoyo y las simpatías de Páez y del presidente saliente Carlos Soublette. Triunfa en las elecciones, y es luego confirmado por el Congreso el 20 de enero de 1847 y toma posesión en Caracas el 1 de marzo. Caracterizado por la ruptura con los grupos conservadores y por la aplicación de una serie de medidas consideradas por sus adversarios como arbitrarias, este primer período presidencial de Monagas (1847-1851) se verá signado por los sucesos del 24 de enero de 1848 que culminan con el asalto al Congreso. Estos hechos determinaron la aclamación de Monagas quien logró someter al Congreso e imponer su poder personal. Al término de su período presidencial (1851) y bajo su tutela, es elegido presidente su hermano José Gregorio (1851-1855). La voluntad de José Tadeo Monagas se pone de manifiesto a lo largo de este nuevo período presidencial y se cristaliza con su reelección para el ejercicio de la primera magistratura en el nuevo período que iría desde 1855 a 1859; esta reelección originó los más variados comentarios y las más contradictorias opiniones; la situación de agitación política que caracterizaba entonces a Venezuela no era sino un reflejo del descontento generalizado que sacudía a todo el país. Los brotes de rebeliones no se hicieron esperar. Ante el alzamiento promovido desde Valencia por el general Julián Castro, Monagas renuncia a la presidencia el 15 de marzo de 1858, se asila en la Legación de Francia en Caracas y parte al exilio pocas semanas después. Tras 6 años (1858-1864) retorna a Venezuela; agrupa a su alrededor los grupos descontentos con la administración del presidente Juan Crisóstomo Falcón, y a pesar de su edad (83 años), le toca encabezar la llamada Revolución Azul que derroca a Manuel Ezequiel Bruzual, sucesor interino de Falcón, y ocupa a Caracas mediante un reñido combate en junio de 1868; el 27 de ese mes, José Tadeo Monagas, en su carácter de general en jefe de los ejércitos de la revolución, dicta un decreto reorganizando la administración ejecutiva general y el 30 dicta un nuevo decreto declarando vigente la Constitución Federal de 1864. Se convocaron elecciones para designar al nuevo presidente de la República, pero el viejo caudillo Monagas, cuya candidatura se veía naturalmente favorecida, no logró ver culminar el proceso eleccionario y murió a los pocos meses de una pulmonía. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 17 de mayo de 1877. (Fuente: Enciclopedia Polar)

José Gregorio Monagas: Aragua de Barcelona (Edo. Anzoátegui) 4.5.1795 _ Maracaibo (Edo. Zulia) 15.7.1858
General de la Independencia; presidente de la República (1851-1855) y libertador de los esclavos. Cuarto hijo del matrimonio constituido por Francisco José Monagas Hernández y María Perfecta Burgos Villasana, criollos ambos. Su padre era ganadero en la región barcelonesa. Con sus otros hermanos varones, entre ellos José Tadeo, el mayor (quien le llevaba 10 años), ayudó a su padre en el manejo de las propiedades ganaderas que poseía o administraba. Así, todos los Monagas fueron excelentes jinetes. Cuando se inició en 1810 la Guerra de Independencia, se alistó como soldado en las fuerzas armadas republicanas, secundando, sobre todo al comienzo, a su hermano primogénito. Participó en la campaña contra los realistas de Guayana (1811-1812), que terminó en fracaso. Cuando el general Santiago Mariño reinició la lucha en el oriente del país a comienzos de 1813, José Gregorio Monagas se unió a su ejército y bajo las órdenes directas del general Manuel Piar, fue de los sitiadores de Maturín (marzo 1813) y participó en las batallas dadas en esa población contra los jefes realistas Lorenzo Fernández de La Hoz (11.4. 1813) y Domingo de Monteverde (25.5.1813), quienes resultaron derrotados. El 11 de septiembre de ese año, peleó a las órdenes de su hermano José Tadeo en el combate de Cachipo, en la región barcelonesa, donde lograron rechazar y hacer retroceder al caudillo realista José Tomás Boves. Hizo, luego, la campaña del Centro, emprendida por el general Mariño en auxilio de Simón Bolívar. José Gregorio Monagas se distinguió en las batallas de Bocachica (31.3.1814), El Arao (16.4.1814) y primera de Carabobo (28.5.1814), todas ellas victoriosas, a las órdenes del general Mariño y luego, a las del Libertador. Había sido ascendido ya para entonces a capitán. Se halló después en la derrota sufrida por los patriotas en la batalla de La Puerta (15.6.1814) y sin dejar de combatir, participó en la retirada a oriente donde se halló en las acciones de Aragua de Barcelona (17.8.1814), Los Magüeyes (9.11.1814) y Urica (5.12.1814) todas ellas desfavorables para los republicanos y en la última de las cuales murió Boves. Todavía luchó Monagas a las órdenes del general José Félix Ribas, en el último intento por defender a Maturín, pero derrotados allí por Francisco Tomás Morales el 11 de diciembre de 1814, pereció definitivamente la Segunda República y las tropas republicanas que lograron salvarse se dispersaron. Los hermanos Monagas reiniciaron la lucha de guerrillas casi de inmediato, combatiendo José Gregorio a las órdenes de José Tadeo en San Diego de Cabrutica (15.3.1815), en Peñas Negras (24 marzo) y en El Palmar (4 abril), acciones que resultaron exitosas. A partir de ese momento, se destacaron ambos hermanos como los principales caudillos independientes en la región barcelonesa, e inclusive, siempre juntos, llevaron las hostilidades a Guayana, donde pelearon en combates y escaramuzas, vencedores unas veces, derrotados otras, en Moitaco (26.5.1815), La Mesa de Angostura (28 mayo), Orocopiche (9 junio) y San Pedro (9.7.1815). Durante el resto de 1815 y los primeros meses de 1816, José Tadeo, ya general y José Gregorio, coronel, luchan lado a lado. Se unen luego al ejército que mandan sucesivamente los generales Gregor MacGregor, con quien triunfan del coronel realista López en El Alacrán (6.9.1816) y Manuel Piar, a las órdenes del cual derrotan al brigadier Francisco Tomás Morales en El Juncal (27.9.1816). En éstas y otras acciones anteriores el entonces coronel José Gregorio Monagas se gana el sobrenombre de «Primera Lanza del Oriente» que, más adelante, le confirmará el Libertador. Durante la campaña libertadora de Guayana iniciada por el general Piar y concluida por el Libertador en 1817, José Gregorio actúa para contener a las fuerzas realistas en las zonas de los actuales estados Anzoátegui y Guárico. En 1818, hizo la campaña del centro bajo las órdenes directas del Libertador, hallándose en todas las acciones de ésta principalmente en la derrota que sufrió el general Pablo Morillo en Calabozo (12.2.1818), en el combate de La Auriosa (15 febrero) donde tuvo como jefe directo al general José Antonio Páez, y en El Sombrero (16 febrero). En estos y otros encuentros Monagas tomó parte siempre como oficial de caballería. Después de haber penetrado en los valles de Aragua, José Gregorio y su hermano José Tadeo (quien mandó en ese combate) fueron derrotados por la caballería realista en Maracay (14.3.1818). José Gregorio Monagas peleó luego en la batalla de Semén (18.3.1818), donde los republicanos, al mando del Libertador, resultaron vencidos. Protegiendo la retirada, y siempre al lado de Bolívar, luchó Monagas en la batalla de Ortiz el 26 de marzo siguiente. Durante el año 1819, sirvió a las órdenes del general Pedro Zaraza en los llanos guariqueños, en una serie de acciones contra el oficial realista Juan Juez, pero en 1820, ya de nuevo al lado de su hermano José Tadeo, tomó parte en los combates victoriosos de Santa Clara (17.3.1820), Güere (7.6.1820) y Quiamare (2.11.1820), que contribuyeron decisivamente a la liberación de su provincia natal y luego de la ciudad de Barcelona. Terminada la guerra en el oriente con la rendición de Cumaná en 1821, el general José Tadeo Monagas asumió la Comandancia General de la provincia de Barcelona y, a fines de 1822, nombró a su hermano el coronel José Gregorio, comandante militar de la capital de la provincia. Hubo oposición a este nombramiento por parte del general José Francisco Bermúdez, por el hecho de los lazos de familia que los unían, pero el gobierno central, entonces en Bogotá, ratificó el nombramiento a comienzos de 1823. Hacia esos años, el coronel José Gregorio Monagas se unió con Benita Marrero y fallecida ésta, con su hermana Clara Marrero. De ambos matrimonios hubo descendencia: José Gregorio y Julio César, del primero; Carlos, Domingo, Anacleto, Perfecta, Vestalia, Clara Rosa, Cruz María, Eurípides y Francisco José, del segundo. En 1824, habiendo solicitado refuerzos el Libertador desde el Perú, José Gregorio Monagas, que era ya general de brigada graduado, condujo una expedición militar que salió de Venezuela y a través del istmo de Panamá llegó al Perú. Aunque ya no tuvo oportunidad de participar en la batalla de Ayacucho, estuvo con sus fuerzas, al mando del general Bartolomé Salom, en el sitio de la plaza fuerte de El Callao durante todo el año de 1825, hasta que el último jefe español que mantuvo su bandera en el Perú, el brigadier José Ramón Rodil, se rindió a comienzos de 1826. Así terminó su carrera militar en la Guerra de Independencia, lo cual le valió que después de regresar a Venezuela el Libertador lo nombrase general de brigada efectivo en 1827. Residente en Barcelona y en las haciendas heredadas de sus padres o adquiridas con sus haberes militares, Monagas compartió su vida entre la atención de sus propiedades y el ejercicio de cargos militares cuando se le llamó al servicio. En 1831, después de la separación de Venezuela de la Gran Colombia, los hermanos Monagas mantuvieron por un tiempo en el oriente la causa de la unión grancolombiana, actuando José Gregorio frente al presidente José Antonio Páez como jefe de la caballería oriental. Pero no se llegó al derramamiento de sangre y el movimiento político se cerró con un acuerdo. En 1835 José Gregorio Monagas fue uno de los sostenedores de la Revolución de las Reformas (igual que su hermano José Tadeo) y combatió en el oriente y en el Guárico contra las fuerzas constitucionales que mandaba el general Páez. Derrotado este movimiento político en 1836, los Monagas no fueron molestados, pero quedaron por algún tiempo al margen de la vida pública. En 1844, el presidente Carlos Soublette nombró a José Gregorio comandante de armas de Barcelona, cargo que ejerció hasta 1848. Durante la campaña electoral de 1845-1846 se produjo un distanciamiento circunstancial entre José Tadeo y José Gregorio, pues mientras el primero era el candidato presidencial de los conservadores, auspiciado por Páez y Soublette, la candidatura del segundo fue lanzada en las columnas del periódico barcelonés El Republicano, como uno de los portavoces del liberalismo. Aunque la candidatura presidencial de José Gregorio Monagas tuvo cierto apoyo regional, fue la de su hermano la que triunfó. Después de los sucesos del 24 de enero de 1848 y de haberse alzado en armas el general Páez contra el presidente José Tadeo Monagas, José Gregorio acudió en auxilio de su hermano y, en 1848-1849, como segundo jefe de las Fuerzas Armadas y comandante en jefe del oriente, combatió con éxito para sostener al régimen en las campañas del Guárico, Barcelona, Maturín, Cumaná y Margarita. El 22 de marzo de 1849 fue ascendido a general de división. Restablecida la paz, fue candidato a la presidencia de la República, compitiendo con dirigentes liberales como Estanislao Rendón y Antonio Leocadio Guzmán. Con el apoyo de su hermano fue elegido, posesionándose en Caracas el 5 de febrero de 1851. Durante su gestión tuvo que enfrentar varias rebeliones de los paecistas o conservadores y se distanció políticamente de su hermano, aunque sin romperse la armonía familiar. La medida de gobierno más importante llevada a cabo por él como presidente fue la abolición definitiva de la esclavitud en Venezuela, el 24 de marzo de 1854. El 10 de abril siguiente, el Congreso le otorgó el grado de general en jefe. En las elecciones de ese año apoyó la vuelta al poder de su hermano, quien resultó elegido. José Gregorio Monagas entregó la presidencia el 20 de enero de 1855 y se retiró a la vida privada en Barcelona. Durante el año de 1856 se produjo un intercambio de correspondencia entre el presidente y su hermano; éste último no aprobaba ciertos aspectos de la política de aquél, especialmente el proyecto de revivir a la Gran Colombia; se quejaba también José Gregorio de que quienes habían servido a su lado durante su presidencia hubiesen sido totalmente desplazados de sus posiciones por amigos políticos de José Tadeo. A pesar de estas diferencias, José Gregorio apoyó de nuevo a su hermano a partir de 1857, otra vez como jefe de las Fuerzas Armadas, hasta que José Tadeo fue derrocado en marzo de 1858. Al caer el régimen, el general José Gregorio Monagas fue arrestado en Barcelona por las nuevas autoridades y enviado preso al castillo de Puerto Cabello, de donde se le transfirió al castillo de San Carlos en la barra de Maracaibo. Allí enfermó, y cuando era conducido a la ciudad de Maracaibo para ser atendido, falleció. Sus cenizas fueron trasladadas el 13 de noviembre de 1872 a la iglesia Santísima Trinidad (hoy Panteón Nacional).

Julián Castro: Petare (Edo. Miranda) c. 1805 _ Valencia (Edo. Carabobo) 12.6.1875
Militar y político. Presidente de la República (1858-1859). Hijo de Juan Manuel Castro y de Margarita Contreras. De origen humilde, sólo recibe una instrucción rudimentaria. Abraza la carrera de las armas y sirve en los ejércitos de la Gran Colombia donde alcanza el grado de alférez. Como teniente del batallón Anzoátegui, bajo las órdenes de Pedro Carujo, participa en la Revolución de las reformas y cumple la misión de mantener una guardia en la habitación del presidente de la República, doctor José María Vargas, después de su arresto (julio 1835). En 1836 es apresado en oriente, acusado de haber asesinado a Francisco Sucre. Liberado al año siguiente, legaliza, el 19 de octubre de 1843 su concubinato de 11 años con María Nieves Briceño, hija natural del general José Laurencio Silva. Rehabilitado y reincorporado al ejército como subteniente (1845), participa bajo las órdenes del general José Antonio Páez en la campaña contra la insurrección campesina dirigida por Francisco J. Rangel y Ezequiel Zamora (1846-1847), derrotando a Zamora en el sitio de Los Leones, cerca de Güigüe (Edo. Carabobo). Capitán, bajo las órdenes del coronel Domingo Hernández, entra al servicio del gobierno del presidente José Tadeo Monagas. Enviado a Curazao para espiar a Antonio Leocadio Guzmán (1848), entonces desterrado en esa isla, es ascendido a comandante y se une a la campaña contra el alzamiento del general José Antonio Páez (julio-agosto 1849), siendo nombrado comandante de armas y gobernador de la provincia de Apure (1849). Ascendido a general de brigada (1854), desempeña el cargo de comandante de armas de Carabobo y dirige la campaña contra la Revolución Liberal Conservadora de junio de 1854, participando en los combates de Montalbán y Bejuma y aceptando la rendición del comandante Antonio José Vásquez (julio 1854). Gobernador de la provincia de Carabobo (22-12-1855-1858), es ascendido a general de división (1856). Acepta unirse al levantamiento fomentado contra el presidente José Tadeo Monagas, convirtiéndose en el jefe militar de la insurrección (10.3.1858). Tras la renuncia de Monagas (5.3.1858), Castro hace su entrada en Caracas como general en jefe del Ejército Libertador y es encargado del Poder ejecutivo (15.3.1858). Elegido presidente provisional de la República por la Convención de Valencia (8.7.1858), solicita ante la Convención le sean otorgados poderes especiales para intervenir en la resolución del conflicto diplomático surgido a raíz del asilo de José Tadeo Monagas en la Legación francesa y de la firma del llamado Protocolo Urrutia. Ante la intervención de Fermín Toro en los debates y los rumores de una conspiración para derrocar el nuevo gobierno, la Convención accede a conceder los poderes especiales (5.8.1858). Monagas se marcha al exilio y se resuelve momentáneamente la crisis. Al ser sancionada la nueva Constitución, el 31 de diciembre de 1858, Julián Castro es nombrado presidente interino (4.1.1859) hasta que se puedan celebrar las elecciones, pero el inicio de la Guerra Federal en Coro (20.2.1859) y los levantamientos de Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón en Barinas y Apure, aceleran el desenlace. Apoyado por los grupos «oligárquicos», pero deseoso de mantenerse en el poder, Castro inicia una serie de maniobras políticas: con el pretexto de enfermedad, se retira de la presidencia el 7 de junio de 1859 y deja que el vicepresidente Manuel Felipe de Tovar conforme un nuevo gobierno de marcada tendencia conservadora; el 13 de junio de 1859, sorpresivamente, vuelve a asumir el mando y reúne un nuevo ministerio de tendencia liberal. Ante la manifiesta duplicidad del presidente, los grupos conservadores deciden derrocarlo y el 1 de agosto de 1859, Castro es arrestado. Enjuiciado por el delito de traición (abril-julio 1860), es desterrado (31.7.1860). Se ignora cuáles son sus actividades hasta julio de 1871, cuando reaparece en el escenario político como protegido del presidente Antonio Guzmán Blanco y es nombrado jefe del Ejército Liberal del centro (octubre 1871). Participa en la campaña contra el levantamiento del general Matías Salazar (marzo 1872), es miembro del Gran Tribunal que sentencia a Salazar a la pena de muerte por fusilamiento (16.5.1872) y comanda el pelotón que lleva a cabo la ejecución. Fue masón en grado 18. F.P. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Manuel Felipe Tovar: Caracas, 1.1.1803 _ París, 20.2.1866
Político, filántropo y humanista, presidente de la República (1859-1861). Hijo de Francisco Nicolás de Tovar y Tovar y de la prima de éste María Altagracia de Tovar y Ponte, sobrina de Martín Tovar y Ponte, quien fue uno de los 2 copresidentes de la Junta Suprema de 1810. Es el mayor de 6 hermanos. Educado en Francia e Inglaterra; políglota y ávido lector, adquirió una sólida formación. Fue enviado a Europa por sus padres en 1821, cuando apenas contaba 18 años, para completar su educación. Luego de 8 años fuera del país, regresó (1829) con muy sólidos conocimientos en diferentes ramas del saber, especialmente en el área humanística, y fijó su residencia en Caracas. Elegido miembro del Ayuntamiento capitalino y luego su presidente, inicia su carrera política como destacado representante del Partido Conservador. Desde su llegada al país, se incorpora a las deliberaciones de la Sociedad Económica de Amigos del País. Alterna allí con hombres «…que consideran un deber ocuparse de los problemas de la educación, agricultura, caminos, esclavitud, economía, regularidad institucional, centralismo, federación legalidad…» Se adscribe al grupo «civilista» que impulsa la candidatura de Andrés Narvarte a la vicepresidencia de la República (1832) y 2 años después, forma parte de los que sostienen la candidatura de José María Vargas para la presidencia de la República. Electo diputado al Congreso Nacional desde 1832, preside en 1834 la comisión parlamentaria que estudia la reforma al Escudo de la República y elabora el informe que es acogido por unanimidad. En esa curul le sorprende el golpe de Estado «reformista» (8.7.1835) que derroca al presidente Vargas. Tovar contribuye decididamente a su reinstalación en la presidencia. Es uno de los comisionados de Vargas para notificar al general José Antonio Páez su designación como comandante en jefe del Ejército que impondrá la constitucionalidad por la fuerza de las armas. Formará parte del grupo parlamentario que se opondrá al «decreto monstruo» y exigirá vigorosamente una verdadera política de amnistía y clemencia para con los «reformistas» (1836). Designado presidente de la comisión de Instrucción Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País (1836), patrocina y coopera financieramente a la instalación en Caracas del colegio Independencia, regentado por el geógrafo e historiador Feliciano Montenegro y Colón. Estuvo entre quienes votaron por la aceptación de la renuncia presidencial de Vargas (26.4.1836). Fue un político a tiempo completo, sin descuidar por ello sus intereses económicos. Reelecto diputado y luego senador coincidirá en varias legislaturas con los liberales al momento de votarse iniciativas progresistas. «…Las vías de comunicación y el aumento de brazos [dirá en el Congreso] son tal vez las primeras necesidades del país…» Esta preocupación le había llevado a dedicarse a las juntas de fomento de las carreteras Caracas-La Guaira y Caracas-Valencia, que presidirá hasta la conclusión de ambas vías. Con su tío, Martín Tovar Ponte, había emprendido programas de colonización e inmigración que se concretan en la Colonia Tovar y posteriormente, en la de El Jarillo; encomiendan a Agustín Codazzi los planes para asentar allí inmigrantes alemanes y donarán las tierras para ese objeto (1838), en las cuales se asentarán los colonos a partir de 1843. Sus tierras de labranza, como las del resto del país, sufrirán por el bajo rendimiento de los cultivos y la depresión de los precios. Le afecta, como a todos los agricultores, la ley de 10 de abril de 1834 «…que prácticamente legalizó la usura…» Buscará salidas a la crisis. Explora la posibilidad de abrir «…un banco de depósito y préstamo…», indaga sobre «…el sistema bancario de Estados Unidos…», y sobre la conexión del negocio bancario «con el impulso» a la industria y el comercio. Es partidario del sistema francés: «…las especies reservadas para las transacciones comunes y los billetes para los depósitos comerciales y remesas…» (1837); pero no es escuchado por el gobierno del presidente Carlos Soublette. Presidente de la Cámara de Representantes (1843), advierte en el Parlamento la gravedad de la situación económica, el creciente descontento popular y el amenazante desequilibrio social: «…la paz nacida del cansancio de pasadas y prolongadas revueltas [dice] se ostenta indefinida [pero] el imperio de la ley no es duradero sino en pueblos instruidos…» Es de los «oligarcas» preocupados porque la falta de educación popular vinculaba el poder a unas mismas manos. Le atrae la idea de que se conforme en el país una oposición institucional, vigorosa, responsable, que contribuya a cambiar la rigidez de un sistema mineralizado. Por ello, desde 1840, había cooperado financieramente a la fundación de El Venezolano, periódico que dirige Antonio Leocadio Guzmán. Nunca se adscribe al Partido Liberal aunque continuará coincidiendo con sus planteamientos. Celoso de su independencia, desarrollará una estrategia de acción política al margen de los partidos o en la periferia de ambos. Tovar buscó, a su manera, el poder desde temprano y no desechará oportunidad para ir perfilando una imagen novedosa, la del único civil, conservador por su origen, rico y progresista, con aspiraciones políticas serias. Irá afirmando su peso y liderazgo entre los mejor formados y con mayores intereses económicos. Adversario del personalismo es hombre de trabajo en equipo. Al iniciar Carlos Soublette su segundo mandato presidencial, Tovar patrocina con su entrañable amigo Francisco Aranda, civilista liberal, la creación del Instituto de Crédito Territorial; iniciativa que supone una vigorosa intervención del Estado en favor del desarrollo agrícola. Soublette veta la ley; se habla de maniobras palaciegas contra el proyecto y Tovar rompe entonces con Soublette (1845). Era aún presidente de la Cámara de Representantes. Romperá también con Antonio Leocadio Guzmán cuando éste radicaliza la oposición en busca de su propia candidatura presidencial; y, cuando José Antonio Páez sostiene la candidatura presidencial de José Tadeo Monagas, romperá también con Páez; actitud similar a la de otros «moderados» en desacuerdo con la política de confrontación de los partidos, que consideran absurda. Tovar se retira del Congreso; por 10 años permanecerá alejado del Parlamento aunque no de la política. Nada tendrá que ver con los sucesos de 1846 y 1848. Actuará de manera soterrada y conspirativa en oposición al gobierno de los Monagas. Se irá convirtiendo en cabeza del ala civilista del conservatismo, contrapartida del imperioso dominio «personalista» de los militares libertadores. En 1856, los «civilistas» deciden encabezar la oposición prescindiendo de los «personalistas» de ambos partidos. Lo determinan en secreto. Se trata de derrocar a José Tadeo Monagas y cerrarle el paso a Páez a un tiempo. En 1846, había «…dejado el campo a los demagogos y a los energúmenos…» de ambos partidos; ahora no están dispuestos a hacer lo mismo y trabajan en secreto sobre estos propósitos. Páez, al fin, se percata de su exclusión y reacciona indignado desde el exilio. Tovar, «menos tolerante» que los que se aferran al liderazgo de Páez, «…buscó mayor espacio para la revolución…» que derrocó a Monagas y desplazó a Páez por un tiempo, en marzo de 1858. Tovar será de los principales sostenedores del general Julián Castro como jefe de la revolución. Ministro de lo Interior y Justicia en el primer gabinete de coalición del presidente Castro, fue designado, posteriormente, diputado por Caracas a la Convención Nacional de Valencia y nombrado presidente del Consejo de Gobierno (1.8-17. 9.1858) y luego, vicepresidente interino de la República. Desde dichas posiciones, se opondrá resueltamente al retorno de Páez al poder y trabajará tesoneramente para abrirle vías a una candidatura civil: la suya. Piensa que sólo un civil logrará restablecer «…el equilibrio de las diversas tendencias que provocando una total desarmonía entre los venezolanos minaba de odio y prejuicios el alma nacional…» Rompe con el presidente Castro (1859) cuando este se hace «inmanejable» y simulará pactar con el paecismo para desplazar a Castro del poder. Castro reaccionará aliándose con los liberales, lo que precipita el golpe de Estado (2.8.1859). Restablecida la constitucionalidad por el designado Pedro Gual, quien había obtenido la renuncia de Castro estando preso éste, Tovar asume la presidencia provisional de la República y es elegido presidente constitucional para el período 1860-1864, en las primeras elecciones presidenciales mediante el sufragio universal de varones. Ya había estallado la Guerra Federal. Magistrado apegado a la ley, hubo de enfrentar los primeros y más duros momentos de la revolución, que después de las batallas campales de fines de 1859 y comienzos de 1860, derivaría hacia el persistente asalto guerrillero. El paecismo, liderado por Pedro José Rojas, radicalizará la oposición. Sometido al fuego de 2 fuerzas, la guerrilla federal, cada vez más audaz y aniquiladora y la conspiración militar que sólo ve en la «dictadura ilustrada» la solución de la guerra, el presidente Manuel Felipe de Tovar decide renunciar (20.5.1861). Asume el poder el vicepresidente Pedro Gual. «…Que mi nombre no sirva de pretexto a la prolongación de la guerra…», dirá Tovar, quien saldrá del país acompañado de su esposa. Se radicará en París donde morirá de un ataque cardiaco. El presidente Antonio Guzmán Blanco decretó la repatriación de sus restos y su inhumación en el Panteón Nacional (1875); pero tal decreto nunca se cumplió. Sus restos reposan todavía en el cementerio de Epinay, en las afueras de la capital francesa. C.R.G. (Fuente: Enciclopedia Polar).


Juan Crisóstomo Falcón: Hato Tabe (Edo. Falcón) 27.1.1820 _ Fort-de-France (Martinica) 29.4.1870
Militar, político y presidente de la República. Hijo de José Ildefonso Falcón y de Josefa Zavarce. Fue el único varón de su núcleo familiar; una de sus hermanas, Estéfana, se casaría con Ezequiel Zamora. Asistió durante su adolescencia al Colegio Nacional de Coro, bajo la dirección de Mariano Rendiles, en el cual aprendió doctrina cristiana, filosofía, letras, aritmética, gramática, latín y francés. Inicia su carrera militar en defensa del régimen del general José Tadeo Monagas en el combate de Taratara (6.4.1848) librado contra el general paecista Judas Tadeo Piñango, como comandante de una columna bajo las órdenes de los generales Antonio Valero y Trinidad Portocarrero. De octubre a diciembre de ese año participa en el sitio de Maracaibo, bajo las órdenes del general Carlos Luis Castelli, contra el entonces coronel José Escolástico Andrade. El 18 de agosto de 1849, actúa en el combate La Bacoa (Coro), como jefe de una columna, venciendo al general Francisco Carmona. Derrotada la revolución paecista, Juan Crisóstomo Falcón se desempeña en la Comandancia de Armas de Maracaibo. En 1853, es transferido a Coro, con idéntica posición; a fines de ese año es ascendido a general de brigada, jerarquía con la cual hizo frente a la revuelta contra el gobierno de José Gregorio Monagas auspiciada y comandada por el coronel Juan Garcés en la península de Paraguaná; poco después del triunfo de La Salineta, reprime definitivamente la revuelta de Garcés, en Coduto, cerca del istmo de los médanos. Con refuerzos enviados por el ministro de Guerra y Marina para la defensa de Coro, se dirige entonces a la provincia de Barquisimeto a fin de combatir la revuelta del general Juan Bautista Rodríguez. Avanza hacia Siquisique y Carora y captura al general Clemente Fonseca, aliado de Rodríguez. En 1855, auspicia y apoya, aunque en forma velada, los motines antijudíos que se desatan en Coro y que son la causa de un incidente diplomático con Holanda. El Congreso de 1857 lo nombra general de división y jefe de armas de la provincia de Barquisimeto. Ese mismo año contrae matrimonio en Jacuque (península de Paraguaná) con Luisa Isabel Pachano Muñoz, hermana del más tarde general Jacinto Regino Pachano e hija de Regino Pachano y de Ignacia Muñoz Morillo, vecinos de La Vela de Coro. El 5 de marzo de 1858, estalla en Valencia la revolución contra José Tadeo Monagas. Falcón, invitado a formar parte del movimiento, permanece nominalmente fiel al régimen al cual servía, pero sin inmiscuirse directamente en los acontecimientos. Los decretos del nuevo gobierno del general Julián Castro no tardan en crear roces y tensiones entre los liberales; el descontento de muchos de éstos y la inestabilidad del Gobierno hacen prever el estallido de un conflicto inminente. Falcón y su cuñado Ezequiel Zamora, quienes se habían abstenido de participar en la Revolución de Marzo, sufren el acoso y la persecución, a raíz de la política represiva aplicada por Castro. El 7 de junio de 1858, sale Falcón expatriado con rumbo a las islas de Bonaire, Aruba y Curazao. Desde el exilio, inicia su labor como conductor del proceso revolucionario, encabezando las acciones de los exiliados políticos en las islas del Caribe. Falcón es considerado por los liberales, dentro y fuera del territorio venezolano, como cabeza de la insurgencia que se avecina. Entre Caracas y las islas del Caribe, se cruza correspondencia a favor de una invasión. El 22 de marzo de 1859 invade por La Vela de Coro el general Ezequiel Zamora, en compañía de José Desiderio Trías, José del Rosario González, Napoleón Sebastián Arteaga, José Gabriel Ochoa, José F. de la Guerra, Juan Francisco Manrique y otros. Falcón permanece en el exilio, mientras Zamora asume el rango de jefe de operaciones del Ejército Federal de Occidente, iniciando de esta manera, las acciones de proselitismo revolucionario en el occidente del territorio. Zamora erige en «estado independiente de Coro» la antigua provincia del mismo nombre y ejerce, desde allí, el poder de la Federación Nacional. Mientras Zamora incursionaba por los llanos occidentales, Falcón se hallaba en Curazao, desplegando gestiones para la adquisición del parque necesario para asegurar el éxito de la campaña. A mediados de 1859, desembarca en Palma Sola, en las inmediaciones de El Palito y, a partir de este momento, comienza su participación activa en el territorio venezolano a favor de la Federación, con las siguientes acciones militares: batalla de La Cruz (13.9.1859); toma de Barquisimeto; combate de Siquisique (3.10.1859); nuevo combate de Barquisimeto; batalla de Santa Inés (10.12.1859); combate en Barinas; combate de La Sabana (11.12.1859) y sitio de Barinas (12-13.12.1859) batalla del Corozo (24.12.1859); combate de Curbatí en Barinas (25.12.1859), sitio de San Carlos (9-16.1.1860), durante el cual Ezequiel Zamora es ultimado por un balazo. Con la muerte de Zamora, Falcón asume, de hecho, tanto la jefatura civil como la conducción militar del movimiento federalista. Libra la batalla de Coplé (17.2.1860) contra el general León de Febres Cordero y es derrotado. Decide entonces dividir el Ejército Federalista en 3 cuerpos; decisión que le será duramente criticada. Va hasta Bogotá en busca de recursos para continuar la guerra y al no obtenerlos, marcha a las Antillas. En Saint Thomas, Curazao, Aruba y Haití los logra, aunque escasos y con ellos y un puñado de compañeros pone de nuevo pie en tierra venezolana en julio de 1861. Se destaca en la batalla de Los Chucos en Coro (6.8.1861); en el combate de San Pedro (agosto 1861) y en el combate de Parupano (10.11.1861). En diciembre de 1861, sostiene en el campo de Carabobo unas infructuosas entrevistas de paz con el general José Antonio Páez, entonces a la cabeza del Poder Ejecutivo en el bando centralista y fracasadas estas conversaciones, regresa a su tierra coriana. Dirige la batalla de Purureche (21.1.1862) en la cual vence al coronel Ramón Castillo Marzal; en el combate de El Corubo (4.2. 1862), derrota al coronel Jorge Sutherland y en la batalla de Mapararí o La Peñita (2.4. 1862) al general Facundo Camero. En el combate de Caujaro (21.6.1862), nuevamente combate y derrota al coronel Jorge Sutherland, a quien captura. Posteriormente, dirige la batalla de Coro (26.6.1862), que queda indecisa, contra el general Manuel Vicente de las Casas. Pone más tarde sitio a esta ciudad, que se rinde (7.4.1863), pocos días antes de la firma del Tratado de Coche que pone fin a las hostilidades entre centralistas y federalistas. El 17 de junio de 1863, es designado presidente provisional de la República por la Asamblea de La Victoria; el 24 de diciembre de 1863 es elegido presidente provisional por la Asamblea Federal y como tal continúa en el poder juramentándose el 21 de enero de 1864. Al día siguiente (25.12.1863), la Asamblea Constituyente le confirió el título de «Gran Ciudadano» y el grado de mariscal. En octubre de 1864 es elegido presidente constitucional y ratificado como tal por el Congreso el 18 de marzo de 1865. Falcón asciende al poder en medio de un clima general de discordia. Se destaca la influencia que Antonio Guzmán Blanco ejerce sobre él. Afiliado desde antes a la masonería, en 1864-1865 es soberano gran comendador del Supremo Consejo Confederado del grado 33. En muchas oportunidades, la renuencia que siente de residir en Caracas, capital del nuevo Distrito Federal, lo hace recurrir a varios presidentes encargados entre los cuales se cuentan: Antonio Guzmán Blanco, León Colina, Miguel Gil y Manuel Ezequiel Bruzual; mientras él permanece en Paraguaná, Coro o Churuguara. A lo largo de su gestión de gobierno, se inician obras públicas: Caminos, acueductos, redes ferroviarias y otras vías de comunicación. Sin embargo, las convulsiones internas y los desórdenes en varios estados originan el estallido de nuevos conflictos. A fines de abril de 1868, renuncia a la presidencia y se retira a Coro, alejado de la política; pocos meses después, con el triunfo de la Revolución Azul, sale nuevamente al exilio, dejando tras de sí una situación caótica. Sufre una enfermedad incurable, cáncer en la laringe. Residenciado en Francia, en marzo de 1870, una junta médica lo examina y le aconseja un viaje a tierras tropicales en busca de una posible curación. Sale del puerto francés de Saint-Nazaire, el 17 de abril de 1870, y llega a Fort-de-France (Martinica) el 24 de abril en compañía de un enfermero francés de nombre Léon Etienne Lalam. Pero coincidiendo casi con el triunfo en Venezuela de la Revolución Liberal acaudillada por Guzmán Blanco, muere en una habitación del hotel Toulouse de aquella ciudad. Cuatro años permanecieron sus restos en la isla caribeña, hasta que el Congreso de 1873 decreta su repatriación. En 1874, se ordena la ejecución del acuerdo legislativo, nombrando para tal efecto, una comisión integrada por los generales Jacinto Regino Pachano y Francisco Díaz Flores que se traslada a Fort-de-France, exhuma y acompaña sus restos de regreso a Venezuela, donde serán inhumados en el Panteón Nacional, el 1 de mayo de 1874. A.Rod.M. (Fuente: Enciclopedia Polar).

José Ruperto Monagas: Aragua de Barcelona (Edo. Anzoátegui) 1831 _ Aragua de Barcelona (Edo. Anzoátegui) 12.6.1880
Militar y político. Hijo de José Tadeo Monagas y de Luisa Oriach. Como representante de Maturín, firma la Constitución de abril de 1857. En marzo de 1858, siendo comandante de la plaza de Barcelona, reconoce al gobierno de Julián Castro; pero el general Justo Briceño, representante del gobierno, desconfía de él, lo apresa y lo remite al castillo Libertador de Puerto Cabello. Participa en los combates de la Guerra Federal. En julio de 1868, con el triunfo de la Revolución Azul, inicia su figuración militar, al ser nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército, por la renuncia del general Luis Level de Goda; dirige el ataque a Puerto Cabello, defendida por el general Manuel Ezequiel Bruzual y ocupa la plaza en agosto; comanda, luego, la campaña de occidente que, con la toma de San Carlos y de Barquisimeto en septiembre de 1868 destruye la Liga de Occidente. El movimiento de los «azules», fusión de conservadores y liberales, carece de uniformidad; las aspiraciones de los «fusionistas» liberales se encuentran divididas entre los partidarios de José Ruperto Monagas y los de su primo, Domingo Monagas Marrero, hijo de José Gregorio Monagas. Con la muerte, a los 83 años, de su padre, José Tadeo Monagas (noviembre 1868), estas contradicciones se agudizan, y asume nuevamente la jefatura del Estado Mayor del Ejército. Reunido el Congreso de 1869, se discute la elección de los «designados», o vicepresidentes interinos, entre él y su primo, mientras se efectúan las elecciones presidenciales. Domingo acepta desistir de su candidatura a favor de José Ruperto quien es entonces elegido como primer designado (febrero 1869). Ante el recrudecimiento de la guerra civil, José Ruperto Monagas se declara en campaña y se dirige a Maracaibo donde se halla sublevado el general Venancio Pulgar, presidente del estado y deja encargado de la presidencia de la República a Guillermo Tell Villegas. Las elecciones de 1870 se celebran en medio de una creciente anarquía; José Ruperto Monagas sale favorecido por los escrutinios, pero el Poder Legislativo se abstiene de proclamarlo presidente, alegando que no se han recibido todos los registros electorales; ante la invasión de Antonio Guzmán Blanco, en febrero de 1870, Monagas sale nuevamente en campaña, esta vez en vano. Caracas es ocupada el 27 de abril de 1870. Como jefe del Ejército y fallido candidato presidencial, José Ruperto Monagas firma la rendición del gobierno y se retira de la vida pública. Fue masón en grado 32. N.H.V. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Antonio Guzmán Blanco: Caracas, 20.2.1829 _ París, 28.7.1899
Abogado. Político, estadista, jefe militar de la Guerra Federal, caudillo del Partido Liberal Amarillo y presidente de la República en varias ocasiones entre 1870 y 1888. Hijo del político Antonio Leocadio Guzmán, fundador del Partido Liberal, y de Carlota Blanco Jerez de Aristeguieta, emparentada con la familia de Simón Bolívar. Durante su infancia y adolescencia, Guzmán Blanco, primogénito de ese matrimonio, sufrirá, junto con su madre y hermanos, los avatares de la vida pública de su padre, poderoso unas veces y perseguido otras. Inicia sus estudios en Caracas en el colegio Independencia de Feliciano Montenegro y Colón. A los 19 años, hacia agosto-septiembre de 1848, desempeña su primer cargo público, como jefe de sección en la Secretaría de Relaciones Exteriores. En la Universidad Central de Venezuela cursa la carrera de derecho, alternando durante un tiempo los estudios con las actividades del funcionario. En 1854, era a la vez, miembro de las logias masónicas caraqueñas Concordia y Esperanza, y de la Sociedad de María. El 1 de marzo de 1856, es licenciado en derecho civil y el 14 de abril siguiente, recibe el título de abogado. Hacia esa época corteja a Luisa Teresa Giuseppi, nieta del general José Tadeo Monagas, presidente de la República por segunda vez, quien no aprueba esos amores. Poco después, Guzmán Blanco es nombrado cónsul de Venezuela en Filadelfia, de donde pasa con el mismo cargo a Nueva York y es luego secretario de la Legación en Washington. Dos años permanece en Estados Unidos.
Regresa en 1858, al caer el presidente Monagas y ve cómo su padre es arrestado y enviado al exilio en junio de ese año, junto con otros jefes del movimiento liberal, por el nuevo gobernante, general Julián Castro. En agosto, Guzmán Blanco es acusado de participar en la conspiración llamada La Galipanada y arrestado junto con otros opositores; se le somete a juicio y es absuelto, pero al poco tiempo, el 18 de septiembre de 1858, el Gobierno dispone su salida del país, como muchos otros ciudadanos considerados desafectos. Logra esconderse y protesta por escrito, ante las autoridades judiciales y la Convención Nacional reunida en Valencia, alegando que habiendo sido declarado inocente por los f, no es legal su expulsión. El Diario de Avisos de Caracas publica sus protestas. Al fin, es capturado y desterrado el 8 de enero de 1859 a las Antillas. Allí se unió a los revolucionarios que encabezaban los generales Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón; su padre estaba cerca del primero, en tanto que Guzmán Blanco permanecía en el séquito del segundo. Después de haber sido proclamada la Federación en Coro el 20 de febrero de 1859 por el comandante Tirso Salaverría y del desembarco casi inmediato de Ezequiel Zamora en La Vela de Coro, hechos en los cuales no participó directamente, Guzmán Blanco se dirigió desde las Antillas a la región coriana para incorporarse a la lucha. El 15 de marzo, la goleta inglesa en la cual viajaba fue apresada ante La Vela de Coro por un buque de guerra del Gobierno central, pero el capitán inglés protestó y los dejaron regresar libremente a Curazao, donde se hallaba Falcón. Como el presidente Julián Castro había concedido una amnistía política y su gobierno había entrado en contacto, buscando un arreglo pacífico, con algunos jefes federalistas de Tierra Firme y con Falcón, éste envió a Guzmán Blanco en misión a Caracas para explorar la opinión de sus copartidarios, en junio de aquel año, la decisión fue continuar las hostilidades. Cuando Falcón desembarcó en Palma Sola el 24 de julio, llevaba a su lado a Guzmán Blanco quien, como licenciado en derecho, fue designado auditor general del Ejército. Durante la campaña, ya como teniente coronel, aunque sin abandonar sus funciones jurídicas, participó en los combates sucesivos, hasta la toma de Barquisimeto el 3 de septiembre de 1859. En una imprenta existente en esa ciudad se empezó a publicar el periódico El Eco del Ejército, cuyo redactor era Guzmán Blanco. Como militar, como consejero político y como escritor, seguirá al lado de Falcón hasta que éste se reúna con Zamora y participará, siendo ya coronel, en la batalla de Santa Inés (10.12.1859), la primera gran victoria de la Federación. El 10 de enero de 1860 se halla en el sitio de San Carlos y ve caer muerto ese día, muy cerca de él, al general Zamora.
Derrotados los federalistas en la batalla de Coplé (17.2.1860), donde actuaba ya como secretario general del Ejército mandado por Falcón, marcha con éste a la Nueva Granada (Colombia). A mediados de abril de 1860, ambos están en Bogotá, donde Falcón publica el 15 de mayo un manifiesto en la redacción del cual participa Guzmán Blanco. De allí viajan a Cartagena y luego a la isla de Saint Thomas, donde se habían reunido muchos revolucionarios. Durante un año, Guzmán Blanco acompaña a su jefe en Saint Thomas, Curazao, Haití, Aruba y otros lugares en busca de recursos para organizar otra expedición. Ésta desembarca en la región coriana, con el coronel Guzmán Blanco como secretario general, a comienzos de julio de 1861. La revolución toma nuevo impulso. Meses después, el general José Antonio Páez (quien había asumido la dictadura en Caracas), propuso una entrevista con el general Falcón para tratar de paz. Guzmán Blanco, quien había sido ascendido ya a general, acompañó a su jefe hasta el campo de Carabobo, donde se celebraron las conferencias a comienzos de diciembre de 1861, en las cuales intervino activamente, así como su contraparte, Pedro José Rojas, secretario general del Gobierno de Caracas; pero no hubo acuerdo. Al reanudarse en 1862 las hostilidades, Guzmán Blanco actúa cada vez más como militar, sin dejar de ser uno de los principales consejeros de Falcón. Durante la primera mitad de ese año combate en la región coriana, sucesivamente en Purureche (21.1.1862), La Peñita (2.4.1862), Caujarao (21.6.1862) y en el fracasado asalto a la ciudad de Coro el 26 de junio de 1862. El 16 de agosto siguiente, Falcón lo nombra jefe de todas las fuerzas federalistas de la región central. El 20 de septiembre está ya en Guatire y desde allí anuncia en una proclama que ha asumido «…la dirección general de la guerra en los estados Guárico, Carabobo, Aragua y Caracas…», a fin de darle unidad y concierto a las operaciones militares. A la vez que sigue combatiendo (acciones de Quebrada Seca, de Agua Blanca y de Guacamaya, cerca de La Victoria, en octubre y noviembre de 1862), inicia una campaña de persuasión escribiéndole a notables personajes como Fermín Toro (marzo 1863), a fin de incitarlos a derrocar la dictadura de José Antonio Páez, cuyas tropas habían sufrido varios reveses tanto en el centro como en otras regiones. Llega con su ejército a las cercanías de Caracas y, del 14 al 17 de abril de 1863, sostiene varios combates con los centralistas en la zona de San Antonio de los Altos y de San Pedro. Cuando se dispone a atacar la capital, recibe proposiciones de paz.
El 23 de abril él y Pedro José Rojas, segundo de Páez, se reúnen en la hacienda de Coche y el 24 firman el acuerdo conocido como Tratado de Coche, que entra definitivamente en vigencia el 22 de mayo de 1863. Poco después las fuerzas federalistas del centro entran en la capital con Guzmán Blanco a la cabeza. La Asamblea Nacional, prevista en el tratado, se reúne brevemente en La Victoria a mediados de junio, nombra a Falcón presidente provisional de la Federación venezolana y vicepresidente a Guzmán Blanco, «…sin que tal nombramiento [dice el acta] lo inhabilite para desempeñar, entre tanto, cualquier otro acto público…» Tenía, en ese momento, 34 años. El 25 de julio fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda en el primer gabinete del régimen federal triunfante y, el 8 de agosto de 1863, se embarcó en La Guaira hacia Europa, con la misión de contratar un empréstito. En septiembre está en Londres, donde negocia el empréstito, del cual obtiene una jugosa comisión personal declarada que él considera lícita. El 23 de noviembre de 1863 se halla de nuevo en Caracas y el 24 preside en esta ciudad la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, ante la cual renuncia a su cargo de vicepresidente de la República. Aprobado el empréstito por ese cuerpo, no sin resistencias y enardecidas polémicas, se encarga Guzmán Blanco nuevamente del ministerio de Hacienda y Relaciones Exteriores el 21 de enero de 1864, pero el 6 de febrero es nombrado otra vez por Falcón, ministro plenipotenciario ante las cortes de París, Madrid y Londres. En la primera de esas ciudades conoció a Napoleón III, a su esposa la emperatriz Eugenia y al duque de Morny, entre otros personajes. «…Observó con atención [escribe el historiador Rafael Armando Rojas] los progresos materiales que en el Viejo Mundo, y particularmente en Francia, se llevaban a cabo: la política ferrocarrilera de Napoleón; el establecimiento de institutos de crédito y de sociedades científicas, etc. Soñó poder realizar en Venezuela algunas de tales cosas y desde ese momento, concibió la idea de hacer de Caracas una copia, en pequeño, del París que bajo el barón Haussmann se estaba convirtiendo en una moderna y hermosa capital…»
A mediados de octubre de 1864 emprende el regreso desde París, y el 3 de noviembre desembarca en La Guaira. De allí pasa a Puerto Cabello, donde Falcón, deseoso de retirarse a Coro, lo designa presidente de la República encargado. Probablemente hacia esos días finales de 1864 o de comienzos de 1865, conoce en Caracas a Ana Teresa Ibarra Urbaneja, de quien se enamora y es correspondido; ella es hija del general Andrés Ibarra y de Anastasia Urbaneja. El 18 de marzo de 1865 el Congreso Nacional elige al mariscal Falcón presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela y el 13 de mayo al general Guzmán Blanco primer designado (cargo que equivalía a vicepresidente de la República, con la diferencia de que vicepresidente había uno solo y los designados podían ser varios). El 3 de junio siguiente Falcón y Guzmán Blanco se juramentan ante el Congreso Nacional que preside Antonio Leocadio Guzmán. Poco después, Falcón sale en campaña hacia el Zulia y más tarde decide retirarse por un tiempo a Coro. Durante sus ausencias de la capital, Guzmán Blanco ejerce el poder en su condición de primer designado, del 8 de junio al 24 de julio de 1865 y del 3 de octubre de 1865 al 2 de mayo de 1866. Entre julio y octubre de 1865 desempeña las carteras de Guerra y Marina y de Relaciones Exteriores. En mayo de 1866 Falcón lo nombra comandante en jefe del Ejército. En los lapsos que ha ocupado interinamente la presidencia, en 1864-1866, ha dictado medidas para reorganizar la Hacienda Pública, crear una institución bancaria (Banco de Londres y de Venezuela), reglamentar la ley de crédito público, promover proyectos para la construcción de carreteras y de ferrocarriles, creando para ello diversas juntas de fomento. Como ministro de Relaciones Exteriores da instrucciones al agente diplomático de Venezuela en Bogotá, general Manuel Márquez, para negociar un acuerdo de límites con el Gobierno colombiano.
El 25 de mayo de 1866 Guzmán Blanco sale de nuevo hacia Europa como ministro plenipotenciario. Se instala en París donde realiza negociaciones con el Gobierno francés y los de Inglaterra, Dinamarca e Italia. Durante su permanencia allí, el Gobierno de Venezuela decide suspender el pago de la deuda externa, lo cual motiva una protesta pública de Guzmán Blanco y una polémica con el ministro de Relaciones Exteriores, que conducen a la destitución de aquél y su casi inmediata reposición en su cargo por orden de Falcón, entre septiembre y noviembre de 1866. A comienzos de 1867 volvió a Venezuela. En marzo de ese año fue presidente del Senado y en mayo asumió la comandancia de armas del Distrito Federal. El 13 de junio de 1867 el arzobispo Silvestre Guevara y Lira bendice en la catedral de Caracas su matrimonio con Ana Teresa Ibarra. Poco después, con el seudónimo Alfa, sostuvo una polémica periodística en defensa de la política del mariscal Falcón, que era criticada por el redactor de El Federalista, Ricardo Becerra. En septiembre y octubre de ese año es nombrado por Falcón jefe del Ejército encargado de enfrentar la revolución denominada La Genuina, que dirigen los generales Luciano y Natividad Mendoza; después de varias operaciones y de algunos combates menores, Guzmán Blanco obtuvo de ellos un sometimiento decoroso y su indulto por el presidente Falcón. En noviembre, éste y Guzmán Blanco tuvieron serias divergencias acerca de las elecciones de 1868, al declararse el segundo en desacuerdo con la posible reelección del mariscal a la presidencia. A pesar de este enfrentamiento, Falcón lo nombró de nuevo ministro plenipotenciario en Europa, lo cual aceptó a condición de ser el cargo ad honórem. El 4 de diciembre de 1867 se embarca en La Guaira y el 24 está ya en París. Su esposa, con quien tendrá 11 hijos, permanece entonces en Caracas. Guzmán Blanco, además de cumplir sus obligaciones oficiales, visita Hamburgo, Berlín, Fráncfort, Nápoles, Roma, Madrid, Sevilla, Cádiz; pasa también por Suiza; su padre lo acompaña en parte del trayecto. Se ocupa ya de depositar una parte de su cuantiosa fortuna (que en 1870 será estimada en 5.000.000 de francos) en algún banco europeo. Sigue con atención, desde lejos, la política de Venezuela, donde en 1868 ha estallado la Revolución Azul. Triunfante ésta, exiliado Falcón y entronizado nuevamente el general José Tadeo Monagas en el poder, Guzmán Blanco regresa a Venezuela el 1 de septiembre de 1868.
Durante un año, con la colaboración de su padre (quien llega a comienzos de 1869), se esforzará en crear una base propia de poder político, organizando la sociedad denominada Unión Liberal y financiando el periódico del mismo título que redacta Vicente Coronado. Esta vía se cierra el 14 de agosto de 1869, cuando una multitud de lincheros azuzados por los gobernantes Azules termina a pedradas una recepción que él y su esposa ofrecían aquella noche. Busca asilo en la Legación de Estados Unidos y su padre en la del Brasil; luego se dirigen a La Guaira y salen del país. En Curazao, Guzmán Blanco escribe una carta donde condena a los autores intelectuales del 14 de agosto, la cual se publica en La Opinión Nacional, periódico que meses más tarde se convertirá en el vocero oficioso del guzmancismo. Organiza en Curazao un movimiento revolucionario que logra el apoyo de numerosos caudillos nacionales o regionales de las filas federalistas, como José Ignacio Pulido, Joaquín Crespo, Matías Salazar, Francisco Linares Alcántara, Hermenegildo Zavarce, León Colina. El 14 de febrero de 1870, Guzmán Blanco desembarca en Curamichate (Edo. Falcón), se apodera de San Felipe y San Carlos, incorpora a su ejército numerosos contingentes mandados por aquellos jefes y se presenta ante Caracas, que toma a viva fuerza el 27 de abril. Este día se convierte en la fecha genésica de la que a partir de entonces Guzmán Blanco y sus partidarios llamarán la Revolución de Abril. Esta conquista militar de Caracas inicia el período guzmancista que, con algunos lapsos de reacción política e interinarias se prolongará hasta 1888.
Durante esos 18 años, la vida de Guzmán Blanco estará entrelazada con sus actividades de gobernante. Como tal, se hará llamar El Ilustre Americano y un historiador moderno, R.A. Rondón Márquez, lo ha calificado como «…el autócrata civilizador…» Sus 3 períodos de gobierno son conocidos como el Septenio (1870-1877), el Quinquenio (1879-1884) y el Bienio (1886-1888) aunque éste último no lo completó. Ejerce el poder como caudillo triunfante desde abril de 1870 hasta que el Congreso de Plenipotenciarios convocado por él se reúne en Valencia y lo elige presidente interino de la República el 13 de julio del mismo año. Durante todo el resto de 1870 y a lo largo de 1871, se pone frecuentemente en campaña para combatir a los conservadores o Azules, cuya derrota definitiva ocurre en Caño Amarillo, en el Apure (5.1.1872). Poco después, en marzo, se rebela su copartidario el general Matías Salazar, quien es perseguido, capturado, juzgado por un Consejo de Guerra, condenado a muerte y fusilado el 17 de mayo de 1872 después de haber confirmado Guzmán Blanco la sentencia. A la vez que guerreaba, había dictado el decreto del 27 de junio de 1870 que establecía la educación primaria gratuita y obligatoria, y entrado en conflicto en septiembre del mismo año con la Iglesia católica, al ser expulsado de Venezuela el arzobispo Silvestre Guevara y Lira; en septiembre de 1872 extinguirá los seminarios y en mayo de 1874 los conventos de monjas. Entre tanto, el 1 de enero de 1873 puso en vigencia la Ley de Registro Civil y la de Matrimonio Civil; y aunque desde 1867 había contraído matrimonio eclesiástico, cumplió sus propias normas de gobernante al casarse de nuevo civilmente con Ana Teresa Ibarra el 14 de febrero de 1873. El 15 de abril de este mismo año el Congreso Nacional lo elige presidente constitucional por 4 años, y el 19 le da el título de Ilustre Americano Regenerador de Venezuela. Durante el Septenio reorganiza la Hacienda Nacional, promueve la formación de una Compañía de Crédito particular que hace negocios con el Estado (y de la cual él es uno de varios accionistas), realiza numerosas obras públicas, con la cooperación de las juntas de fomento o directamente a través del Ministerio de Obras Públicas, creado por él en 1874: carreteras, vías férreas, Capitolio y Palacio Federal, acueductos, cementerios, puentes, muelles, balneario de Macuto, basílica de Santa Ana y Santa Teresa, Templo Masónico de Caracas, fachada y paraninfo de la Universidad entre muchos otros. Manda también levantar en 1873 el I Censo Nacional y dispone la redacción de la Codificación Nacional. Transforma la antigua iglesia caraqueña de la Santísima Trinidad en Panteón Nacional (1874-1875). El 7 de noviembre de 1874 inaugura en la plaza Bolívar de Caracas la estatua ecuestre del Libertador que hoy existe en ella. En 1875 (28 octubre) y 1876 (1 enero) se inaugurarán en la capital 2 estatuas del propio Guzmán Blanco, una ecuestre entre la Universidad y el Capitolio y otra pedestre en la colina de El Calvario, decretadas, respectivamente, por el Congreso Nacional y por el Concejo Municipal de Caracas. Durante el Septenio, después de la derrota de los Azules y de la ejecución de Salazar, sólo tuvo que enfrentar 2 alzamientos simultáneos, pero mal coordinados, a fines de 1874: el del general León Colina en Coro y el del general José Ignacio Pulido en el oriente; ambos habían sido debelados en febrero de 1875. En 1876, coincidiendo casi con la inauguración del Templo Masónico de Caracas por Guzmán Blanco el 27 de abril, el Congreso Nacional debatió en mayo un proyecto para crear en Venezuela una Iglesia separada de la obediencia del Papado; Antonio Leocadio Guzmán escribió artículos promoviendo esa idea y su hijo el presidente publicó entonces el folleto titulado Independencia de la Iglesia venezolana de la Curia romana; pero en junio la crisis se resolvió con el nombramiento de un nuevo arzobispo, José Antonio Ponte, que sería consagrado meses después. El 28 de octubre de 1876 los restos mortales del Libertador, que reposaban en la capilla de la Santísima Trinidad de la catedral de Caracas, fueron conducidos solemnemente al Panteón Nacional. En diciembre del mismo año la Universidad Central de Venezuela le confirió a Guzmán Blanco, egresado de sus aulas como licenciado, el título honorario de doctor en derecho. Cuando se acercaba ya el fin de su presidencia, la Universidad lo eligió rector, cargo que duraba un trienio, del cual se posesionó el 5 de enero de 1877; de hecho, sus funciones fueron ejercidas por el vicerrector, el letrado Nicanor Borges. El 20 de febrero de 1877, día en que concluía su mandato, hizo entrega de la presidencia de la República al presidente de la Alta Corte Federal, de manos de quien la recibió pocos días después el general Francisco Linares Alcántara.
Nombrado ministro plenipotenciario ante varios gobiernos europeos, Guzmán Blanco emprende viaje con su familia el 18 de mayo de 1877; poco después, desde París, al observar los síntomas de la reacción que se manifiestan en Venezuela, renuncia al cargo diplomático. Establecido en la capital francesa, redacta su escrito En defensa del Septenio, que publicará en esa ciudad en 1878, y lleva una vida privada. En enero de 1879, después de recibir la noticia de que ha muerto el presidente Linares Alcántara, se entera de que sus estatuas han sido derribadas en Venezuela. Llamado por sus partidarios, quienes han iniciado la reacción a su favor, decide regresar. En un manifiesto a sus compatriotas, impreso en París en 1879, les recomienda convocar un Congreso de Plenipotenciarios para darle una nueva Constitución al país inspirándose en «…las instituciones de la libre y feliz Suiza…» El 21 de febrero de ese año desembarca en Puerto Cabello y de allí pasa a Valencia y luego a Caracas, donde asume el mando como director supremo de La Reivindicación; en todas partes es aclamado. Se inicia así el Quinquenio. Poco después publica en Caracas una hoja suelta titulada Para mis hijos: lista de los enemigos de mi nombre y de mi gloria, que (...) derribaron (...) las estatuas que me habían levantado la gratitud de los pueblos de Venezuela. El Congreso de Plenipotenciarios lo designa presidente de la República provisional el 10 de mayo y lo autoriza para volver a Europa a fin de traer a su familia. Antes de partir, había dividido el territorio nacional en 5 delegaciones militares, al frente de cada una de las cuales puso a un amigo probado: los generales Joaquín Crespo, Gregorio Cedeño, Jacinto Lara, hijo, Juan Bautista Araujo y José Eusebio Acosta. El 6 de junio se embarca para Francia. Poco después de su llegada a París es recibido por el presidente de la República Jules Grévy. En septiembre de ese año asiste en Bruselas (Bélgica) al Congreso de Americanistas como invitado de honor. Mientras está en Europa, sus estatuas son colocadas de nuevo en sus lugares el 28 de octubre de 1879. El 23 de noviembre siguiente desembarca en La Guaira con su esposa, hijos y acompañantes, y a comienzos de diciembre reasume la presidencia. Domina con dureza algunos alzamientos menores (como el del general José Pío Rebollo en Ciudad Bolívar) y desbarata una conspiración para asesinarle. El 13 de marzo de 1880 el Congreso Nacional lo elige presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela. Durante el Quinquenio, las principales medidas de gobierno adoptadas por Guzmán Blanco fueron: la creación del bolívar de plata como unidad monetaria nacional (31.3.1879); la edición de las Memorias del general O'Leary; la aprobación de la Constitución de 1881, llamada «Suiza»; la declaratoria oficial del Gloria al Bravo Pueblo como himno nacional (1881); la realización del II Censo Nacional (1881); la firma en Caracas de un acuerdo con Colombia para someter al arbitraje del rey de España Alfonso XII la cuestión de límites (1881); la conmemoración del centenario del nacimiento del Libertador (1883); la inauguración del ferrocarril Caracas-La Guaira (1883); la instalación de la Academia Venezolana de la Lengua (1883), además de la construcción de numerosas obras públicas, entre ellas la iniciación de varias líneas férreas en diversas regiones del país. En Caracas y Maracaibo se inauguraron, respectivamente, el teatro Guzmán Blanco (hoy Municipal) y el teatro Baralt. En la capital son bendecidos la segunda sección de la basílica de Santa Ana y Santa Teresa y el templo de la Santa Capilla. Se introduce el teléfono, poniendo en servicio la línea Caracas-La Guaira. Guzmán Blanco promovió durante esos años, como lo había hecho en su anterior mandato, la educación popular, las bellas artes y la publicación de libros. Notable fue la Exposición Nacional abierta en Caracas con motivo del centenario del nacimiento del Libertador, en 1883. La intervención personal del presidente en la sesión inaugural de la Academia de la Lengua, en la cual pronunció un discurso en su calidad de director de la misma, provocó una polémica literario-política con varios autores.
El 13 de febrero de 1882 el Consejo Federal (de acuerdo con la Constitución entonces vigente) lo había elegido presidente de la República para el bienio 1882-1884. Al expirar su mandato, influyó para que su sucesor durante el bienio 1884-1886 fuese el general Joaquín Crespo, a quien entregó el poder el 27 de abril de 1884. Nombrado, una vez más, ministro plenipotenciario ante varios gobiernos europeos, salió con su familia el 2 de junio de ese año. A fines de agosto llegó a Europa, después de haber hecho escala en Estados Unidos, fijando su residencia en Londres, donde presentó poco después sus credenciales a la reina Victoria y recibió, a fines de 1884, la noticia de que su padre había muerto en Caracas el 13 de noviembre. En Londres publicó en 1885 el libro El Libertador de la América del Sur, en defensa de la memoria de Bolívar que, juzgó, había sido irrespetada por el escritor argentino Pedro S. Lamas en su novela Silvia. Por esos días circuló una carta de Guzmán Blanco dirigida al periodista argentino Héctor F. Varela, amigo suyo residente en Europa, en la cual analizaba la situación política venezolana. Durante su ausencia renacían las críticas contra su política: una de las más llamativas fue la velada de la noche de Santa Florentina, celebrada en Caracas el 14 de marzo de 1885 por un grupo de jóvenes estudiantes que, so capa de honrar al desquiciado poeta popular Francisco Antonio Delpino y Lamas, hicieron una despiadada burla de Guzmán Blanco como escritor y como hombre público, que continuaron por la prensa con la publicación del libro La Delpiniada y el periódico El Delpinismo. Mientras tanto, Guzmán Blanco continuaba su actividad diplomática en Europa, a la vez que movía sus influencias en Venezuela a fin de ser elegido presidente para el período 1886-1888, aunque sin reconocerlo públicamente. En Londres, a comienzos de 1885, contrata con una empresa británica la construcción del ferrocarril Valencia-Puerto Cabello, que fue aprobado en abril por el Congreso Nacional. En noviembre de ese año viaja a Madrid para asistir en nombre de la República a los funerales de Alfonso XII. Allí conferencia con las autoridades sobre el arbitraje en el asunto de límites con Colombia, es homenajeado por Varela con un banquete al cual asiste, entre otros, el tribuno español Emilio Castelar, y es recibido por la Real Academia Española de la Lengua. En 1886 se instala en París, donde conferencia con el diplomático colombiano Carlos Holguín sobre el asunto de límites. También se dirige al Gobierno británico para pedir el cese de la ocupación ilegal de territorio venezolano por las autoridades y colonos de la Guayana Inglesa.
Entre tanto, en Venezuela, el movimiento pacífico de La Aclamación triunfa y Guzmán Blanco es elegido presidente de la República el 27 de marzo de 1886 por el Consejo Federal reunido en Caracas. Llega el 27 de agosto a La Guaira; con él desembarcan, además de su esposa Ana Teresa, su hija Carlota Guzmán Ibarra y su esposo el duque de Morny, con quien había casado en París. Guzmán Blanco toma posesión el 15 de septiembre de ese año. Se inicia así su período de gobierno llamado el Bienio, el cual, en la práctica, ejercerá menos de un año. Entre las principales actividades públicas desarrolladas en ese lapso figuran: la inauguración de la Casa de la Moneda (o Cuño) de Caracas (1886); el rompimiento de relaciones diplomáticas con Inglaterra, al negarse esta nación a evacuar el territorio que ocupaba entre el Amacuro y el Pomerón (1887); la creación de la Imprenta Nacional (1887) y la iniciación o inauguración de algunas obras públicas, tales como puentes y acueductos, en la capital y otras poblaciones; la construcción de vías férreas se aceleró también. Pero la actividad partidista acaparó la mayor parte de su tiempo. Hubo una conjura para asesinarlo hacia marzo de 1887 y poco después se produjo su ruptura política con el general Crespo. Los jóvenes de La Delpiniada volvieron a publicar su periódico El Delpinismo y otros más agresivos, agrupados en el Partido Nacional Democrático, editaron el diario El Yunque, abiertamente antiguzmancista. A consecuencia de estos hechos, y especialmente de la actitud de Crespo, decidió retirarse momentáneamente de la escena política.
El 8 de agosto de 1887 entregó el poder al general Hermógenes López (a quien le correspondía sucederle interinamente por estar a la cabeza del Consejo Federal), y el 11 salió hacia Europa, vía Nueva York, con su familia. Una vez más lleva la investidura de ministro plenipotenciario en varios países de Europa y también la de agente confidencial en Inglaterra, nación con la cual seguían rotas las relaciones diplomáticas. Guzmán Blanco se instala en París, y desde allí envía al Museo Nacional varios objetos históricos que pertenecieron al Libertador, entre ellos la medalla de Boyacá. Desde mediados de 1887 hasta julio de 1889, sin dejar de atender otros asuntos diplomáticos (como el del arbitraje español en el litigio fronterizo con Colombia), concentra sus esfuerzos en el conflicto de Venezuela con Inglaterra por los límites con su colonia guayanesa. Valiéndose de intermediarios, plantea al Gobierno de Londres que la frontera debe fijarse en el río Esequibo. Mientras tanto, se esfuerza en mantener su influjo político en Venezuela a través de su correspondencia con el nuevo presidente de la República Juan Pablo Rojas Paúl, y otros personajes, así como mediante documentos públicos como su manifiesto A la nación, impreso en París en 1889. Ese año aparece en la misma ciudad su folleto Apoteosis del general Páez, en el cual alaba las hazañas militares del difunto prócer pero critica su actuación política. En julio de 1889, después de un conflicto con el gobierno de Rojas Paúl, renuncia a sus cargos diplomáticos. En octubre, sus estatuas son demolidas de nuevo en Caracas. Guzmán Blanco quien no regresará más a Venezuela, fija su residencia en Francia. Hacia 1888 su fortuna era calculada en unos 100.000.000 de francos. Se dedica, al parecer, a escribir sus memorias (cuyo paradero se ignora hoy) y entre 1890 y 1896, publica varios folletos sobre la cuestión de límites, especialmente los de Guayana. En 1894 ven la luz en París sus libros En defensa de la causa liberal y Muerte del general Ezequiel Zamora. En 1896 vuelve sobre este tema con su obra Exhumación y apoteosis del general Ezequiel Zamora. Sus últimos años transcurren en París, donde aún reposan sus restos en el cementerio, cerca de Trocadero. M.P.V. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Francisco Linares Alcántara: Altagracia de Orituco (Edo. Guárico) 18.3.1876 _ Caracas, 30.4.1958
Militar y político. Hijo del general Francisco Linares Alcántara, quien fue presidente de la República (1877-1878) y de Belén Estévez Yánez; es conocido como «Panchito» para diferenciarlo de su padre. Realizó sus estudios primarios y secundarios en Caracas, en los colegios Venezuela, Santa María y La Verdad. En 1891, es enviado a Estados Unidos, donde ingresa en la Academia Militar de West Point, graduándose en la promoción del año 1897. A su regreso a Venezuela, es nombrado jefe del cuerpo auxiliar de artillería de la Guardia de Honor por el presidente Ignacio Andrade (1898). Participa en la batalla de Tocuyito librada contra las tropas de la Revolución Restauradora (14.9.1899), siendo su actuación en esa oportunidad al frente del cuerpo de artillería motivo de controversia al errar los disparos de los cañones. Unido al régimen de Cipriano Castro, es nombrado jefe del Estado Mayor de la división «Caracas» (abril 1900) y presidente provisional del estado Aragua (octubre 1900). Confirmado en este último cargo (1901-1907), dirige la expedición contra el general Nicolás Rolando (enero 1902) y se distingue en los combates contra la Revolución Libertadora (1901-1903). Asesora la organización de la nueva Academia Militar (1904). Figura clave del proceso de La Aclamación (1906) y del movimiento de La Conjura (1907) donde se le opone a Juan Vicente Gómez como posible candidato para una eventual sucesión presidencial; es removido del estratégico estado Aragua y transferido a la presidencia del estado Bolívar (diciembre 1907). A pesar de habérsele enfrentado durante La Conjura, Linares Alcántara acompaña a Juan Vicente Gómez en el golpe de Estado del 19 de diciembre de 1908 y es recompensado con la cartera de Relaciones Interiores que ocupa hasta abril de 1912. Su influencia, junto con la del doctor y general Leopoldo Baptista, es decisiva en los primeros años del nuevo régimen, llegándose a considerar a Gómez como un instrumento en manos de ambos. Los acontecimientos del año 1913 marcan un nuevo rumbo; involucrado en la conspiración del general Román Delgado Chalbaud, Linares Alcántara logra escapar al arresto, marchándose al exilio (abril 1913). En París, se une a la Expedición del Falke promovida por Román Delgado Chalbaud (julio-agosto 1929) y participa en la invasión a Cumaná; fracasada la operación, va nuevamente al exilio. Representante más destacado de un «antigomecismo» puramente personal y sin orientación política definida, Linares Alcántara es visto con desconfianza y criticado con dureza por la joven generación de opositores al régimen. Regresa a Venezuela en 1936 y colabora con el gobierno del presidente Eleazar López Contreras como diplomático y como presidente del estado Aragua, retirándose posteriormente de toda actividad pública. F.P. (Fuente enciclopedia Polar).

Joaquín Crespo: San Francisco de Cara (Edo. Aragua) 22.8.1841 _ La Mata Carmelera (Edo. Cojedes) 16.4.1898
Caudillo militar, político y 2 veces presidente de la República. Hijo de Leandro Crespo y de María Aquilina Torres. Vivió su juventud en Parapara, pueblo llanero del Guárico, donde aprendió a leer y escribir. En la carrera de las armas, cumplió la hazaña propia de los guerreros venezolanos del siglo XIX: marzo de 1858, soldado raso en el Guárico bajo las órdenes del coronel José de Jesús González, el Agachado, Donato Rodríguez y Zoilo Medrano; agosto de 1859, cabo; en octubre de 1859, sargento; marzo de 1860, oficial; 1861, segundo comandante; 1862, primer comandante; 1863, coronel; 17 de marzo de 1864, general de brigada. Se casó el 18 de septiembre de 1864, en Parapara, con Jacinta Parejo, viuda de Ramón Silva. Diputado a la Asamblea Legislativa del estado Guárico (1864), es diputado principal por el mismo estado en el Congreso Nacional (1865-1868). Vuelve a tomar las armas en contra de la Revolución Azul (1868-1870) y se destaca como uno de los seguidores del presidente Antonio Guzmán Blanco, quien lo asciende al grado de general en jefe de los Ejércitos de Venezuela (4.12.1871). Ese mismo año había sido jefe civil y militar del Guárico (1871). Presidente del estado (1874) y segundo designado a la Presidencia de la República (16.4.1873), asume el cargo de ministro de Guerra y Marina (14.8-2.9.1876 y 9.12.1876-4.1.1877) quedando encargado del Poder ejecutivo en 2 oportunidades (9.12.1876-14.12.1876; 10.4.1877-20.4.1877). Figura clave en el movimiento Reivindicador que propugna el retorno de Guzmán Blanco al poder (1879), es nombrado jefe civil y militar del Territorio Federal Maracay (1880) y presidente del estado Guzmán Blanco (1882). Postulado como candidato para la sucesión presidencial por Guzmán Blanco, Crespo es elegido por el Consejo Federal para la Primera Magistratura (14.4.1884), de acuerdo con el artículo 62 de la Constitución de 1881. El 27 de abril, presta juramento ante el Congreso. Será presidente hasta el 27 de abril de 1886, cuando, cumplidas las formalidades, vuelve a entregar la presidencia al mismo Guzmán Blanco, a través de su representante Manuel Antonio Diez. El Congreso premia su lealtad con el título de Héroe del Deber Cumplido, otorgado el 29 de abril de 1886. En 1888, ante la política de reacción antiguzmancista propiciada por el nuevo presidente Juan Pablo Rojas Paúl, Crespo decide viajar a Trinidad donde prepara un alzamiento. La intentona fracasa y junto con sus seguidores, es arrestado a bordo de la goleta Ana Jacinta (2.12.1888) y trasladado a La Rotunda, de donde sale a los pocos días, rumbo al exilio (1889-1890). Senador por el estado Guárico (1890-1892), se opone al movimiento continuista del presidente Raimundo Andueza Palacio y lidera la llamada Revolución Legalista (marzo-octubre 1892). El 7 de octubre ocupa a Caracas, y actúa como jefe del Poder Ejecutivo Nacional. El 16 de junio de 1893, pone el Ejecútese a una nueva Constitución que establece (artículo 63) votación directa y secreta, además de períodos de 4 años (artículo 71). En febrero de 1894, las elecciones dan 349.447 votos a favor de Crespo, quien se juramenta el 14 de marzo y gobierna hasta el 20 de febrero de 1898. Sobrio, abstemio, cojo de la pierna derecha por herida de guerra, fiel a Misia Jacinta, no muy escrupuloso en el manejo de los dineros públicos, Crespo se convirtió en el jefe supremo del Partido Liberal Amarillo y dominó la vida política de Venezuela en la última década del siglo XIX. En 1897, apoya la candidatura del general Ignacio Andrade para las elecciones presidenciales. La victoria de éste, como resultado de un fraude electoral, provoca el alzamiento del general José Manuel Hernández, el Mocho. Crespo decide sofocar personalmente la rebelión y es ultimado por un francotirador en el sitio de La Mata Carmelera (Edo. Cojedes). Masón en grado 33 y gran maestro del Gran Oriente. Sus restos reposan en el Cementerio General del Sur en Caracas, desde el 24 de abril de 1898. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Juan Pablo Rojas Paúl: Caracas, 26.11.1826 _ Caracas, 22.7.1905
Abogado y político. Presidente de la República (1888-1890). Fundador de la Academia Nacional de la Historia. Hijo de José Isidro Rojas y de Mercedes Paúl. Realiza sus estudios primarios y secundarios en Valencia; cursa la carrera de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Durante sus estudios él y varios jóvenes más fundan la Academia de la Historia, institución privada de breve duración de la cual es presidente en 1849. Se gradúa de licenciado en derecho civil en 1852, y ejerce su profesión en Caracas (1853-1854). Jefe de sección del Ministerio del Interior y Justicia (1854), se encarga de ese despacho en 1855. Gobernador de la provincia de Caracas (1856-1857), regenta la cátedra de Gramática Castellana en el Colegio Nacional de Niñas de Caracas, pasando luego a regentar las cátedras de Economía Política y Derecho Canónico en la Universidad Central. Ministro de la Corte Superior de Justicia del estado Bolívar (1868), es nombrado ministro del Interior y de Justicia (1869), y posteriormente ministro de Relaciones Exteriores y auditor de guerra en el gobierno de «los azules» (1869-1870). Durante el Septenio guzmancista, es nombrado fiscal general de Hacienda (1873-1876), ministro de Relaciones Interiores y comisionado nacional a Haití (1876). Miembro de la Alta Corte Federal (1877), asume la Cartera de Hacienda (1879-1884) y es senador suplente por el Gran Estado Guzmán Blanco (1882-1885). Administrador de la aduana de La Guaira (1886-1887), senador por el estado Lara y presidente del Senado (1887-1888), vuelve a asumir la Cartera de Hacienda (1887-1888). Miembro del Consejo Federal, es elegido por el Congreso, a proposición de la Convención reunida en Valencia, para desempeñar la presidencia de la República durante el bienio 1888-1890, tomando posesión el 5 de julio de 1888. Su período de gobierno marcó la reacción definitiva contra el poder ejercido desde 1870 por Antonio Guzmán Blanco y reorientó los destinos del Partido Liberal Amarillo durante la última década del siglo XIX. En su condición de presidente de la República decreta, el 28 de octubre de 1888, la fundación de la Academia Nacional de la Historia, institución de la cual es elegido primer director y que instala el 8 de noviembre de 1889 pronunciando un discurso en el cual hace un recuento de la producción historiográfica venezolana desde la Independencia. Al acercarse el fin del período presidencial de Rojas Paúl, toma fuerza la candidatura del también abogado Raimundo Andueza Palacio, quien es elegido para sucederle por el Consejo Federal el 6 de marzo de 1890, y se posesiona de inmediato de la presidencia de la República. Designado presidente del estado Carabobo (1890), fue enviado al exilio por su sucesor, al oponerse Rojas Paúl a las pretensiones continuistas de Andueza (1891). Regresa a Venezuela a mediados de 1892 al ser considerada su candidatura presidencial como una posible alternativa política después de la renuncia de Andueza, pero debe plegarse a la voluntad del nuevo caudillo de la Revolución Legalista, Joaquín Crespo. Candidato presidencial en las elecciones de 1897, en las cuales triunfó el general Ignacio Andrade, Rojas Paúl sirve posteriormente como ministro de Hacienda en el último gabinete nombrado por el general Víctor Rodríguez antes de la entrada a Caracas de Cipriano Castro (20-23.10.1899). Diputado por el Distrito Federal y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (1901), es senador principal por el estado Cojedes (1902-1904), senador principal por el estado Bolívar (febrero 1905) y miembro del cuerpo electoral que elige a Cipriano Castro presidente de la República para el período 1905-1909 (abril 1905). Después de su muerte, la Academia Nacional de la Historia ha dejado perpetuamente vacante el sillón letra A de la institución, que ocupó Rojas Paúl, en homenaje a su memoria. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Raimundo Andueza Palacio: Guanare (Edo. Portuguesa) 6.2.1846 _ Caracas, 17.8.1900
Abogado, militar y político. Presidente de la República (19.3.1890-17.6.1892). Hijo de Raimundo Andueza y de Carolina Palacio. Estudió en el colegio de Guanare primaria y bachillerato, graduándose de bachiller en ciencias filosóficas en 1861. Edecán y luego secretario del presidente Juan Crisóstomo Falcón (1866), fue secretario del Concejo Municipal de Caracas (1868) y sirvió bajo las órdenes del general Manuel Ezequiel Bruzual durante la Revolución Azul de 1868. Casado el 4 de marzo de 1872 con Isabel González Esteves, prima hermana de Belén Esteves, esposa del futuro presidente Francisco Linares Alcántara, Andueza Palacio cursó la carrera de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Abogado ante la Corte Suprema del Distrito Federal (15.4.1874) y doctor en jurisprudencia (derecho civil) (19.4.1874), fue diputado por el estado Aragua de 1873 a 1876. Presidente del Congreso (1876) y ministro de Relaciones Exteriores con Linares Alcántara (marzo 1877) pronuncia el discurso de despedida a Antonio Guzmán Blanco en La Guaira, el 18 de mayo de 1877. Encargado del Poder Ejecutivo por ausencia de Linares Alcántara (agosto 1877) es senador por el estado Portuguesa. Ministro de Hacienda (1877-1878), figura como candidato a la presidencia para el período 1879-1881. Exiliado político durante los días de la Revolución Reivindicadora (de junio a fines de 1878) ocupa nuevamente el cargo de ministro de Hacienda (febrero 1879). Incorporado al Consejo de Administración (mayo 1879) es senador en 1880 y de 1886 a 1889. Consejero federal por el estado Zamora (1886-1888), ministro de Instrucción Pública (22.5.1889), ministro de Relaciones Interiores (1889-1890). Es diputado por el estado Zamora y presidente de la Cámara (1890). Miembro del Consejo Federal por el estado Zamora (1890), es elegido presidente de la República por dicho consejo el 7 de marzo de 1890, y se juramenta el 19. Su período constitucional terminaba el 20 de febrero de 1892; pero en un intento reformista, para prolongar el período por 2 años más, se mantuvo en el poder hasta el 17 de junio de 1892; cuando entregó el mando obligado por las presiones como consecuencia del alzamiento del general Joaquín Crespo (marzo 1892), a Guillermo Tell Villegas, presidente del Consejo Federal, y se fue del país exiliado (1892-1898). Regresó a Venezuela a raíz de la muerte de Crespo (abril 1898) y se incorporó como ministro de Relaciones Exteriores (23.10.1899-31.7. 1900) al primer gabinete del presidente Cipriano Castro. Fue masón en grado 33 y canciller en el Supremo Consejo Confederado de la Masonería (1885-1888). (Fuente: Enciclopedia Polar).

Ignacio Andrade: ¿Mérida? (Edo. Mérida) ¿31.7.1839? _ Macuto (Distrito Federal) 17.2.1925
Militar y político, presidente de la República (1898-1899). Fue su padre el general José Escolástico Andrade, zuliano de Los puertos de Altagracia, miembro del Ejército Libertador desde 1820, presente en Carabobo, Junín y Ayacucho; su madre, Juana Troconis, era merideña. El lugar y fecha de su nacimiento no se ha podido precisar porque su fe de bautismo no ha sido localizada. A fines del siglo XIX se decía reiteradamente que Andrade había nacido en el estado Zulia e incluso la Cancillería venezolana publicó su biografía en una revista española de 1897, afirmando que «…nació en Maracaibo el 31 de julio de 1839…» Igualmente lo señaló Juan Antonio Lossada Piñérez en su obra Hombres notables de la Revolución del 92 en Venezuela, publicada en Caracas entre 1893 y 1895. Sin embargo, su partida de defunción, localizada en el Registro Principal de Caracas, señala que «…según informaciones aportadas por su hijo José Andrade, de 35 años de edad, el general Andrade era natural de Mérida (...) y había (...) fallecido a los 85 años de edad…» Presidente del estado Falcón (1883-1885), contrajo matrimonio con María Isabel Sosa Saa (14.2.1885). Senador por el estado Falcón, que comprendía entonces los territorios actuales de Falcón y Zulia (1886), ejerció los cargos de gobernador del Distrito Federal (octubre 1892), ministro de Instrucción Pública (marzo 1893), diputado por el Gran Estado Miranda (abril 1893), ministro de Obras Públicas (junio 1893) y presidente del Gran Estado Miranda (1894-1897). Fue el candidato oficial del gobierno de Joaquín Crespo en las elecciones del 1 de septiembre de 1897. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel Hernández, el Mocho, quien logró 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. Asumió la primera magistratura el 20 de febrero de 1898 y se mantuvo en ella hasta el 19 de octubre de 1899: un año, 7 meses y 27 días, de los 4 años del período constitucional; lo derrocó la Revolución Liberal Restauradora y su caudillo Cipriano Castro. Tuvo que enfrentar, en primer lugar la maquinaria política organizada por Crespo para asegurar su caudillismo; luego, el alzamiento del general José Manuel Hernández, el Mocho, contra el fraude electoral; alzamiento que duró desde el 23 de febrero hasta el 12 de junio de 1898, cuando Hernández cayó prisionero en el sitio de La Hacha (Edo. Cojedes); en uno de los combates contra esta revolución, en el sitio llamado La Mata Carmelera, murió Crespo, el 16 de abril de 1898, antes de que Hernández fuera derrotado por el general Ramón Guerra, quien también se alzó posteriormente. Además tuvo Andrade que enfrentar dificultades económicas, la desconfianza de los políticos, la oposición a reformas constitucionales y también una epidemia de viruela. Cuando abandonó Caracas, el 19 de octubre de 1899, salió exiliado a Puerto Rico. Allí escribió unas páginas para la historia que tituló ¿Por qué triunfó la Revolución Restauradora?, publicadas 30 años después de su muerte (1955). Amnistiado (19.11.1903), sirvió al gobierno de Cipriano Castro como ministro de Venezuela en Cuba y como superintendente de la Renta de Licores en el Distrito Federal (diciembre 1907). También sirvió al régimen de Juan Vicente Gómez de quien fue consuegro, como ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917) y de Relaciones Interiores (1917-1922), en los gabinetes ejecutivos de Victorino Márquez Bustillos. Fue masón en grado 33. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Cipriano Castro: Capacho (Edo. Táchira) 12.10.1858 _ Santurce (Puerto Rico) 4.12.1924
Militar y político. Encargado del Poder ejecutivo y presidente de la República (1899-1908). Hijo de José del Carmen Castro y de Pelagia Ruiz. Su padre era un agricultor de mediana posición. Recibe la instrucción que entonces se juzga adecuada a los vástagos de la clase media tachirense, cuyas relaciones mercantiles y familiares con Colombia, en especial con Cúcuta y con la próxima región de Santander, son particularmente estrechas. Después de realizar sus primeros estudios en su pueblo natal y en la ciudad de San Cristóbal, prosigue su formación en el Colegio Seminario de Pamplona, Colombia (1872-1873). Pero allí no se aproxima únicamente a las materias propias de la disciplina religiosa. Desatiende la educación formal para iniciarse en el conocimiento de los postulados del movimiento liberal colombiano. No sólo examina los escritos de sus dirigentes más progresistas, entre ellos el poeta y panfletario José María Vargas Vila, sino que asiste como espectador a las concentraciones masivas del partido. Abandona la carrera eclesiástica para retornar a San Cristóbal, donde empieza a trabajar como dependiente de la casa Van Dissel, Thies y Cía. Sin embargo, pronto comienza a incursionar en la política. En 1876 se opone a la candidatura del general Francisco Alvarado a la presidencia del estado Táchira. En 1878 trabajaba como administrador del periódico El Álbum cuando participó en la toma de San Cristóbal junto con un grupo de autonomistas que se rehusaban a someterse a la autoridad del nuevo presidente del estado. En 1884, un incidente de carácter personal que lo enfrenta al cura párroco de Capacho, el padre Juan Ramón Cárdenas, causa su encarcelamiento en el retén de San Cristóbal de donde se fuga, a los 6 meses, para refugiarse en Cúcuta. Allí conoce a su futura esposa, la joven Zoila Rosa Martínez, doña Zoila, como es recordada en la historiografía popular venezolana. En junio de 1886 regresa al Táchira, acompañando las fuerzas invasoras de los generales Segundo Prato, Buenaventura Macabeo Maldonado y Carlos Rangel Garbiras quienes, una vez más, enarbolan la bandera autonomista frente a los atropellos del gobernador de la sección Táchira del gran estado Los Andes, general Espíritu Santo Morales. Le toca derrotar al coronel Evaristo Jaimes en Capacho Viejo y al propio gobernador Morales en Rubio. Ascendido al grado de general, Cipriano Castro comienza a destacarse dentro de la política local del gran estado Los Andes. Según lo refiere la tradición histórica, es durante el entierro de Evaristo Jaimes, quien había muerto en el combate, cuando conoce a Juan Vicente Gómez, su futuro compadre y compañero de aventuras. En 1888, cuando Carlos Rangel Garbiras es designado presidente del gran estado Los Andes, Castro accede a la gobernación de la sección Táchira, posición desde la cual se hace de una mayor clientela. Su fama sigue en ascenso cuando, en 1890, se encarga de la Comandancia de Armas y posteriormente, cuando es electo diputado por la sección Táchira al Congreso Nacional. Para la fecha, ya ha forjado estrecha amistad con Juan Vicente Gómez. La actuación de Castro en el Parlamento lo da a conocer en los cenáculos de mayor audiencia nacional y le permite vincularse al círculo del entonces presidente Raimundo Andueza Palacio, de cuya causa continuista se convierte en entusiasta seguidor. Con el objeto de apoyar de manera efectiva el proyecto de Andueza, regresa al Táchira en marzo de 1892. Merced a la colaboración de Juan Vicente Gómez, Emilio Fernández y Francisco antonio Colmenares Pacheco, organiza un ejército para enfrentarse a la Revolución Legalista que se ha fomentado en todo el país contra la política oficial. Realiza entonces una campaña militar que comienza por la derrota de 2.000 hombres mandados por Espíritu Santo Morales y Eliseo Araujo. Luego de exitosos combates en Palmira y San Juan de Lagunillas, entra a Mérida con la intención de marchar hacia Caracas, pero el avance de Joaquín Crespo contra las tropas anduecistas, indicativo de una masiva victoria de la revolución, lo obliga a abandonar. Marcha al exilio y permanece 7 años (1892-1899) en la hacienda Los Vados, en las cercanías de Cúcuta, mientras Juan Vicente Gómez se establece en una finca vecina. Desde el ostracismo, contempla la descomposición del liberalismo tradicional y desarrolla una activa campaña publicitaria, con el objeto de presentarse como una opción política ante la crisis nacional. Ya a mediados de 1898, el partido castrista se moviliza en todo el Táchira en procura de mayores apoyos para su líder, cuyo nombre sugiere para la presidencia del estado. A medida que aumenta la desestabilización del nuevo gobierno de Ignacio Andrade, crece el dinamismo de los partidarios de Castro, que a la postre se convierten en Comité Revolucionario. A principios de 1899 se aproxima a Rangel Garbiras, quien también se encontraba exiliado, buscando una acción conjunta, pero no se logra el acuerdo entre ambos hombres. Castro resuelve entonces organizar un movimiento revolucionario bajo su comando exclusivo, con la colaboración de Juan Vicente Gómez, Manuel Antonio Pulido, Froilán Prato, Emilio Fernández, Régulo Olivares y Santiago Briceño Ayesterán, entre otros oficiales de confianza. Así forja la Revolución Liberal Restauradora, que comienza con la invasión del territorio nacional, el 23 de ma -yo de 1899. En adelante, Castro realiza una campaña en la cual destacan los siguientes hechos armados: Tononó (24.5.1899), Las Pilas (27.5.1899), El Zumbador (9.6.1899), Cordero (28.6.1899), Tovar (6.8.1899), Parapara (26.8.1899), Nirgua (2.9.1899) y Tocuyito (14.9.1899). El presidente Andrade abandona el país por el incontenible avance del «Restaurador», quien entra a Caracas el 22 de octubre de 1899 para convertirse en primer magistrado hasta diciembre de 1908. Durante su gobierno se destacan: la Revolución Libertadora (1901-1903); el bloqueo de las armadas de Inglaterra, Alemania e Italia a los puertos venezolanos (diciembre 1902-febrero 1903) que motivó la célebre proclama «Venezolanos, la planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria»; los juicios contra varias de las empresas extranjeras que operaban en el país; el movimiento de La Aclamación (1906) y La Conjura (1907). En las manos de Castro se liquidan los centros dispersos de poder político y se prepara el advenimiento de un gobierno plenamente autoritario. Pero, a la vez, protagoniza un proceso de deterioro moral que trastorna la marcha del gobierno, provoca la escisión entre sus partidarios y origina fuertes reacciones de gobiernos extranjeros. Debido a su salud minada por toda clase de excesos, Cipriano Castro viaja a Europa en noviembre de 1908 con el objeto de someterse a una riesgosa operación quirúrgica en Alemania, dejando en el poder transitoriamente al vicepresidente de la República, general Juan Vicente Gómez. El mandatario encargado se aprovecha de las circunstancias para efectuar un incruento golpe de Estado, el 19 de diciembre de ese año. Inmediatamente después de su caída, Cipriano Castro sufre el acoso de las potencias resentidas por la política que sostuvo durante 8 años. Los gobiernos de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Holanda se coligan con el objeto de impedir su retorno a Venezuela. De esta manera se consolida el régimen gomecista, mientras el «peligroso» viajero deambula sin fortuna por las islas vecinas. Como carece de apoyos para una invasión armada, se marcha a Madrid para luego convalecer de su operación en París y en Santa Cruz de Tenerife. A fines de 1912 pretende pasar una temporada en Estados Unidos, pero es apresado y vejado por las autoridades de inmigración y obligado a marcharse en términos perentorios (febrero 1913). Por fin se establece en Santurce, Puerto Rico (1916), constantemente vigilado por los agentes enviados por Juan Vicente Gómez. En 1917 se le aproximan representantes del Gobierno norteamericano, disgustados por la neutralidad gomecista durante la Primera Guerra Mundial, con el objeto de atraerlo para una posible reacción contra el Gobierno venezolano; pero el exiliado rehúsa las ofertas de la Casa Blanca. En la historiografía venezolana, Cipriano Castro es conocido también bajo el apodo de el Cabito, traducción del apodo de le petit caporal con el cual se designaba a Napoleón, personaje que Castro muchas veces pretendió emular. El Cabito fue también el título de una célebre novela de Pedro María Morantes, Pío Gil (1909) que satirizó duramente al régimen de la Restauración Liberal. Sus restos reposaron en el cementerio de San Juan de Puerto Rico hasta el 25 de mayo de 1975, cuando fueron repatriados e inhumados en un mausoleo de su pueblo natal. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Juan Vicente Gómez: Hacienda La Mulera (Edo. Táchira) 24.7.1857 _ Maracay (Edo. Aragua) 17.12.1935
Jefe militar, hombre de Estado, presidente de la República desde el 19 de diciembre de 1908 hasta el 17 de diciembre de 1935. Fueron sus padres Pedro Cornelio Gómez y Hermenegilda Chacón Alarcón. Pedro Cornelio Gómez era hijo de Ana Dolores Gómez Nieto y de José del Rosario García Bustamante, quien le donó la hacienda La Mulera de la cual era propietario así como de la hacienda La Isla, heredadas a su vez de su padre, el capitán Eleuterio García Rovira, quien las había obtenido en pago de sus haberes militares por sus servicios en la Guerra de Independencia. Del matrimonio de Pedro Cornelio Gómez con Hermenegilda Chacón Alarcón hubo 13 hijos, de los cuales murieron a temprana edad 4, siendo los otros: Juan Vicente, Indalecia, Juan Crisóstomo, Elvira, Regina, Ana, Pedro, Emilia y Aníbal. En enero de 1875, Pedro Cornelio Gómez fue designado presidente del Concejo Municipal del distrito Bolívar del estado Táchira y falleció el 14 de agosto de 1883, asumiendo su hijo Juan Vicente desde entonces la representación de la familia y la dirección de sus negocios agrícolas y pecuarios.
En junio de 1886, se ve conmovido el Táchira por el enfrentamiento entre 2 fracciones del Partido Liberal Amarillo que se disputan el Gobierno regional. Una expedición revolucionaria encabezada por los generales Segundo Prato y Buenaventura Macabeo Maldonado y por el coronel Cipriano Castro invade el Táchira con el propósito de asaltar la plaza de Capacho Viejo y enfrentarse a las tropas que comandan los generales Espíritu Santo Morales y Evaristo Jaimes; este último, de quien Gómez es compadre, muere en la acción y Juan Vicente Gómez viaja desde La Mulera al campamento de los revolucionarios con el propósito de reclamar el cadáver para darle sepultura; allí conoce a Cipriano Castro y establece amistad con él, vínculo que al correr del tiempo, se consolida cuando Gómez hace a Castro padrino de uno de sus hijos. El historiador Antonio Dávila, al referirse a esta etapa de la vida de Juan Vicente Gómez (1886-1892), anota que «...en los pueblos de San Antonio, Capacho, Lobatera y Táriba no habían familias de mayor pujanza que los Gómez, los Castro y los Bello. A la casa de La Mulera subían las familias de San Antonio: los Prato, los Maldonado, los García, los Merchán, los Cuberos, los Acero, los Galavís; o bajaban de Capacho: los Castro, los Cárdenas, los Velasco, los Jaimes, los Pernía, y pasaban allí horas o días de esparcimiento, donde eran atendidos de la manera más cordial, primero por don Pedro Cornelio y luego por su hijo Juan Vicente...»
En 1892, Venezuela se ve nuevamente envuelta en una gran crisis política y en la guerra civil provocada por la aspiración continuista del presidente Raimundo Andueza Palacio, quien pretende aprovechar la aprobación de una reforma constitucional que amplía la duración del período presidencial para permanecer en el ejercicio de la presidencia y no convocar a elecciones. El ex presidente Joaquín Crespo enarbola entonces la bandera de la constitucionalidad y con el nombre de Revolución Legalista, se alza en armas en tierras del Guárico. El general Cipriano Castro, que representaba al Táchira en la Cámara de Diputados, ha cultivado la amistad del presidente Andueza quien, ante el estallido de la rebelión legalista en los Andes, le confía el mando de una expedición que debe ir a defender su gobierno en tierras andinas. Castro, al llegar al Táchira y antes de emprender sus acciones contra las tropas revolucionarias que comandan Espíritu Santo Morales y Eliseo Araujo, le ofrece a Juan Vicente Gómez una alta posición en su Estado Mayor con el propósito de encargarlo de la logística del ejército y le da el rango de coronel. El triunfo de la Revolución Legalista y la huida del presidente Andueza Palacio obligan a Castro y Gómez a marchar al exilio a Colombia, estableciéndose en 2 haciendas cercanas a la raya fronteriza con Venezuela, desde donde continúan sus labores del campo y sus empresas políticas. En el exilio permanecerán desde 1892 hasta el 23 de mayo de 1899.
En los años finales del siglo XIX atraviesa Venezuela por una etapa de grandes dificultades políticas y económicas, siendo Ignacio Andrade presidente de la República; el alzamiento del general José Manuel Hernández; la muerte de Crespo en el campo de batalla y la rebelión del general Ramón Guerra fueron causas que el general Cipriano Castro creyó suficientes para alzarse en armas en tierras del Táchira, el 23 de mayo de 1899, con el propósito de tomar a Caracas y establecer un gobierno que bautiza con el nombre de liberal restaurador. Juan Vicente Gómez lo acompaña en esta nueva expedición militar, pero ya con el rango de general y como segundo jefe expedicionario. Durante sus 7 años de exilio en Colombia lo acompañó Dionisia Bello, tachirense, nativa de Capacho y con quien procreó 7 hijos: José Vicente, Josefa, Alí, Flor de María, Graciela, Servilia y Gonzalo. La marcha del ejército de la Revolución Liberal Restauradora dura 5 meses, atravesando el territorio de los estados Táchira, Mérida, Trujillo, Lara, Yaracuy y Carabobo, haciendo su entrada triunfal a Caracas en la tarde del 22 de octubre de 1899. Durante este recorrido, Gómez tuvo a su cargo la organización de las tropas y su dotación de municiones y alimentos, apareciendo como fiador personal de las provisiones que le cedían los comerciantes al paso de los pueblos del camino. Durante las primeras semanas de la instalación del gobierno de la restauración liberal, Gómez permanece en las filas del ejército, atendiendo de manera especial los numerosos casos relacionados con los expedicionarios tachirenses que desean regresar a su tierra. A comienzos de diciembre de 1899 es designado gobernador del Distrito Federal en sustitución del general Julio Sarría Hurtado, cargo en el que permanece 2 meses, siendo sustituido por el general Emilio Fernández. La situación en el Táchira se torna difícil para el nuevo gobierno, pues aún permanecen al frente del Ejecutivo regional los generales Juan Pablo Peñaloza y Joaquín Corona, representantes del desaparecido gobierno de Andrade. El 2 de marzo de 1900 Juan Vicente Gómez llega al Táchira con el carácter de jefe civil y militar y en su saludo de bienvenida anuncia que regresa a su tierra nativa con el propósito de «regularizar la administración» e invita a los tachirenses a colaborar «en la hora de las reparaciones»; una vez cumplida su misión, regresa a Caracas a comienzos de 1901. La Asamblea Nacional Constituyente que se reúne en Caracas en febrero de 1901 para sancionar una nueva Constitución, dicta un decreto organizando provisionalmente la República y nombra al general Cipriano Castro, presidente de la República, al general Ramón Ayala, primer vicepresidente y al general Juan Vicente Gómez, segundo vicepresidente.
La situación de Venezuela durante los 2 primeros años del siglo XX era de tal manera crítica en el orden político y social, que una sucesión de motines, la aparición de guerrillas en diversas regiones del país y el descontento de los liberales amarillos y de los nacionalistas por la nueva organización gubernamental, eran el prólogo de una nueva guerra civil. En diciembre de 1901, el alzamiento del general Luciano Mendoza, en tierras de Aragua fue la señal de que se iniciaba la Revolución Libertadora que lograría congregar un ejército de 16.000 hombres, organizada y financiada, con apoyo económico de la New York and Bermudez Company, por el banquero y político liberal general Manuel Antonio Matos y cuyos cuerpos regionales estaban comandados en el centro del país por los generales Luciano Mendoza, Antonio Fernández y Luis Loreto Lima; en el oriente, por los generales Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Zoilo Vidal y Horacio Ducharne y en occidente, por los generales Gregorio Segundo Riera, Amábile Solagnie, Juan Pablo Peñaloza y Rafael Montilla. La Revolución Libertadora constituyó la empresa revolucionaria más poderosa desde los años de la Guerra Federal. Para que se enfrentara al general Mendoza, el presidente Castro designó el 20 de diciembre de 1901 al general Juan Vicente Gómez con el grado de general de división. Gómez derrota a Mendoza en el sitio de La Puerta y una segunda vez en el Paso de Esteves; al general Antonio Fernández en un nuevo encuentro en La Puerta; luego se dirige a los llanos de Cojedes para presentar batalla al general Luis Loreto Lima en Tinaco, derrotándolo; Lima muere a consecuencia de las heridas recibidas. El 26 de febrero de 1902 regresa Gómez a Caracas, después de 65 días de campaña y el 17 de marzo, el presidente Castro lo nombra delegado nacional en los estados Lara, Falcón, Zulia, Yaracuy, Trujillo, Mérida y Táchira y le confía la empresa de enfrentarse a la Revolución Libertadora que se ha apoderado de los estados del norte de occidente. Riera y Peñaloza cuentan con una organización militar y unos recursos superiores a los que poseían Mendoza y Fernández y frente a la importancia de la misión que se le ha confiado, Gómez encomienda a los generales Régulo Olivares y Luis Valera, realizar maniobras de distracción simulando estar empeñados en la defensa de Coro, mientras marcha sobre el campamento de Urucure en donde, el 16 de abril, sorprende y derrota a los jefes revolucionarios. El 26 del mismo mes, llamado por Castro, regresa a Caracas, mientras Riera y Peñaloza reagrupan sus fuerzas y atacan Coro, ciudad que toman después de muchas horas de combate, cayendo prisioneros los generales Ramón Ayala y Arístides Tellería y consolidándose el frente revolucionario en todo el norte y centro del occidente del país. La Revolución Libertadora también se apodera de la región oriental, organizando un ejército de 8.000 hombres y en espera del desembarco del general Matos. El 29 de abril, el presidente Castro designa jefe expedicionario del Ejército de Oriente al general Gómez, quien se embarca en La Guaira y el 3 de mayo, en unión del general José Antonio Velutini, sitia y ocupa la ciudad de Cumaná. El día 6, Gómez y Velutini atacan la plaza de Carúpano, en donde está atrincherado el general Nicolás Rolando, pero los revolucionarios logran rechazar los repetidos ataques con fuertes pérdidas para las tropas del Gobierno; en los asaltos finales a la plaza, Gómez recibe una herida en una pierna que le imposibilita para seguir dirigiendo la acción, siendo trasladado el 16 de ese mismo mes de mayo a Caracas. Velutini se encarga entonces de la jefatura del ejército de oriente. Por los mismos días, el general Ramón Cecilio Farreras, segundo jefe de la guarnición de Ciudad Bolívar, al grito de «mueran los andinos», entrega la plaza a la revolución y con ella, todo el control de Guayana, fortaleciendo las posibilidades de un inminente triunfo nacional. Solamente quedan en poder del Gobierno los estados Miranda, Aragua y Carabobo, pero con la presencia de numerosas guerrillas revolucionarias, y los estados Trujillo, Zulia, Mérida y Táchira. El 5 de julio de 1902 el presidente Castro dirige una alocución al país y anuncia que ha encargado de la presidencia de la República al general Juan Vicente Gómez, en su condición de segundo vicepresidente y que marcha al oriente, al frente de una expedición militar para destruir a la revolución en sus propios campamentos. El objetivo verdadero era el de impedir que el ejército oriental llegara a unirse en los límites entre Aragua y Guárico con el ejército revolucionario de occidente. Fracasada la maniobra de Castro por los desastres que sufrieron los ejércitos del Gobierno en Guanaguana y Aragua de Barcelona, antes de que pudiera iniciar su ofensiva, el presidente decide regresar al centro del país para esperar los ejércitos revolucionarios ya unidos, que tienen como objetivo la toma de Caracas. Castro decide instalar su comando y presentar la batalla en la ciudad de La Victoria, capital para entonces del estado Aragua. Sus tropas suman 8.000 hombres y lo acompañan los generales Diego Bautista Ferrer, Leopoldo Baptista, Emilio Rivas, Manuel Salvador Araujo, Régulo L. Olivares, Pedro María Cárdenas, Rufo Nieves, J.B. Bravo Cañizales, Francisco Linares Alcántara, hijo y el vicepresidente Gómez que, al comienzo de la batalla, anuncia desde Caracas al general Castro que «...debo salir yo con 1.000 hombres que tengo disponibles...», y ante un posible asalto revolucionario en el camino entre Caracas y La Victoria, le dice que «...con el parque que llevo trituro a todo el que se me atraviese y le caigo al enemigo por retaguardia, dominándolo...» La batalla de La Victoria es la más importante en la historia de las guerras civiles venezolanas, por el número de soldados combatientes, por el moderno armamento que utilizaron ambos ejércitos y por su duración, pues se inició el 12 de octubre y finalizó el 3 de noviembre de 1902; regresan triunfantes a Caracas el presidente Castro y el vicepresidente Gómez, pero Castro rehúsa reencargarse del mando, continuando con el título de presidente de la República en Campaña y comandante en jefe de los ejércitos, situación que mantuvo durante los días del conflicto ocasionado por el bloqueo de las flotas de Inglaterra, Alemania e Italia a los puertos venezolanos y hasta el 20 de marzo de 1903. En abril de ese mismo año, el general Nicolás Rolando, con un ejército de 3.000 hombres, amenaza con un asalto a Caracas y Castro comisiona una vez más a Gómez para que enfrente la nueva embestida revolucionaria; el 11 chocan los ejércitos de Rolando y Gómez en El Guapo, en un combate que dura 3 días y que termina con la derrota de Rolando, quien se retira a Guayana con las tropas que salva del desastre. Apenas vencido Rolando, se anuncia un nuevo desembarco del general Manuel Antonio Matos en tierras de Falcón y la reactivación de la lucha revolucionaria en el occidente, principalmente en los estados Falcón y Lara. Una vez más, Juan Vicente Gómez es el designado para comandar los ejércitos que van a enfrentarse a las tropas de los generales Riera, Peñaloza, Montilla y Solagnie. Con la toma de Barquisimeto, el 23 de mayo de 1903, en la que participa al lado de Gómez, en forma decisiva, el general Rafael González Pacheco, y con el combate de Matapalo, ocurrido el 3 de junio, se liquida definitivamente la fortaleza revolucionaria del occidente y los jefes principales del movimiento libertador vuelven al exilio. Castro, en telegrama del 6 de junio dirigido a Coro, le dice a Gómez: «...Felicito al vencedor en todas partes, predestinado para ser el Pacificador de Venezuela...» Gómez regresa a Caracas y con el carácter de delegado nacional y jefe expedicionario sobre el oriente de la República, se embarca en La Guaira, el 27 de junio, comandando un ejército de 2.000 hombres, en 3 buques de la Armada. El 5 de julio empieza a navegar por el Orinoco y el 11 desembarca en Santa Ana con el propósito de tomar a Ciudad Bolívar, en donde se encuentra atrincherado Nicolás Rolando con un nuevo ejército que había logrado formar bajo su exclusiva dirección, cuando la revolución ya está liquidada en el resto del país. El combate empezó el 19, y el 21 de julio, después de 50 horas de lucha, se rindió el ejército de Rolando. Era el fin de las guerras civiles en Venezuela.
El retorno de Juan Vicente Gómez a Caracas en medio de aclamaciones y arcos de triunfo, determina el comienzo de la desconfianza entre Castro y Gómez y la división de los integrantes del gobierno de la restauración liberal en «castristas» y «gomecistas» o «gomistas» como se decía entonces. Las camarillas que rodean a uno y a otro harán más profundo el distanciamiento hasta llegar a la ruptura de la amistad entre los 2 jefes. Con Castro están los jefes liberales amarillos y nacionalistas que, durante la Revolución Libertadora, se quedaron a su lado; en cambio, junto a Gómez, además de su numerosa familia, están los oficiales tachirenses del ejército restaurador, que se sienten menospreciados por Castro y el creciente grupo de ganaderos y comerciantes del centro del país con quienes ha entrado en amistad y negocios al establecerse, en 1903, en Maracay. En 1904 se promueve una reforma constitucional para aumentar el período presidencial a 6 años, estableciendo un período provisional de un año a fin de que la nueva Constitución entre en vigencia en 1905 y pueda el general Castro presidir las festividades de los centenarios de 1810 y 1811. Gómez es elegido el 3 de mayo primer vicepresidente de la República, para el período provisional y ocupa nuevamente la presidencia de la República, durante un mes, mientras dura la visita del presidente Castro al oriente. El Congreso Nacional, el 7 de junio, elige al general Castro presidente de la República y al general Gómez primer vicepresidente, para el período constitucional 1905-1911. Las intrigas desatadas por las camarillas que rodean a Castro y a Gómez son cada día más graves y el 9 de abril de 1906, Castro expide una alocución anunciando su retiro temporal de la presidencia de la República; quería probar si eran ciertas las noticias acerca de la conspiración de Gómez y medir el grado de su popularidad. Este episodio, que la historia conoce con el nombre de La Aclamación es uno de los actos más pintorescos del gobierno restaurador, por la naturaleza de los documentos que se cruzan entre el presidente y el vicepresidente y de los gestos que escenifican ambos personajes y concluye con la peregrinación de delegaciones de todo el país a la ciudad de La Victoria, donde se había instalado Castro, para pedirle que vuelva a la presidencia y con su anuncio de que regresará a Caracas y reasumirá el poder, el 5 de julio.
Noticias acerca de graves quebrantos de salud del presidente Castro empiezan a circular a mediados de 1906 y la camarilla castrista se dispone a prepararse para la eventualidad de la muerte del presidente, con el propósito de no permitir que Gómez llegue a encargarse del Ejecutivo como su legítimo sucesor. Se agrupan Tello Mendoza, Revenga, Torres Cárdenas, Celis y rodean al general Francisco Linares Alcántara, presidente del estado Aragua, a quien escogen como candidato a la sucesión, en caso de muerte del presidente. Es el episodio conocido con el nombre de La Conjura, durante el cual Gómez se ve amenazado en su vida y tiene que cambiar constantemente de domicilio. Durante los años 1906 y 1907 permanece la mayor parte del tiempo en Maracay, alejado de la actividad oficial, no obstante ser el primer vicepresidente de la República. El restablecimiento de la salud de Castro significa el final de La Conjura, pues él se da cuenta de que sus ministros habían escogido ya un sucesor, dándolo por muerto. Esta reacción del presidente significa la liquidación de la camarilla castrista, así como la recuperación de la confianza en Gómez y la reanudación de la interrumpida amistad. El fracaso de una intervención quirúrgica en Caracas obliga al presidente Castro a viajar a Berlín para ingresar en la clínica del cirujano Israel. El 23 de noviembre de 1908, Castro se separa del poder y entra Gómez a desempeñar la presidencia en su condición de primer vicepresidente. Al día siguiente se embarca Castro en el buque Guadaloupe, rumbo a Europa. Los juicios intentados por el presidente Castro a la New York and Bermúdez Company y a otras compañías norteamericanas y francesas habían provocado, desde 1906, graves tensiones con el Departamento de Estado y con la Cancillería de París y traído como consecuencia la ruptura de relaciones con Estados Unidos, Francia y Holanda. Por su parte, los jefes del liberalismo amarillo y del nacionalismo en el destierro organizan un nuevo movimiento revolucionario, visto con simpatías por los intereses norteamericanos. Estas circunstancias facilitan a Gómez el apoyo suficiente para organizar un golpe de Estado y sustituir definitivamente a Castro en el ejercicio del poder.
El 19 de diciembre de 1908, con el pretexto de un cable, supuestamente dirigido desde Berlín por Castro al gobernador Pedro María Cárdenas, insinuándole la conveniencia de asesinar a Gómez, se inicia la reacción. Se destituye a los jefes militares castristas y se apresa a los ministros que continuaban leales a Castro. Para evitar los problemas del reconocimiento internacional y los compromisos políticos que traería la sustitución violenta del régimen constitucional, Gómez ordena a la Corte Federal y de Casación iniciar el enjuiciamiento del general Castro por intento de asesinato en la persona del vicepresidente encargado y estimula las demandas que los hermanos del general Antonio Paredes, fusilado en 1907 por órdenes del presidente Castro en las riberas del río Orinoco, intentan ante la Corte Federal y de Casación. En el primer gabinete ministerial de Gómez figuran personalidades que habían tomado parte en La Conjura como el general Francisco Linares Alcántara y otros que habían formado filas en la Revolución Libertadora como los generales Roberto Vargas, Rafael María Carabaño y J.M. Ortega Martínez y actúa como secretario general de la presidencia el general Leopoldo Baptista y como canciller Francisco González Guinán, representativo sobreviviente del guzmancismo. Gómez inicia su gestión concediendo la libertad a todos los presos políticos e invitando a quienes permanecían en el exilio a regresar al país; restaura la libertad de prensa, pero se niega a disolver el Congreso y a convocar una Asamblea Constituyente, como lo reclama todo el país.
El 5 de agosto de 1909, el Congreso Nacional aprueba una reforma constitucional que reduce el período presidencial a 4 años; se crea un Consejo de Gobierno, en donde va a tener asiento la mayoría de los antiguos jefes revolucionarios que regresan del destierro y se establece un período provisional hasta el 19 de abril de 1910, en que debe entrar en vigencia la reforma. El 11 de agosto, es elegido Gómez presidente provisional de la República y el 25 de abril de 1910, es elevado por el Congreso al rango de general en jefe de los ejércitos venezolanos. El 27 de abril, las cámaras legislativas lo eligen presidente constitucional de Venezuela para el período 1910-1914. Pero, en 1913 Gómez decide continuar en el ejercicio del poder y esta determinación crea la primera gran crisis en el seno de su gobierno. Los integrantes del Consejo de Gobierno, Baptista, Ayala, Martínez, Peñaloza tienen orden de abandonar el país, mientras Gómez declara turbado el orden público y por lo tanto, suspendido el proceso electoral, alegando como pretexto una supuesta invasión encabezada por el general Cipriano Castro, por las costas de Falcón. Gómez se declara en campaña y se instala en Maracay, mientras que José Gil Fortoul, presidente del nuevo Consejo de Gobierno, ocupa la presidencia de la República. Gómez hace su entrada triunfal a Caracas, el 1 de enero de 1914. El 19 de abril de 1914 un Congreso Nacional de Plenipotenciarios resuelve designar al general Juan Vicente Gómez presidente provisional de la República y comandante en jefe del Ejército; luego dictan los plenipotenciarios un Estatuto Constitucional provisional que regiría hasta que fuera promulgada la nueva Constitución y designa presidente provisional de la República a Victorino Márquez Bustillos y comandante en jefe del Ejército al general Juan Vicente Gómez, disponiendo al mismo tiempo que el período provisorio duraría hasta que, sancionada la nueva Constitución, tomasen posesión de sus puestos los funcionarios constitucionales. En junio quedó aprobado el texto de la nueva Constitución que aumentaba el período presidencial a 7 años.
El 3 de mayo de 1915, el Congreso Nacional eligió al general Juan Vicente Gómez, presidente constitucional de la República para el Septenio 1915-1921. Pero Gómez permanece en Maracay como comandante en jefe del Ejército y presidente electo, mientras que Victorino Márquez Bustillos, en Caracas, en su condición de presidente provisional, atiende durante 6 años, la mayor parte de los problemas de la administración. La decisión continuista de Gómez en 1913 trajo, entre otras consecuencias, la protesta de la Asociación General de Estudiantes y la clausura por 10 años de la Universidad Central; la prisión del periodista Rafael Arévalo González por haber lanzado la candidatura presidencial de Félix Montes, el exilio de Montes que permanecerá en el destierro 22 años, y la conspiración del general Román Delgado Chalbaud, quien fue arrestado y permaneció preso y engrillado en la cárcel de La Rotunda durante 14 años. También se levantará por primera vez en armas el guerrillero guariqueño general Emilio Arévalo Cedeño, quien durante 7 veces y hasta 1931 invadirá el territorio venezolano desde la frontera del Arauca, en el empeño de estimular la protesta contra el régimen de Gómez. La conspiración de Delgado Chalbaud determinó la prisión de numerosas personas en diversas ciudades, entre otros, el jurista Néstor Luis Pérez, de Maracaibo y el presbítero Evaristo Ramírez, de Mérida.
A comienzos del siglo, el general Gómez había formado en Caracas un nuevo hogar con la dama caraqueña Dolores Amelia Núñez de Cáceres procreando 8 hijos: Juan Vicente, Florencio, Rosa Amelia, Hermenegilda, Cristina, Belén, Berta y Juan Crisóstomo. En los gabinetes ministeriales y en el servicio diplomático, el presidente Gómez contó siempre con la colaboración de intelectuales y de profesionales universitarios de notable significación en la vida cultural venezolana y en su mayor parte, pertenecientes a la última generación de pensadores positivistas. Gómez mantuvo siempre un grupo formado por sus compañeros de vida militar y de personas de su intimidad, a quienes de manera permanente confiaba las presidencias de los estados, algunos de los cuales se mantuvieron en el ejercicio de dichos cargos durante los 27 años del régimen.
Goméz creó, por decreto de 1910, la Academia Militar como base de un Ejército Nacional, que pondría término definitivamente al sistema de los ejércitos privados controlados por los caudillos regionales. En este sentido, ordenó el desarme nacional y sometió a regiones como el estado Trujillo a un verdadero régimen de ocupación durante los años 1913 y 1914 mientras que, en los actos del centenario de la independencia en 1911, hacían su presentación los primeros cuadros del nuevo ejército organizado por el chileno Samuel MacGill y el venezolano Félix Galavís. Era un golpe definitivo contra nuevos alzamientos guerrilleros, al estilo del siglo XIX. En esta forma, Gómez pudo hacer frente y derrotar los levantamientos de Horacio Ducharne y Ángel Lanza, en 1913, en el oriente; las repetidas incursiones guerrilleras de los generales Juan Pablo Peñaloza en tierras del Táchira y de Emilio Arévalo Cedeño, en los llanos; de los hermanos Matías y Patrocinio Peñuela, en el Táchira; así como la invasión de Rafael Simón Urbina y Gustavo Machado, en tierras de Falcón y la de los generales Román Delgado Chalbaud y Pedro Elías Aristeguieta, por tierras del estado Sucre, ambas en 1929, al igual que el levantamiento del general José Rafael Gabaldón en Portuguesa y el alzamiento de Norberto Borges en el estado Miranda, también en 1929.
Desde 1913 hasta 1935, con excepción de los años en que Francisco Baptista Galindo ejerció un poder atemperador, las prisiones de La Rotunda, el castillo Libertador de Puerto Cabello y el castillo de San Carlos en el lago de Maracaibo, así como las cárceles de las capitales de los estados, alojaron una numerosa población de presos políticos, muchos de ellos sometidos a la tortura de los grillos o al tormento del tortol, mientras que otros eran enviados a cumplir tareas en la construcción de las carreteras nacionales. A partir de 1913, el presidente Gómez eligió definitivamente como sede de la presidencia de la República y de la Comandancia del Ejército la ciudad de Maracay, la cual fue convirtiéndose de una gran aldea en una ciudad, con vastas construcciones militares y donde la mayoría de los colaboradores militares y civiles del régimen edificaban sus viviendas, al mismo tiempo que Gómez ordenaba la construcción de avenidas, parques, hoteles, teatros y edificios para sede de las oficinas administrativas del Gobierno nacional; y al mismo tiempo que se iba convirtiendo en propietario de las grandes haciendas que rodeaban a Maracay, iniciaba en la ciudad una etapa de construcciones industriales como sede de las fábricas de papel, de jabón y velas, de la ganadera industrial, del lactuario y de los telares que se había dispuesto a fundar, siendo así el primer propietario rural y el dueño de las fábricas más modernas del país. Hasta el año final de su gobierno, a Maracay concurrían para entrevistarse con el presidente Gómez, además de las personalidades de su gobierno, gente de todas las condiciones sociales y la mayor parte de las veces los recibía en el parque zoológico que rodeaba su casa de Las Delicias, a la sombra de un samán. Era hombre de pocas palabras y orientaba las entrevistas sometiendo al visitante a un interrogatorio destinado a enterarse de la verdadera interioridad del visitante. Enviaba a los estados a gente sin cargos visibles, para vigilar a los presidentes. Recibía todas las mañanas, a primera hora, el informe de los presidentes de estados, de los jefes militares y de los jefes de las oficinas de telégrafos que estaban en la obligación de comunicarle toda clase de noticias. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) mantuvo la neutralidad del país, no obstante las presiones de Estados Unidos y de las naciones europeas aliadas y de ser acusado de tener simpatías progermanas. Frente a las presiones norteamericanas, utilizó la presencia del presidente provisional, Victorino Márquez Bustillos, que era en realidad un «primer ministro», para negarse a discutir las proposiciones de ruptura de la neutralidad, alegando que esa materia correspondía al presidente provisional pues él no era sino presidente electo, no juramentado. En 1919, se enfrentó Gómez a la primera conspiración de militares académicos salidos de la Escuela Militar quienes, en unión de estudiantes y periodistas, habían organizado una sublevación que fue descubierta momentos antes de estallar.
El final del período constitucional 1915-1921 coincidió con el comienzo de la era petrolera y por tanto, el comienzo de grandes cambios económicos y sociales que al final habrían de reflejarse en el campo político, aparentemente paralizado. Esta paralización se explicaba, en parte, debido al clima de expectativas causado por el precario estado de salud de Gómez quien padecía, desde hacía ya varios años, de una enfermedad de la próstata. En diciembre de 1921 una retención de orina lo lleva al umbral de la muerte pero gracias a la intervención del doctor Adolfo Bueno, logra recuperarse. Gómez promueve entonces una reforma constitucional que aprueba el Congreso mediante la cual se restablecieron los cargos de vicepresidentes de la República, eliminados en la Constitución de 1914, se mantiene el período presidencial de 7 años, se elimina la Comandancia en Jefe del Ejército para volver a atribuir el comando al presidente de la República y se le permite la reelección. El Congreso reelige presidente para el período 1922-1929 al general Juan Vicente Gómez y nombra primer vicepresidente a su hermano Juan Crisóstomo Gómez y segundo vicepresidente a su hijo el general José Vicente Gómez. El 30 de junio de 1923 es asesinado en su dormitorio en el Palacio de Miraflores el primer vicepresidente Juan Crisóstomo Gómez y mientras el Gobierno señala a los exiliados como autores intelectuales del crimen, las versiones populares lo explican como producto de intrigas y rivalidades en el seno de la familia de Gómez. En 1925, el Congreso Nacional aprueba una nueva reforma mediante la cual elimina la prohibición al presidente de la República de permanecer fuera de Caracas más de 25 días y se fortalece el predominio del poder central al otorgársele autoridad al presidente de la República para designar los presidentes de los estados. El objeto fundamental de la reforma de 1925 era crear el cargo de vicepresidente de la República, eliminando las 2 vicepresidencias, y designar al general José Vicente Gómez como vicepresidente de la República.
En 1928, con el pretexto de un carnaval estudiantil hace acto de presencia en la vida nacional una nueva generación de políticos que van a ser los dirigentes de una nueva oposición, distinta en sus tesis y proposiciones de la mantenida desde 1913 por quienes representaban las tendencias liberales y conservadoras o nacionalistas. El 7 de abril de 1928, se sublevan 2 cuarteles en Caracas y se pone en marcha una conspiración militar en la que participan algunos líderes universitarios que es dominada por el gobierno. En las averiguaciones aparece mezclado en el movimiento el nombre del vicepresidente de la República, general José Vicente Gómez, y en mayo el presidente Gómez promueve una nueva reforma constitucional para eliminar la Vicepresidencia de la República, establecer una nueva norma, según la cual el asiento del Poder Ejecutivo estará en el lugar en donde se hallare el presidente y establece el inciso 6º del artículo 32 de la Constitución para prohibir las actividades comunistas y anarquistas.
En abril de 1929 concluye el período presidencial 1922-1929 y Gómez considera necesaria una nueva reforma constitucional para regresar a la fórmula de 1914, de un presidente de la República y un comandante en jefe del Ejército con quien el presidente de la República debe consultar los nombramientos y remoción de los ministros, la convocatoria del Congreso, la declaratoria de la guerra y la suspensión de garantías y una vez aprobada la reforma por el Congreso, recomienda como candidato a la presidencia de la República a Juan Bautista Pérez (quien desempeñaba la presidencia de la Corte Federal y de Casación) y se hace designar comandante en jefe del Ejército. Esta situación se mantendrá vigente hasta junio de 1931 cuando, por razones de conflictos en el seno del régimen, Juan Bautista Pérez se ve obligado a presentar la renuncia de su cargo y se lleva a cabo una nueva reforma para fundir en uno solo los cargos de presidente de la República y de comandante en jefe del Ejército.
En la etapa 1928-1935, Gómez decreta la creación del Banco Obrero y del Banco Agrícola y Pecuario y promulga la primera Ley del Trabajo. El 7 de julio de 1931 presta por última vez su juramento como presidente de la República de Venezuela. Era el lustro final de su gobierno. Durante los 27 años de su permanencia en el poder, no varió en sus costumbres y mantuvo las mismas de su época de hacendado y de guerrero, caracterizadas por la sencillez en sus hábitos, su desconfianza a las camarillas, la relación directa con gente de todas las condiciones sociales y su capacidad para utilizar en su gobierno las personalidades de mayor prestigio intelectual con que el país contaba. La mayor parte del tiempo vivió solo, asistido por sus edecanes y gente de confianza y visitaba a su familia a determinadas horas del día. Fue dueño de una inmensa fortuna constituida toda en territorio venezolano, evaluada en Bs. 115.000.000 aproximadamente y que en 1936, por decisión confiscatoria del Congreso, pasó, en su totalidad, al patrimonio nacional. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Eleazar López Contreras: Queniquea (Edo. Táchira) 5.5.1883 _ Caracas, 2.1.1973
Militar, político y presidente de la República de Venezuela entre 1936 y 1941. Es presentado al Registro Civil con el nombre de José Eleazar, pero más adelante y por propia voluntad, comienza a usar simplemente el nombre de Eleazar. Fueron sus padres el coronel Manuel María López Trejo y Catalina Contreras. Huérfano de padre desde el momento mismo de su nacimiento, es su tío materno, el presbítero Fernando María Contreras, quien se encargó de su instrucción y educación. Comienza sus primeros años de estudio en Libertad (Capacho Viejo), en la escuela privada de las hermanas Jaimes y pasa, luego, en Independencia (Capacho Nuevo), a las escuelas dirigidas respectivamente por Luis Ignacio Velasco y Rafael María Velasco Bustamante y asiste por algunos meses al colegio fundado por Jacinto Gutiérrez. El 15 de septiembre de 1893, ingresa al colegio Sagrado Corazón de Jesús en La Grita, donde obtiene el título de bachiller en ciencias filosóficas el 15 de julio de 1898; este colegio era dirigido por monseñor José Manuel Jáuregui, quien fuera su padrino y maestro. López Contreras sentía inclinación por los estudios de medicina y proyectaba, animado por su protector el presbítero Contreras, partir para la Universidad de Los Andes con tal propósito, pero resolvió unirse a la Revolución Restauradora. El 24 de mayo de 1899 se presentó ante el general Cipriano Castro a ofrecerle sus servicios, los cuales fueron rechazados por considerarlo Castro a él y su compañero de colegio, Carlos Rangel Cárdenas, «demasiado pichones» para las pruebas que los esperaban. No obstante este rechazo, se incorporó el 25 de mayo al movimiento de tropas sobre San Cristóbal y el 2 de junio, se le designa ayudante adjunto del batallón Libertador. Comienza así su vida militar en la campaña de Castro, acompañando a éste en su marcha revolucionaria desde Los Capachos hasta llegar triunfante a Caracas. Edecán del presidente de la República (enero 1900), López Contreras es designado ayudante habilitado del batallón Junín. Comanda varios batallones en Carabobo efectuando tareas de vigilancia militar que requería el estado contra la amenaza de alzamiento a favor del general José Manuel Hernández, el Mocho, y en 1901, es jefe de guarnición en Tucacas. A mediados de 1902, López Contreras es nombrado segundo ayudante del Estado Mayor en la Casa Fuerte de Barcelona; allí gana el aprecio del general Diego Bautista Ferrer a cuyas órdenes se encontraba. López Contreras reconoce la influencia que el general Ferrer ejerció en su vida militar; también actúa bajo sus órdenes con motivo del bloqueo de las potencias extranjeras a Venezuela en diciembre de 1902. Fue asignado luego para desempeñar cargos administrativos tales como: jefe del resguardo de Cristóbal Colón (1907) y de la aduana de La Vela (1908). Administrador de las salinas de Araya (1913), en febrero de 1914 se reincorpora al ejército activo con el cargo de primer comandante del batallón Rivas núm. 17 y ocupa varios cargos como jefe de batallón en Caracas hasta 1919 en que es nombrado director de guerra. Desde este cargo, se propone el desarrollo de la aviación militar en el país. En 1920, es designado para viajar a Europa y Norteamérica en una misión de estudios y compra de material de guerra (noviembre 1920-febrero 1921); este viaje le permitió apreciar el desarrollo industrial de Francia, Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos y observar la forma como estos países, en especial los 2 primeros, trabajan en la reconstrucción de sus zonas devastadas por la guerra. El 28 de octubre de 1924, por disposición del presidente de la República, es designado con el carácter de jefe de la Delegación Militar que representa al ejército venezolano en el Perú, con motivo de la celebración del centenario de la batalla de Ayacucho; durante esta visita, concibe la idea de escribir una obra en homenaje al general Bartolomé Salom, la cual denominó El Callao histórico y fue distribuida en la conmemoración del centenario de la capitulación de El Callao, en febrero de 1926. Cuando ocurrieron los sucesos políticos de 1928 y 1929, López Contreras se encontraba al frente de la guarnición de Caracas y notificado por el gobernador del Distrito Federal, Rafael María Velasco, tomó las disposiciones necesarias para mantener el orden en la ciudad. En su obra Páginas para la historia militar de Venezuela manifiesta no haber sido nunca partidario de las medidas represivas como medio de eliminar la rebelión de la juventud y le manifestó al general José Vicente Gómez su opinión de dejar a los estudiantes arrestados en la misma universidad; tampoco apoyó la opinión de establecer un batallón de tropas frente a esa casa de estudio, como era el criterio del gobernador Velasco, limitándose a hacer desfilar una unidad, con el propósito de imponer respeto al público. Expuso también que creía más convenientes las medidas de orden público que las de acción militar, ya que consideraba que la situación podía ser dominada fácilmente sin recurrir a la violencia. Con motivo de la sublevación del cuartel San Carlos (7.4.1928), al enterarse del hecho, se dirigió al sitio de los acontecimientos y tomó el cuartel con la sola fuerza de su voz de mando y trató de que dichos sucesos fueran sometidos a la justicia militar, eximiéndose de ejercer como juez suplente, por cuanto entre los comprometidos figuraba uno de sus hijos, pero recibió órdenes de consignar todo en manos del gobernador del Distrito Federal. A raíz de estos acontecimientos, fue invitado por personas de la oposición a secundar un probable movimiento armado del general Román Delgado Chalbaud. Su respuesta fue negativa aludiendo a su lealtad al gobierno y a sus compromisos personales con Gómez, considerando que su deber militar le impedía esta traición al gobierno y a la institución armada y que lo cuerdo era esperar la oportunidad que sería la desaparición de Gómez por muerte natural para iniciar un movimiento de unión patriótica y de democratización; lo contrario, consideraba, era seguir estimulando el caudillismo. Sin embargo, los sucesos de febrero y abril de 1928 y las intrigas del tío de Gómez, José Rosario García, en su contra, lo pusieron en situación difícil; alegando dolencias pulmonares, solicitó ser enviado al Táchira como comandante de la Brigada núm. 4. Durante su permanencia en los Andes preparó su obra: Síntesis de la vida militar de Sucre, dada luego a la circulación en el centenario de la muerte del prócer, el 4 de junio de 1930 y adelantó la documentación para la obra Bolívar conductor de tropas, ofrecida como homenaje al Libertador en el centenario de su muerte en diciembre del mismo año. A fines de julio de 1930, Gómez le autorizó para venir a Maracay y lo nombró jefe del Estado Mayor del ejército, con carácter interino, con el fin de preparar al ejército para la conmemoración del centenario de la muerte del Libertador. El 22 de abril de 1931, fue nombrado ministro de Guerra y Marina interino mientras durase la ausencia del titular, general Tobías Uribe, quien había solicitado permiso para viajar a Europa por motivos de salud. Designado el general Juan Vicente Gómez para ejercer la presidencia de la República desde 1931 hasta 1936, López Contreras fue nombrado ministro de Guerra y Marina, el 13 de julio de 1931, cargo que ejerció hasta el 17 de diciembre de 1935. Se esmeró en desarrollar y formar profesionalmente al ejército, refundiendo en un solo instituto y bajo una misma dirección, las escuelas Militar y Naval, dotándolo de una biblioteca militar y creando asignaturas como trigonometría y física. Dio impulso a la aviación militar, reforzándola con nuevas unidades de entrenamiento y de combate y de material de guerra. Como ministro, estimuló a los militares a estudiar historia militar e historia contemporánea; también se ocupó de actualizar las disposiciones jurídico-penales del Ejército y de la Armada. El 17 de diciembre de 1935, muere Juan Vicente Gómez y resulta electo Eleazar López Contreras presidente encargado para sustituirlo hasta el 19 de abril de 1936, cuando el Congreso lo elige presidente constitucional para el período 1936-1943. Desde su primer mensaje al país, anunció su deseo de reducir el período presidencial de 7 a 5 años y prohibir la reelección para el ejercicio inmediato siguiente, lo cual quedó sancionado en la reforma a la Constitución Nacional del 16 de julio de 1936. A la muerte de Gómez, parecía inevitable una guerra civil; pero López Contreras, a pesar de restringir la participación política de grupos opositores de la llamada «izquierda», logró mantener un difícil equilibrio entre las fuerzas políticas en juego y enrumbar al país después de una dictadura hacia una transición democratizante, con mano fuerte, pero sin la acostumbrada violencia, tortura y derramamiento de sangre que suelen acompañar a estos procesos. El 5 de mayo de 1941, el general López Contreras hizo entrega del poder al general Isaías Medina Angarita ante el Congreso Nacional que había elegido a éste, presidente para el período 1941-1946. Se retira, entonces, a la vida privada. Después del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 contra el gobierno del general Medina, es detenido, expulsado y sometido a juicio. Va a vivir a Colombia y a Estados Unidos donde escribe otro de sus libros El triunfo de la verdad, en el cual defiende su obra de gobierno como un orden de orientación democrática que garantizó las libertades públicas y la propiedad privada y que fijó normas fundamentales en el campo de la acción social; también fija su posición, basada en documentos y correspondencia, frente a Acción Democrática, a la doctrina revolucionaria y marxista que sus líderes mantuvieron en el exilio y a su actuación en la lucha por la conquista del poder. En 1944, escribe su obra Páginas para la historia militar de Venezuela, en la cual describe sus actuaciones y servicios rendidos desde 1899 cuando se inicia en la carrera militar hasta mayo de 1941. López Contreras se casó por primera vez con Luz María Wolkmar, de cuyo matrimonio tuvo 6 hijos: Blanca Rosa, Eleazar, Cristina, Cecilia, Fernando y Margarita; en segundas nupcias con la señora Luisa Elena Mijares, de la cual no tuvo descendencia y, por último, con María Teresa Núñez Tovar a quien tocó ser primera dama en el período de gobierno 1936-1941, teniendo de ella 2 hijas: Mercedes Enriqueta y María Teresa. Se mostraba complacido de parecer más un académico que un soldado y explicaba que durante su servicio militar su gran interés fue siempre leer y estudiar los métodos de gobierno civil. Cuando asumió el mando presidencial, se presentó a dichos actos sin el atuendo militar y no volvió a llevar el uniforme. Desde joven mostró entusiasmo por las ideas de Bolívar y cuando llegó al poder utilizó la ideología bolivariana como un símbolo de identificación frente a la ideología marxista, a la que combatió, y a la cual consideró extranjera. Sus características personales de paciencia, calma y prudencia al actuar en medio de situaciones de exaltación fueron siempre notorias y le valieron el respeto tanto de civiles como de militares. En 1951, regresó del exterior, a vivir en Caracas retirado de toda actividad. Fue reconocido en vida por su gestión de gobierno, considerada como histórica y fue respetado como ejemplo de civismo. Murió a la edad de 90 años, siendo senador vitalicio. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Isaías Medina Angarita: San Cristóbal (Edo. Táchira) 6.7.1897 - Caracas, 15.9.1953
Militar y político. Presidente de la República (1941-1945). Hijo del general coriano José Rosendo Medina y de Alejandrina Angarita García. Realizó estudios de primaria y de bachillerato en su ciudad natal y a los 15 años de edad se trasladó a Caracas para inscribirse en la Escuela Militar (9.3.1912). En aquella decisión influyeron sobre el joven tachirense los generales Félix Galavís y León Jurado. El primero había concebido la idea de tecnificar y modernizar el ejército, trayendo al coronel chileno Samuel MacGill para organizar la Escuela Militar, de la que egresaría Medina con el grado de subteniente el 23 de julio de 1914. Se desempeñó como tal al mando del tercer pelotón de la tercera compañía y del segundo batallón del regimiento de infantería Piar núm. 6, brigada núm. 3. Al ascender a teniente (3.7. 1915), pasa a ser comandante del primer pelotón de la primera compañía del primer batallón del regimiento de infantería Sucre núm. 2, brigada núm. 1. Al llegar a capitán (7.4.1917), sigue en el regimiento de la infantería Sucre núm. 2, como comandante de la tercera compañía del primer batallón hasta el 31 de enero de 1918 y, luego, como comandante de la primera compañía de este mismo batallón hasta el 3 de febrero de 1919. En esta fecha, regresa a la Escuela Militar como comandante de la compañía de cadetes y profesor en dicha institución. Siendo teniente coronel (15.1.1927), es profesor de conocimiento de servicio y de castellano en la Escuela de Aspirantes a Oficiales y también de educación física en las Escuelas Federales de Caracas, en la Escuela Normal de Hombres y en el liceo Andrés Bello. Al ejercer estas tareas docentes, se va a relacionar con otros profesores y estudiantes de esos institutos, formando parte de grupos donde se discuten ideas y tendencias nuevas, mostrándose, en esas ocasiones, partidario de la autonomía universitaria. Más tarde, hace amistad con otros intelectuales y forma parte del Grupo Atenas y del Club de los Siete. Con el profesor Antonio José Sotillo aprende los métodos pedagógicos para aplicarlos en la Escuela Militar. Fue nombrado también jefe de servicio de la Dirección de Guerra del Ministerio de Guerra y Marina. Allí se inició su amistad con el general Eleazar López Contreras. En 1930, fue nombrado miembro de la Comisión de Reglamentos Militares y Navales; en 1931, ayudante interino de la Jefatura del Estado Mayor y a partir del 15 de julio de ese mismo año, jefe de servicio del Gabinete del Ministerio de Guerra y Marina y secretario, cargo que desempeñó hasta el 12 de julio de 1935. Ascendido a coronel (12.7.1935), es nombrado por decreto ejecutivo ministro de Guerra y Marina el 1 de marzo de 1936. General de brigada (5.7.1940), pasa a disponibilidad para convertirse en candidato a la Presidencia de la República y por «...primera vez en 40 años, [Venezuela] disfruta la emoción de una campaña presidencial...», según afirmación del embajador norteamericano Frank Corrigan. Cuando desde San Carlos (Edo. Cojedes), se lanza la candidatura de Medina el 3 de marzo de 1941, ya la del candidato de oposición, Rómulo Gallegos, tenía un mes en la calle. Esta última logró obtener 13 votos en la elección hecha por el Congreso Nacional (28.4.1941); Diógenes Escalante obtuvo 2 votos, uno Luis Gerónimo Pietri y otro, José Izquierdo; Isaías Medina Angarita resultó electo presidente de la República con 120 votos. El 30 de abril de 1941 contrae matrimonio con Irma Felizola. El 5 de mayo de 1941, día en que Medina asumió la Presidencia de la República, Venezuela tenía 3.870.771 h; Caracas 269.000 y el presupuesto nacional era de Bs. 300.000.000. Medina fue un militar civilista que respetó los derechos humanos; propició y defendió la libertad de expresión; permitió la libre actividad de los partidos políticos; promovió una reforma de la Constitución que otorgó por primera vez el voto a las mujeres para elegir y ser elegidas concejales, así como la elección directa de diputados y permitió la legalización del Partido Comunista. Se considera un grave error suyo no haber llegado hasta la concesión del sufragio universal, directo y secreto, causa esgrimida por sus adversarios para justificar su caída. Derrocado por un golpe cívico-militar el 18 de octubre de 1945, fue detenido y expulsado del país. El 8 de mayo de 1952, se le presentó un accidente vásculo-cerebral trombótico de la arteria cerebral media y se hospitalizó en el Doctor's Hospital de Nueva York, ciudad donde había pasado su exilio. Cuando se le permitió su regreso a Caracas, a las pocas semanas, tenía como secuela irreversible de su enfermedad una hemiplejia izquierda. Falleció un año después a consecuencia de la ruptura de un aneurisma abdominal. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Rómulo Betancourt: Guatire (Edo. Miranda) 22.2.1908 _ Nueva York (Estados Unidos) 28.9.1981
Político, periodista, fundador del partido Acción Democrática, presidente de la República en 2 ocasiones. Hijo de Luis Betancourt, inmigrante procedente de las islas Canarias y de Virginia Bello, nativa de Guatire. Rómulo Ernesto Betancourt Bello cursó los estudios de primaria en su pueblo natal, bajo la dirección del pedagogo y periodista Juan José Fermín. En 1919, la familia Betancourt se traslada a Caracas en donde Rómulo concluye sus estudios de primaria para ingresar en 1924, en el liceo Caracas dirigido por Rómulo Gallegos; fueron sus condiscípulos, entre otros, Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Elías Toro, Isaac Pardo, Juan Bautista Fuenmayor, Armando Zuloaga Blanco, Carlos Eduardo Frías y Miguel Acosta Saignes. En 1925, inicia sus colaboraciones en revistas caraqueñas y especialmente Billiken en donde publica varios cuentos, convirtiéndose al mismo tiempo en promotor de grupos de estudio, conferencias y recitales. En 1926, ingresa a la Universidad Central de Venezuela en unión de la mayoría de los bachilleres del liceo Caracas. En 1928, se reconstituye la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) bajo la presidencia de Raúl Leoni. Una asamblea de «fevistas» acuerda celebrar la Semana del Estudiante del 6 al 12 de febrero, con el propósito de crear fondos para instalar la Casa del Estudiante; pero a medida que se realizan los actos estudiantiles, la Semana toma el carácter de una protesta universitaria contra el gobierno de Juan Vicente Gómez. Los discursos pronunciados por los estudiantes Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Joaquín Gabaldón Márquez, el poema de Pío Tamayo en el acto de coronación de la reina de los estudiantes, Beatriz Peña y el gesto del estudiante Guillermo Prince Lara al romper en el hospital Vargas una placa de mármol que mencionaba a Gómez, determinan las órdenes de prisión de este grupo dirigente y su traslado al castillo Libertador de Puerto Cabello. Gestiones realizadas por diversas personalidades logran, al término de 2 meses, la orden de libertad para los prisioneros del castillo. El 7 de abril del mismo año, estalla una conspiración militar con apoyo estudiantil; los rebeldes se apoderan del cuartel de Miraflores, pero son dominados al intentar la toma del cuartel San Carlos. Betancourt, quien está comprometido en esta acción, logra abandonar el país rumbo a la isla de Curazao y comienza su primer destierro que va a durar hasta finales de enero de 1936. En Curazao, entra en contacto con los numerosos grupos de exiliados y de trabajadores venezolanos que participan en los propósitos de lucha contra el régimen gomecista; ingresa al Partido Revolucionario Venezolano (PRV) cuya sede central está en Ciudad de México y dedica su tiempo al estudio de la historia latinoamericana, de las fuentes del pensamiento socialista y al conocimiento de las obras que estudian el problema de la penetración imperialista en los países latinoamericanos y para lograr su propósito se empeña en aprender inglés. A finales de 1929, se retira de las filas del PRV y viaja a Barranquilla en donde se encuentra con Raúl Leoni, Juan José Palacios, Ricardo Montilla y Valmore Rodríguez; publica un folleto de denuncia contra el régimen bajo el título de Dos meses en las cárceles de Gómez y regresa a Curazao para encontrarse con el revolucionario Simón Betancourt, quien es agente del movimiento revolucionario que, en París, organiza el general Román Delgado Chalbaud. Rómulo y Simón Betancourt viajan a Santo Domingo pues, en unión de un grupo de exiliados, pretenden navegar hasta la isla La Blanquilla y esperar allí el crucero Falke, rebautizado General Anzoátegui, en que viaja la expedición de Delgado Chalbaud que ha logrado salir del puerto de Dantzig rumbo a las costas de Cumaná. Al fracasar el intento, Rómulo Betancourt decide viajar a Costa Rica, pero antes publica una nueva denuncia contra Gómez, escrita en colaboración con Miguel Otero Silva y con prólogo de José Rafael Pocaterra, con el título de Las huellas de la pezuña. En ese país centroamericano conoce a Manuel Mora, secretario general del Partido Comunista de Costa Rica y a la maestra de preescolar, Carmen Valverde. A mediados de 1930, viaja nuevamente a Barranquilla y funda, en unión del periodista y político colombiano Luis Enrique Osorio, la Alianza Unionista de la Gran Colombia, con el propósito de exaltar los lazos de entendimiento entre los liberales y demócratas de Venezuela, Colombia y Ecuador. Dicta numerosas conferencias y publica artículos de combate en los diarios de Bogotá. En el mismo año, al ocurrir el derrocamiento del presidente peruano, Augusto B. Leguía, viaja a Lima en unión del escritor Gonzalo Carnevali, pero encuentran rechazo y vigilancia por parte del nuevo jefe de Estado, Luis Sánchez Cerro, quien les impide acercarse al líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre. Betancourt regresa a Colombia y en 1931, funda en Barranquilla la Alianza Revolucionaria de Izquierdas (ARDI) en unión de Leoni, Montilla y Rodríguez. ARDI expresa la posición de Rómulo Betancourt frente a los grupos marxista-leninistas formados por los desterrados venezolanos en México y La Habana y sostiene, fundamentalmente, que la revolución contra el gomecismo no podría ser obra exclusiva de la clase obrera, sino de una alianza de clases. El mismo año, redacta el llamado Plan de Barranquilla, suscrito por exiliados de diversos matices de la nueva izquierda y cuya exposición se orienta a realizar un análisis de la situación venezolana a la luz de la dialéctica marxista. En 1932, Betancourt regresa a Costa Rica y se une en matrimonio con Carmen Valverde de cuya unión nacerá una hija: Virginia Betancourt Valverde. Ante los ataques que contra la región andina y los andinos realiza en Nueva York el grupo de exiliados que, bajo la dirección de Carlos López Bustamante y Rafael Bruzual López, lanzan el periódico Venezuela Futura, Betancourt escribe una larga refutación que publica bajo el título Con quién estamos y contra quién estamos en la cual amplía los análisis contenidos en el Plan y rechaza la posición regionalista del grupo de Nueva York, señalando la naturaleza de los poderosos intereses nacionales y no simplemente regionales, que sostienen el régimen de Gómez. Ingresa a la redacción de Trabajo, órgano del Partido Comunista de Costa Rica y es profesor de la Universidad Popular de los Trabajadores de esa nación, al mismo tiempo que funcionario de la Biblioteca Nacional de Costa Rica, cargo que aprovecha para leer y hacer el resumen de los 15 tomos de la Historia contemporánea de Venezuela de Francisco González Guinán. En 1935, el presidente León Cortés ordena la expulsión de Betancourt del territorio costarricense por gestiones de los funcionarios diplomáticos y consulares de Venezuela. El 17 de diciembre de 1935, muere en Maracay el presidente Gómez y, a finales de enero de 1936, Betancourt se embarca en Puerto Limón, rumbo a Venezuela. En febrero, se incorpora a la lucha política, dedicado desde el primer momento a la formación de una alianza política que incorpore también a los sectores de profesionales que habían permanecido indiferentes en la lucha contra el finalizado régimen. Pide y logra la colaboración de Alberto Adriani y de Mariano Picón Salas y funda el Movimiento de Organización Venezolana (ORVE), bajo la presidencia de Adriani y la secretaría general de Picón Salas, reservándose para sí la secretaría de organización. Los sectores partidarios y simpatizantes del marxismo-leninismo forman filas en el Partido Republicano Progresista (PRP). En ORVE, figura la mayoría de los integrantes de la generación del liceo Caracas, llamada después de los sucesos de la semana estudiantil, Generación del 28. La oposición al gobierno del presidente Eleazar López Contreras se hace cada vez más violenta y, tanto «orvistas» como «perrepistas», logran aumentar sus filas y organizar manifestaciones y protestas. En junio de 1936, la discusión de un proyecto de Ley de Orden Público presentado al Congreso por el ministro Alejandro Lara, trae como consecuencia el estallido de una huelga política de duración indefinida, promovida por ORVE, PRP, la FEV y la Confederación de Trabajadores. El gobierno de López Contreras logra dominar el movimiento huelgario y estos acontecimientos determinan la renuncia de Rómulo Gallegos como ministro de Educación y el retiro de un numeroso grupo de «orvistas», encabezados por Picón Salas. Betancourt asume entonces la Secretaría General de ORVE. A finales de 1936, el gobernador del Distrito Federal, Elbano Mibelli, revoca el permiso de funcionamiento de los partidos ORVE y PRP así como el de la FEV como organización política; la Corte Federal y de Casación, al conocer de la apelación que presentan los dirigentes de los partidos, confirma la decisión del gobernador Mibelli. ORVE, PRP y el Bloque Nacional Democrático (BND) del Zulia, deciden entonces integrarse en un partido único, bajo el nombre de Partido Democrático Nacional (PDN), del cual Rómulo Betancourt es secretario de organización; pero el gobernador Mibelli se niega a legalizar esta nueva organización, alegando que está constituida por los mismos dirigentes de los partidos anteriormente disueltos y el PDN pasa a la clandestinidad. El 13 de marzo de 1937, el Ejecutivo Nacional dicta un decreto de expulsión del territorio, por el término de un año, de 37 altos dirigentes políticos entre los cuales destaca Rómulo Betancourt. Al igual que en 1928, logra burlar la orden de prisión y se dedica a organizar desde la clandestinidad los cuadros directivos del PDN, en el cual Jóvito Villalba figura ahora como secretario general. El 30 de octubre de 1939, la policía del régimen logra dar con su paradero y lo hace preso para expulsarlo, esta vez con destino a Chile, donde se vincula a los dirigentes del Partido Socialista, especialmente a Oscar Schanke y Salvador Allende y realiza viajes a Argentina y Uruguay en donde pronuncia conferencias auspiciadas por los partidos socialistas de ambos países. A finales de 1939, se liquida el acuerdo entre los partidos que en 1937 habían formado el PDN y la corriente que encabeza Betancourt conserva el nombre de PDN, mientras la mayoría de los militantes del PRP integran, en la clandestinidad, el Partido Comunista de Venezuela. En 1940, publica Betancourt su libro Problemas venezolanos, recopilación de las columnas sobre economía y finanzas venezolanas que había escrito durante su clandestinidad caraqueña en las columnas del diario Ahora. A mediados de 1940, regresa a Venezuela. Se acerca el final del gobierno del presidente López Contreras y Betancourt promueve la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos para oponerla en la calle a la candidatura presidencial oficial del general Isaías Medina Angarita. El proyecto político logra gran éxito, pues en casi todos los estados de la República se constituyen grupos procandidatura de Rómulo Gallegos que, a los pocos meses, serán las bases de organización nacional del futuro partido Acción Democrática. En mayo de 1941, el Congreso Nacional elige al general Medina Angarita, presidente de la República para el período 1941-1946, mientras Gallegos obtiene los 13 votos de la minoría unificada que representa, en el seno del Parlamento, el pensamiento de los partidos ilegalizados. El 13 de septiembre de 1941 concede el presidente Medina Angarita la autorización para el funcionamiento del partido Acción Democrática que representa la continuación del PDN y de las organizaciones procandidatura de Gallegos. Betancourt será el secretario general del nuevo partido y Rómulo Gallegos, su presidente. En 1944 funda Betancourt el diario El País, bajo la dirección de Valmore Rodríguez y escribe, hasta el 18 de octubre de 1945, una columna editorial diaria sobre temas nacionales y de política internacional. A medida que pasan los meses, acentúa los términos de su oposición al gobierno del presidente Medina Angarita y, en las elecciones municipales de 1944, es elegido concejal por la parroquia caraqueña de San Agustín, derrotando la candidatura de Rodolfo Quintero, respaldada por una alianza del partido de gobierno, el Partido Democrático Venezolano (PDV), con la organización marxista Unión Municipal. Al acercarse el final del gobierno de Medina Angarita, Acción Democrática decide apoyar un candidato del partido de gobierno que garantice la realización inmediata de una reforma constitucional que restablezca la elección popular del presidente de la República y de los senadores y diputados. Para ello, Betancourt y Leoni sostienen conversaciones en Washington con el embajador Diógenes Escalante, a quien deciden respaldar como candidato. Al comienzo de su campaña electoral, Escalante enferma y el acuerdo pactado se rompe ante la proclamación de la nueva candidatura de Ángel Biaggini. Al mismo tiempo, se estaba organizando una conspiración militar encabezada por los mayores Marcos Pérez Jiménez, Julio César Vargas y Edito Ramírez y por el capitán Carlos Delgado Chalbaud, quienes protestaban contra la permanencia indefinida en los mandos del Ejército de un numeroso grupo de generales y coroneles que se mantenían en el control de las fuerzas armadas desde los días finales del régimen de Gómez. Conversaciones mantenidas entre Betancourt y Pérez Jiménez dan como resultado el estallido de un movimiento militar el 18 de octubre de 1945. Al día siguiente, el presidente Medina se entrega a los militares sublevados y se constituye una Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt e integrada por 7 miembros: 2 militares, Mario Vargas y Carlos Delgado Chalbaud, y los civiles Betancourt, Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Gonzalo Barrios y Edmundo Fernández. Esta Junta actúa durante 2 años y medio (octubre 1945-febrero 1948). Convoca a elecciones para el nombramiento de una Asamblea Nacional Constituyente que se realizan el 27 de octubre de 1946 y, aprobada la nueva Constitución Nacional en 1947, se convoca a elecciones para elegir el presidente de la República, los senadores y diputados al Congreso Nacional y los diputados a las asambleas legislativas así como los concejales. El 14 de diciembre de 1947 se celebran los comicios y es elegido presidente de la República Rómulo Gallegos. Durante los años de su presidencia, Betancourt hubo de enfrentar y dominar varios alzamientos militares y manejarse dentro de un ambiente de conspiraciones y ataques cada vez más violentos. Durante su gestión, estableció las bases de un nuevo trato con las compañías petroleras, una política de reforma agraria y de desarrollo industrial que marcaría el comienzo de una nueva etapa en la economía venezolana. En febrero de 1948, ante el Congreso Nacional, hace entrega de la Presidencia a Rómulo Gallegos y en abril, preside la delegación venezolana a la IX Conferencia de los Estados Americanos reunida en Bogotá, donde fue corredactor de la carta constitutiva del organismo regional (OEA) e iniciador de un plan, no realizado, de asistencia económica para América Latina y el Caribe. Los 8 meses de duración del gobierno del presidente Gallegos se caracterizaron por una creciente oposición, en el parlamento y la prensa, de los partidos social cristiano Copei y Unión Republicana Democrática (URD) y la metódica organización de una conspiración militar planeada y dirigida por el jefe del Estado Mayor, general Marcos Pérez Jiménez. Conspiración que logra ponerse en marcha y derrocar el 24 de noviembre de 1948, el régimen constitucional que es sustituido por una Junta Militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud, ministro de Defensa de Gallegos, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez. Gallegos es hecho prisionero y luego expulsado del país; Betancourt logra una vez más burlar la persecución y refugiarse en la Embajada de Colombia, de cuyo asilo diplomático sale, en enero de 1949, rumbo a Cuba para iniciar un tercer exilio. En La Habana, reanuda sus tareas periodísticas y es colaborador de un gran número de publicaciones latinoamericanas, en cuyas columnas denuncia la dictadura militar que se ha instalado en Venezuela. Organiza en La Habana, la I Conferencia Pro-Democracia y Libertad en 1950. Por invitación de gobiernos, partidos políticos y universidades, visita a Bolivia, Chile y Uruguay en una campaña continental de repudio a la reunión de la X Conferencia Interamericana que debía instalarse en Caracas en 1954. En La Habana, es víctima de un atentado; viaja a Costa Rica, luego a Estados Unidos y finalmente, a Puerto Rico en donde vive varios años. Durante este período la editorial Fondo de Cultura Económica de México publica su libro Venezuela: política y petróleo. En diciembre de 1957, a raíz de la maniobra política de Pérez Jiménez que desconoce la Constitución y se hace reelegir mediante un plebiscito, Betancourt se traslada a Nueva York y promueve conversaciones con Jóvito Villalba y Rafael Caldera quienes también se encuentran exiliados en los Estados Unidos. El 23 de enero de 1958, es derrocado Pérez Jiménez y el 9 de febrero, Betancourt regresa a Venezuela para asumir la presidencia de Acción Democrática. Recorre el país en una campaña de reorganización de los cuadros de su partido y, al ser convocadas elecciones generales para el mes de diciembre de ese mismo año, Acción Democrática lo proclama como su candidato presidencial. Triunfa en los comicios del 7 de diciembre de 1958, siendo elegido presidente de la República para el período constitucional 1959-1964, con la suma de 1.284.092 votos. Corresponde al presidente Betancourt asumir la responsabilidad de la jefatura del Estado en uno de los períodos más difíciles de la vida del país, por tener que presidir la transición al régimen democrático en un momento en que una crisis fiscal y económica ocasionaba graves dificultades a la administración: huelgas, continuas protestas y manifestaciones callejeras, al mismo tiempo que se repetían los brotes conspirativos de los grupos partidarios del régimen derrocado. Por otra parte, desde mediados de 1960 hubo de enfrentar su gobierno el estallido de una conspiración fidelista-comunista estimulada y financiada desde el exterior y que iba a tener sus manifestaciones principales en las guerrillas urbana y campesina. El 24 de junio de 1960, es víctima de un atentado en la avenida Los Próceres en Caracas, en el cual resulta quemado y malherido, lo cual no le impide continuar gobernando. La conformación del gobierno que presidió no tenía antecedentes en Venezuela pues estaba integrado, en todas sus instancias, a partir del Consejo de Ministros, por representantes de los partidos Acción Democrática, Social Cristiano Copei y Unión Republicana Democrática. En el propio seno de Acción Democrática, se registraron 2 divisiones que dieron origen a los partidos Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y Partido Revolucionario Nacional (PRN) y que dificultaron la marcha del Gobierno al perder el control de la Cámara de Diputados. No obstante todas estas circunstancias, el gobierno del presidente Betancourt logró iniciar la recuperación económica y estimuló el desarrollo industrial, al propio tiempo que promulgaba la Ley de Reforma Agraria y proponía a los países petroleros la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Empeño semejante puso en dar comienzo a una política sin precedentes en el campo de la educación por el monto del presupuesto de que era dotado el ministerio respectivo y por los programas puestos en vigencia. No obstante la agitación y los planes de violencia del Frente de Liberación Nacional (FLN), las elecciones de diciembre de 1963 se celebraron dentro de la normalidad y con la concurrencia masiva del electorado, siendo elegido Raúl Leoni presidente de la República para el período 1964-1969. En abril de 1964, después de hacer entrega de la Presidencia, Betancourt viajó a Estados Unidos y a los países asiáticos, pero con el propósito de finalizar su viaje en Europa en donde había decidido residenciarse durante varios años, domiciliándose primero en Nápoles y luego en Berna. Era su propósito conocer la realidad europea y evitar, en lo posible, su intervención en la marcha del nuevo gobierno acciondemocratista. En marzo de 1972, regresó a Venezuela y, ante los rumores sobre una nueva posible candidatura presidencial suya, anunció al país que como lo había dicho en marzo de 1969, no volvería a aspirar a la dignidad presidencial, pues consideraba que podía ser útil al país desde la posición histórica que había alcanzado. Anunciaba que, además de su interés por el avance y consolidación de la democracia, dedicaría parte de su tiempo a la redacción de sus Memorias. En las elecciones presidenciales de 1973 triunfa Carlos Andrés Pérez, su secretario privado en los años de la Junta Revolucionaria (1945-1948) y su ministro de Relaciones Interiores en el período 1959-1964, quien obtiene en los comicios de diciembre de 1973, 2.130.743 votos. En la etapa 1974-1981, uno de los mayores empeños de Rómulo Betancourt fue la lucha contra la corrupción administrativa. En 1977, apoya la candidatura presidencial de Luis Piñerúa Ordaz quien, en las elecciones de diciembre de 1978, es derrotado por Luis Herrera Campins, candidato del partido social cristiano Copei. El día de la derrota Betancourt visita a Piñerúa Ordaz y, ante las preguntas de los periodistas, responde: «We will come back», recordando al general Douglas MacArthur, en la guerra del Pacífico. En 1978, la editorial española Seix Barral publica una nueva edición de Venezuela, política y petróleo, así como sus libros El 18 de octubre de 1945 y América Latina: democracia e integración. Fallece en Nueva York en el Doctor's Hospital, debido a un derrame cerebral masivo que sufriera en esa ciudad a donde había viajado el 7 de septiembre de 1981, acompañado de su segunda esposa, Renée Hartmann Viso, como acostumbraba hacerlo todos los años para descansar y adelantar el trabajo de sus Memorias. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Rómulo Gallegos: Caracas, 2.8.1884 _ Caracas, 7.4.1969
Escritor, educador, político y presidente de la República (febrero-noviembre 1948). Hijo de Rómulo Gallegos Osío y de Rita Freire Guruceaga. En 1894, ingresó en el Seminario Metropolitano, pero sale obligado no sólo por su corta edad sino por la muerte de su madre, acaecida el 13 de marzo de 1896 y por la necesidad de ayudar a su padre a sostener la familia. Termina de cursar su primaria entre 1898 y 1901, año en que ingresa en el colegio Sucre, donde tiene como maestros a Jesús María Sifontes y a José Manuel Núñez Ponte y recibe el título de bachiller en 1904. En ese mismo año, se inscribe en la Universidad de Caracas para seguir la carrera de leyes, la que abandona en 1905. En 1906, fue designado jefe de la estación del Ferrocarril Central, en Caracas. Ya Gallegos había comenzado su larga trayectoria como escritor. En 1903, redactó, junto con F.S. Bermúdez, el semanario El Arco Iris y en el número 8 del mismo, había publicado un ensayo titulado: «Lo que somos». Cuando el 31 de enero de 1909 aparece el primer número de la revista La Alborada, de la cual es uno de los redactores, publica el artículo «Hombres y principios» y será en esta revista donde Gallegos va a publicar algunos de sus ensayos más conocidos. Al año siguiente (1910), publica el cuento «Las rosas» en la revista El Cojo Ilustrado. En enero de 1912, es designado director del Colegio Federal de Varones de Barcelona. Desde esta ciudad, se casa por poder (15.4.1912) con su novia Teotiste Arocha Egui, ceremonia que se realiza en El Valle (Caracas). El 4 de junio siguiente muere el padre de Gallegos, y éste regresa a la capital, donde es nombrado, el mismo año, subdirector del Colegio Federal de Caracas, el cual más tarde sería el liceo Caracas (hoy liceo Andrés Bello). En esa institución, permanecerá hasta 1918, para ir seguidamente a la Escuela Normal de Caracas y volver, como director, al ya liceo Caracas (1922-1930). Allí conoció a muchos de los que 20 años después le instarán a encabezar la formación del partido Acción Democrática. Entre los que pasaron por las aulas del liceo Caracas estaban: Raúl Leoni, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Armando Zuloaga Blanco, Clemente Parparcén, Miguel Otero Silva, Elías Toro, Isaac J. Pardo, Rafael Vegas, Carlos Irazábal, Ricardo Razetti, Edmundo Fernández, Nelson Himiob, Antonio Anzola, Inocente Palacios, Simón Gómez Malaret, Ramón Rojas Guardia, Ángel Ugueto, Enrique García Maldonado, José Tomás Jiménez Arráiz y muchos otros que dejaron su huella en distintos campos de la vida venezolana. En 1913, publicó unos cuentos bajo el título de Los aventureros. En 1920, contando 36 años de edad, sale a la calle su primera novela, El Último Solar, vuelta a publicar, con modificaciones y supresiones no siempre acertadas, en 1930, con el título de Reinaldo Solar. A partir de ese hito, la creación narrativa de Gallegos adquirió la fuerza lenta pero poderosa de afianzamiento de la ceiba o del roble. Propietario y director de la revista Actualidades (1920-1922), fue también director de la revista Lectura Semanal. Un oportuno viaje a Europa, el triunfo de Doña Bárbara (1929), la tentación de una oferta del gobierno del general Juan Vicente Gómez, una enfermedad de Teotiste, le llevaron a radicarse fuera de Venezuela, renunciando al halago de un cargo senatorial. Y en Europa, en Barcelona de España, concluyó 2 de sus obras magnas: Cantaclaro (1934) y Canaima (1935). Después de la muerte de Gómez (1935), Gallegos regresó a Venezuela a iniciar una gestión de hombre público relevante, la cual culminó con su ascenso a la Presidencia de la República en 1948. El partido Acción Democrática, que lo llevó al poder, estaba fundado por sus antiguos alumnos. Se reencontraban en una encrucijada de la historia. Gallegos creyó «prestarse» solamente a la acción política. No fue así. Desde la iniciación misma de su actividad como militante de partido y como figura de máxima representatividad democrática, empezó a descuidar inevitablemente su obra de ficción narrativa. Aún publicó algunos libros, pero ninguno de ellos alcanzó el vigor creativo de la trilogía compuesta por Doña Bárbara, Canaima y Cantaclaro. La parábola creativa de Gallegos inicia su descenso después de Cantaclaro. Pobre negro (1937) es una novela desigual sobre los acontecimientos políticos de la Guerra Federal. La construcción de Sobre la misma tierra (1941) es mejor, pero la escritura es de pinceladas cortas, sin el aliento acostumbrado, como un guión de cine. La versión publicada de El forastero (1942), rehecha, pues el libro había sido escrito en 1921, resulta muy inferior a la original. En el caso de Gallegos se advierte con claridad que el arte tiene sus propias exigencias y requiere vidas consagradas enteramente a él. El genio galleguiano se pudo manifestar en toda su plenitud, cuando lejos de Venezuela, entre 1931 y 1935, se dedicó de lleno, sin otra interferencia que la nostalgia de la patria, a su obra creativa. Aunque persiguiera en sus libros una finalidad edificante, el propósito moralista se diluía cuando se apoderaba de él la pasión de la pura ficción. Es el arte de escribir lo que le concede a su obra, en sus momentos culminantes, su valor específico, no las ideas de bien o de crítica y denuncia sociales. Constructor antes que imaginador, maestro antes que artista, educador antes que inspirado, dentro de esa armadura intelectual de elección ética, el daimon de la creación y de la imaginación penetró su obra, lo asomó a inquietudes y misteriosas realidades. Fugas y destellos, mensajes del más allá, refracciones de los símbolos, metáforas de la poesía. El bien, al imponer su alegoría triunfal fue penetrado más de una vez por el demonio de la belleza. Por eso los personajes más fascinantes y mejor logrados de su creación no son los «buenos», sino las representaciones cargadas de dramatismo y de oscuridad del «mal», de la barbarie, de una América abismal: Hermenegildo Guaviarede, El Forastero, Doña Bárbara, Melquíades Gamarra, El Mapanare, Cholo Parima, El Sute Cupira, Santiago Argimírez. Más allá de la antinomia tan aceptada de la lucha entre la civilización y la barbarie lo que realmente determina la existencia de los personajes de Gallegos es el encuentro con el sí mismo. El planteamiento historicista y sociologizante tapa esa búsqueda ontológica de sus héroes o antihéroes, pero una vez que se despoja su narrativa de esta insistencia, de esta evidencia, también se descubre no solamente la estructura simbólica de su pensamiento y su proyección universal, sino el desgarramiento del protagonista entre el ser y el no ser, ante el engaño del lenguaje que lo dice, sin que él pueda decirse y decir. Nombrado ministro de Instrucción Pública en marzo de 1937, Gallegos renuncia al cargo en junio del mismo año. Es electo diputado al Congreso Nacional en 1937, en representación del Distrito Federal (1937-1940). Ejerce la presidencia del Concejo Municipal del Distrito Federal (1940-1941). Es lanzado como candidato presidencial de oposición en un mitin en el Nuevo Circo de Caracas en 1941, en la campaña electoral que llevará a la presidencia al general Isaías Medina Angarita. El partido Acción Democrática, del cual figura como miembro fundador, lo postulará como candidato a la presidencia en 1947 y será electo presidente constitucional el 14 de diciembre de ese año. Corto es el tiempo de su gestión presidencial. Es derrocado por un golpe militar el 24 de noviembre de 1948. Nuevamente va al exilio para no volver a Venezuela sino hasta 1958. Durante ese segundo exilio, muere su esposa en Ciudad de México el 7 de septiembre de 1950. Obvio resulta insistir en el carácter de noble civilidad del novelista, en lo que representó cuando su derrocamiento, en la correspondencia que tuvieron su vida y su obra. Su misma civilidad, su rechazo de la violencia bárbara, procedió inicialmente de hechos existenciales. La infancia del futuro novelista hubo de impresionarse hondamente con las historias de guerrillas y alzamientos. En la memoria del niño se grabaron aquellas imágenes de crueldad primitiva, brotadas de incendios y batallas, como formas de terror. Los mayores, circunspectos, comentando aquellos acontecimientos corrientes en la vida de la Venezuela de entonces, crearon su pasión de paz y civilidad. Combatiría esas imágenes de violencia con la visión del monte Ávila, símbolo de la voluntad serena y fuerte, como dijo uno de sus personajes. El joven Gallegos era dado a las caminatas por el entonces verdeante y fresco valle de Caracas, por las faldas de la serranía, frecuentemente envueltas en la bruma de las alturas. La Vega, Antímano, Catia, Sabana Grande, Chacao, El Valle, eran pueblos aislados entre haciendas de caña, hortalizas, vaqueras y pasto. Gozaba de la íntima comunicación con el paisaje. En Reinaldo Solar, evoca las caminatas con sus amigos por las barrancas en el extremo norte de la ciudad, allí donde mueren las estribaciones del Ávila. Gallegos nunca pudo escribir la novela de la destrucción del valle, del crecimiento canceroso de la urbe, del tránsito enloquecido de una Venezuela rural a otra petrolera. Pero dentro de esa imagen rural, sierra de la Costa, llano, selva, tierras del Zulia, se esconden figuraciones míticas mayores, signos metafóricos trascendentes, personajes de procedencia arquetipal, que traducen esa heredad, aquellas vivencias, a una cosmovisión y a un más allá iluminador, al tiempo no cronológico de la ficción simbólica. En esa dimensión en que el origen y el fin se cierran en un círculo mágico, como el bejuco de Juan Solito, se ingresa a la indestructibilidad de lo esencial de la obra galleguiana. Esta constituye, en última instancia, una proposición de redención venezolana por dentro del individuo, sin excluir la denuncia exterior. Esa interioridad no se diluye en el hedonismo introspectivo ni en el regodeo psicologizante, sino se concentra dramáticamente sobre el mentirse a sí mismo y los engaños de la palabra (subalterno lenguaje de la política, demagogia política del lenguaje) y en la ficción de una vocación adánica de renacimiento, tal como lo procura el Marcos Vargas de Canaima, pero no lo logra. La obra de Gallegos por eso nunca es optimista o mejor dicho, en el fondo, pese a que los «buenos» triunfen, constituye una toma de conciencia poderosa e intuitiva de la imposibilidad de ser uno mismo. Premio Nacional de Literatura (1957-1958), elegido por unanimidad individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua (1958), Rómulo Gallegos es reconocido como uno de los primeros escritores del país. En 1965, se crea el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y en 1972, se funda en Caracas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). J.L. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Carlos Delgado Chalbaud: Caracas, 20.1.1909 _Caracas, 13.11.1950
Ingeniero, militar y político. Presidente de la Junta Militar de Gobierno (1948-1950). Hijo del general Román Delgado Chalbaud y de Luisa Elena Gómez Velutini. Apenas ha cumplido 4 años de edad cuando su padre es encarcelado en La Rotunda por orden del general Juan Vicente Gómez, quien es su padrino. Viaja con su familia al exilio, a París, donde realiza sus estudios secundarios en el Lycée Lakanal. En 1927, Román Delgado Chalbaud se reúne nuevamente con su familia al ser liberado y comienza desde París los preparativos de una invasión para derrocar a Gómez. El joven Carlos tiene la oportunidad de tratar de cerca a los exiliados venezolanos que viven en Europa, tanto a los viejos antigomecistas, entre ellos a José Rafael Pocaterra y Rufino Blanco Fombona, como a la nueva generación que llega a París a raíz de los acontecimientos de febrero y abril de 1928, entre otros, Armando Zuloaga Blanco y Miguel Otero Silva. Se une a la expedición del Falke (julio-agosto 1929) y está presente en el desembarco del 11 de agosto de 1929 en las costas de Cumaná. Ante el fracaso de la operación y la muerte de su padre, regresa a París donde completa sus estudios de ingeniería en la École des Travaux Publics. Se casa con una estudiante de origen rumano, Lucía Levine, de filiación comunista, y frecuenta los círculos radicales universitarios parisinos estableciendo contactos con prácticamente todos los grupos de exiliados, tanto europeos como latinoamericanos, que residen en la capital francesa. Trata, sin éxito, de encabezar un nuevo plan de invasión a Venezuela y para ello entra en contacto con los amigos de su padre y viaja a Barcelona (España) donde establece lazos de amistad con Rómulo Gallegos en cuya casa se hospeda. A la muerte del general Gómez, regresa a Venezuela. El presidente Eleazar López Contreras considera entonces la posibilidad de incorporarlo a las Fuerzas Armadas, pero antes lo envía nuevamente a Francia con el fin de que complete sus estudios. Graduado de ingeniero en 1937, asiste a la Escuela Superior de Guerra de Versalles (1938) y al volver a Venezuela, es incorporado al ejército como capitán adjunto al servicio de Ingeniería Militar en Caracas (1939) y luego como capitán comandante de la segunda compañía del batallón de ingenieros Francisco Avendaño (1941). Forma parte de la nueva generación de oficiales, cuyas aspiraciones en cuanto al cambio institucional del país llevan a la preparación del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945. Capitán jefe de estudios de la Academia Militar de Caracas, se alza en armas contra el gobierno del presidente Isaías Medina Angarita, entra a formar parte de la Junta Revolucionaria de Gobierno (19.10.1945) y se encarga del Ministerio de Guerra y Marina, cuya denominación cambia al de Ministerio de Defensa. Ratificado en ese cargo por el presidente Rómulo Gallegos (febrero 1948), Delgado Chalbaud, como figura destacada de las Fuerzas Armadas, cristaliza a su alrededor la creciente oposición al gobierno de Acción Democrática. Sin embargo, en el seno mismo del Ejército, va cobrando fuerza una división, tanto de personalidades como de proyectos políticos, entre Delgado Chalbaud, el ministro de Defensa y Marcos Pérez Jiménez, el jefe del Estado Mayor General. El golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas el 24 de noviembre de 1948 que derroca a Gallegos lleva a Delgado Chalbaud a asumir el poder, como presidente de la Junta Militar de Gobierno que integra junto con Pérez Jiménez y Luis Felipe LLovera Páez. Su distanciamiento con Pérez Jiménez se va acrecentando a medida que se debaten las alternativas para institucionalizar el nuevo régimen. A comienzos de 1950, se discute sobre un acuerdo para convocar a elecciones, disolver la Junta Militar y entregarle la Presidencia a un candidato de entendimiento entre los partidos políticos y las Fuerzas Armadas que sería el propio Delgado Chalbaud, quien se ha ido perfilando como una personalidad política de primera importancia; pero, el 13 de noviembre de 1950, es víctima de un atentado. Secuestrado por un grupo encabezado por Rafael Simón Urbina, es asesinado al llegar a una casa en la urbanización Las Mercedes de Caracas, propiedad de Antonio Aranguren, un viejo amigo de su padre, y quien aparentemente, se encuentra involucrado en el hecho. Las circunstancias que han rodeado la muerte de Delgado Chalbaud han suscitado numerosas interpretaciones. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Marcos Pérez Jiménez: Michelena (Edo. Táchira) 25.4.1914 _
Militar y político, Presidente de la República (1952-1958). Fueron sus padres Juan Pérez Bustamante y Adela Jiménez. Estudió primaria en su región natal y secundaria en la ciudad de Cúcuta (Colombia), en el colegio Gremios Unidos. En 1931, ingresó a la Escuela Militar de Venezuela, de donde egresó con el grado de subteniente en 1934. Fue ascendido a teniente en 1936. Posteriormente, realizó cursos de especialización en Perú: el de la Escuela de Aplicación de Artillería, entre el 19 de marzo y el 31 de octubre de 1939 y el de Comando y Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra de Chorrillos desde agosto de 1939, siendo ascendido al grado de capitán en 1941, hasta diciembre de 1943. Por su preparación técnica, fue también profesor de armas automáticas, de balística, de armamento de infantería y de empleo de la artillería, en la Escuela Militar de Venezuela; asimismo, de servicio de campaña e informaciones en la Escuela de Aplicación de Infantería de Caracas y de doctrina de guerra en diversos cursos para oficiales. Su carrera militar se vincula al desempeño de cargos en la administración pública nacional, los que, además de proporcionarle la experiencia para tratar asuntos del Estado, le facilitaron los contactos necesarios con los diversos grupos militares y los sectores sociales representativos del poder económico de la nación, que, en suma, influyeron sobre el inicio de su participación en la actividad política. Jefe de la primera sección del Estado Mayor (20.1.1944), participa en la preparación del golpe de Estado que derroca al gobierno del presidente Isaías Medina Angarita (18.10.1945). Ascendido al grado de mayor, asume el importante cargo de jefe de Estado Mayor del Ejército, entre octubre de 1945 y el 10 de julio de 1946. Jefe del Estado Mayor General, a partir de la última fecha hasta el 30 de junio de 1948, es encargado del Ministerio de la Defensa, el 30 de junio y el 24 de noviembre de 1948. Ascendido a teniente coronel, fue uno de los dirigentes del golpe de Estado que derrocó al presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948. Miembro, desde ese día, de la Junta Militar de Gobierno, sigue ocupando la Cartera de Defensa hasta el 2 de diciembre de 1952, fecha en que asume la presidencia provisional de la República. El 19 de abril de 1953, tras su elección por la Asamblea Nacional Constituyente, se juramentó a los 39 años como presidente para el período constitucional 1953-1958, siendo para entonces, al parecer, el Jefe de Estado más joven del mundo. Ascendido a general de brigada (1955) y a general de división (1957), a raíz del plebiscito de diciembre de 1957 es proclamado presidente de la República para el período constitucional 1958-1963. Sin embargo, derrocado por el movimiento cívico-militar del 23 de enero de 1958, Marcos Pérez Jiménez, acompañado de su familia, sale del país y se refugia en Estados Unidos, de donde el Gobierno venezolano logra su extradición en agosto de 1963. Trasladado a la cárcel Modelo de Caracas, fue sometido a juicio, acusado de peculado y malversación de fondos del Erario Nacional. Sentenciado el 1 de agosto de 1968, fue condenado a 4 años, un mes y 15 días de prisión, pero fue liberado ese mismo día por haber cumplido ya el tiempo de condena estipulado y resolvió abandonar el país residenciándose en España. Sin embargo, la figura de Pérez Jiménez se encontraba vinculada a la fundación, en 1963, del partido Cruzada Cívica Nacionalista, el cual pronto se convirtió en una notable fuerza política. En las elecciones generales de diciembre de 1968, fue elegido senador en las listas de la Cruzada, hallándose ausente del país; pero la Corte Suprema de Justicia invalidó su elección basándose en el tecnicismo de que ella era ilegal porque Pérez Jiménez no se había inscrito como votante en el registro electoral. Valiéndose de los 400.000 votos obtenidos en las elecciones de 1968, la Cruzada logró la postulación de Pérez Jiménez para la presidencia de la República en los comicios de 1973. Ante la potencial amenaza de esta nueva fuerza electoral, los partidos mayoritarios propusieron y aprobaron en el Congreso Nacional una enmienda constitucional inhabilitando la elección para presidente, senador o diputado de quienes hubieran sido condenados a una pena superior a 3 años por delitos cometidos en el desempeño de funciones públicas. Inhabilitado como candidato, Pérez Jiménez resolvió retirarse de toda actividad política. En la actualidad, reside en Madrid. S.C.B. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Wolfang Larrazábal Ugueto: Carúpano (Edo. Sucre) 5.3.1911 _
Marino y político, presidente de la Junta de Gobierno en 1958. Hijo de Fabio Larrazábal y de Jerónima Ugueto. Cursa sus primeros estudios en el Instituto Pestalozziano de Maracaibo. Ingresa luego a la Escuela Naval (1928-1932). Entre los años 1942-1945, fue comandante de los buques cañonero General Urdaneta, guardacostas El Leandro y del cañonero Soublette. Comandante de la Base Naval de Puerto Cabello, es nombrado comandante de las Fuerzas Navales (julio 1947) y en 1949 agregado naval de la embajada de Venezuela en Washington. Director del Instituto Nacional de Deportes (1952-1955) y del Círculo de las Fuerzas Armadas (1957-1958), asume el cargo de subinspector de las Fuerzas Navales y luego, de comandante de la Marina del 11 al 23 de enero de 1958. Presidente de la Junta de Gobierno (23.1.1958-14.11.1958), logra imponerse como líder carismático y populista, ayudado por las medidas tomadas durante su gobierno, en particular el Plan de Emergencia o Plan de Obras Extraordinarias. Candidato presidencial de los partidos Unión Republicana Democrática (URD), Partido Comunista de Venezuela (PCV) y Movimiento Electoral Nacional Independiente (MENI) en las elecciones de 1958, logra obtener 903.479 votos, ocupando el segundo lugar detrás de Rómulo Betancourt. Retirado del servicio activo en las Fuerzas Armadas, es nombrado embajador de Venezuela en Chile (1959-mayo 1960); y se presenta nuevamente como candidato presidencial por los partidos Frente Democrático (FDP) y MENI en las elecciones de 1963, logrando obtener en esa oportunidad sólo el 9,43% de los sufragios. Posteriormente ha sido elegido parlamentario en varias ocasiones. F.P. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Raúl Leoni: El Manteco (Edo. Bolívar) 26.4.1905 _ Nueva York (Estados Unidos) 5.7.1972
Abogado, político, presidente de la República (1964-1969). Fueron sus padres Clemente Leoni, de origen corso y Carmen Otero Fernández. Hizo sus estudios primarios en Upata y los de bachillerato en Ciudad Bolívar y Caracas. Cursó estudios superiores en la Universidad Central de Venezuela, donde comenzó su actuación de dirigente estudiantil como presidente del Centro de Estudiantes de Derecho y director de la revista Centro. En febrero de 1928 era presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela cuando se celebró la Semana del Estudiante, suceso que terminó convirtiéndose en manifestación política de protesta contra el régimen de Juan Vicente Gómez. Hecho preso, fue enviado al castillo Libertador de Puerto Cabello. Al salir en libertad, participó en el alzamiento militar del 7 de abril del referido año; fracasado el brote insurreccional huyó al exterior, dirigiéndose a Colombia. Comprometido con la expedición de Román Delgado Chalbaud a las costas venezolanas (agosto 1929), viajó a Santo Domingo junto con otros compañeros, pero por el percance del barco La Gisela donde se encontraba y que estuvo a punto de naufragar, no pudo unirse a la aventura armada. Regresó a Colombia en donde, junto con Rómulo Betancourt, fundó la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI) y firmó el Plan de Barranquilla (1931). El archivo que le fue sustraído por la policía de Gómez de la pensión donde vivía, dio lugar a la publicación del denominado Libro Rojo, con el cual el gobierno del presidente Eleazar López Contreras, en 1936 pretendió demostrar las presuntas vinculaciones comunistas de los estudiantes expatriados. Muerto Gómez, regresó Leoni a Venezuela en enero de 1936, participando, desde su llegada, en las actividades de los sectores políticos de izquierda. Fue uno de los fundadores del Movimiento de Organización Venezolana (ORVE), en el que formó parte de los comités de Política Interna y de Higiene, Trabajo y Asistencia Social. Electo diputado al Congreso Nacional por el estado Bolívar le fue anulado su representación, a petición del Poder Ejecutivo, por sentencia de la Corte Federal y de Casación. Disueltos los partidos y las organizaciones sindicales, fue incluido en el decreto de expulsión del 13 de marzo de 1937 y junto con otros 46 dirigentes políticos, fue embarcado en el vapor Flandre con destino a México. De ahí, se dirigió a Panamá y posteriormente a Colombia, donde continuó sus estudios hasta graduarse, el 8 de diciembre de 1938, de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad de Bogotá. En junio de 1939 regresó a Venezuela para incorporarse a la actividad clandestina del Partido Democrático Nacional (PDN); en 1941, fue candidato a concejal del Distrito Federal por la parroquia Sucre. Dirigente fundador del partido Acción Democrática, desempeñó siempre los cargos más destacados en su comando nacional. Con el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, pasó a ser miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno, a la vez que desempeñó el Ministerio del Trabajo, que, con él, se inicia en forma autónoma al ser separadas sus funciones de las del Ministerio de Comunicaciones. Ratificado en el cargo al asumir Rómulo Gallegos la Presidencia de la República, cae prisionero al ser derrocado el gobierno el 24 de noviembre de 1948. Expulsado del país por tercera vez, salió para La Habana el 19 de julio de 1949. De ahí pasó a Nueva York y luego a Washington, donde el 20 de agosto de 1949 se casó con su prima Carmen América Fernández. En 1951 se residenció en Costa Rica. En 1954 viajó a Bolivia como delegado de la Oficina Internacional del Trabajo; en 1956 se trasladó al Perú, pero el presidente Manuel Odría lo hizo deportar y regresó a Costa Rica, donde se encontraba al ser derrocado el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, (23.1.1958). Regresó a Caracas el 25 de enero de 1958 y ese mismo año, en la Convención Nacional de Acción Democrática, fue designado primer vicepresidente del partido. El 7 de diciembre de 1958 fue electo senador por el estado Bolívar, fecha en la que también asumió la presidencia de Acción Democrática, cargo partidista que le entregó su amigo Rómulo Betancourt por haber resultado elegido éste último jefe del Estado venezolano. En 1959, fue nombrado presidente de la Cámara del Senado y del Congreso Nacional, en cuyo desempeño permaneció hasta marzo de 1962. En julio de 1963, fue proclamado por su partido candidato presidencial y el 11 de marzo de 1964, se juramentó en el Congreso como primer magistrado de la Nación. Inició su gobierno con una coalición de partidos llamada la «Amplia Base», donde, junto con Acción Democrática, participaron Unión Republicana Democrática y el Frente Nacional Democrático. Su período de mando (1964-1969) fue considerado como una etapa de concordia y entendimiento nacional. Masón en grado 33. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Rafael Caldera: San Felipe (Edo. Yaracuy) 24.1.1916
Doctor en ciencias políticas, político, profesor universitario, miembro fundador del partido social cristiano COPEI y presidente de la República de 1969 a 1974, reelecto en 1993 para el período 1994-1999. Hijo de Rafael Caldera Izaguirre y de Rosa Sofía Rodríguez Rivero. Terminada la primaria en el colegio Montesino de su ciudad natal, realizó su bachillerato con los jesuitas del colegio San Ignacio de Caracas, del cual había sido alumno fundador en 1923 y en el que permaneció hasta 1933. Estudiante universitario milita en la Juventud de Acción Católica, de la cual es secretario general. Viaja a Roma en 1933 para participar en el Congreso Iberoamericano de Estudiantes Católicos, ocasión que le depara aproximarse al pensamiento social católico de entonces. En julio de 1935 gana el premio Andrés Bello creado por la Academia Venezolana de la Lengua, con un ensayo sobre la vida, obra y pensamiento del insigne humanista del cual se han hecho numerosas ediciones en diversas lenguas. Muerto Juan Vicente Gómez (1935), Caldera será uno de los primeros en evidenciar, a través de una serie de artículos periodísticos, la necesidad de instaurar en Venezuela una legislación obrera moderna. Ello le valió para que el gobierno del general Eleazar López Contreras le confiara la subdirección de la Oficina Nacional del Trabajo, creada en febrero de 1936, en cuya condición vino a ser coautor de la Ley del Trabajo promulgada en julio de ese año. En mayo de 1936 encabeza el grupo de universitarios que, separados de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), organizan la Unión Nacional Estudiantil (UNE), matriz del futuro movimiento social cristiano nacional. Doctorado en ciencias políticas en la Universidad Central de Venezuela (1939), con una tesis sobre el Derecho del Trabajo, comparte su actividad entre 1938 y 1945, entre sus responsabilidades como dirigente de las agrupaciones políticas Acción Electoral (1938), Movimiento de Acción Nacionalista (1939) y Acción Nacional (1942), como diputado al Congreso Nacional (1941-1944) y como docente universitario, en la materia de sociología y derecho del trabajo. Fue presidente de la Asociación Venezolana de Sociología y del Instituto Venezolano de Derecho del Trabajo. Como presidente de la Comisión Editora de las Obras completas de Andrés Bello participa en esa importante empresa cultural. En 1941 contrae nupcias con Alicia Pietri Montemayor. La revolución de octubre de 1945, a la cual se adhiere, lo eleva a la Procuraduría General de la Nación. Al calor de la nueva situación política, participa en la fundación, el 13 de enero de 1946, del Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), concebido como movimiento «con ideas cristianas y bases populares». Habiendo renunciado a su cargo de procurador en gesto de ruptura con la Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt, consagrará su esfuerzo a la promoción de COPEI, que se convierte en la principal fuerza de oposición, con particular arraigo en los Andes. Electo representante a la Asamblea Nacional Constituyente de 1946-1947, COPEI lo escoge como su candidato, en disputa con Rómulo Gallegos (Acción Democrática) y Gustavo Machado (Partido Comunista de Venezuela), para las elecciones presidenciales celebradas en diciembre de 1947, en las cuales ocupa el segundo lugar. El golpe militar de noviembre de 1948 contra Gallegos lo coloca a él y a COPEI en una posición que, de inicial expectativa, pasa a ser progresivamente de franca oposición. Consumado el fraude electoral de 1952 e impuesto por el ejército el coronel Marcos Pérez Jiménez como presidente, lo mismo Caldera que su partido sufren la hostilidad del nuevo régimen, la que llega a su clímax en 1957 con su prisión, por una medida destinada a contrarrestar las gestiones en marcha a fin de que asumiese la condición de candidato de unidad de todos los partidos de oposición contra Pérez Jiménez, en las elecciones presidenciales estipuladas para el final de ese año. El 23 de enero de 1958 lo encuentra en el exilio, de donde regresa para contribuir de manera sustancial, con Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, a echar los cimientos del sistema democrático vigente en Venezuela. El pacto firmado en su residencia caraqueña, conocido bajo el nombre de Pacto de Punto Fijo (31.10. 1958), establecía las reglas de un futuro gobierno democrático de coalición integrado por Unión Republicana Democrática (URD), Acción Democrática (AD) y COPEI y del Programa Mínimo de Gobierno encomendado a tal administración. Las votaciones del 7 de diciembre de 1958 confirieron a Betancourt la presidencia de la República, y colocaron a Caldera en tercer lugar detrás del contralmirante Wolfgang Larrazábal. Presidente de la Cámara de Diputados en 1959, Caldera contribuyó a mantener a COPEI hasta 1964 dentro de la coalición gubernamental resultante del Pacto de Punto Fijo, abandonada en 1960 por URD. En 1963 COPEI insiste en la candidatura presidencial de Caldera, quien aunque pierde frente a Raúl Leoni de AD, ocupa en esta ocasión el segundo puesto entre 7 aspirantes. El final del gobierno de Betancourt, lo es también de la coalición AD-COPEI, ya que los socialcristianos deciden practicar con respecto al gobierno de Leoni una línea bautizada como de «autonomía de acción». Postulado por cuarta vez a la presidencia, Caldera triunfa en los comicios de 1968, bajo la consigna del «cambio». Entre las más significativas iniciativas de su gestión gubernamental, que definirá como «nacionalismo democrático», se contarán en lo interno: la política de pacificación que facilitó la reincorporación al juego democrático del Partido Comunista de Venezuela y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en armas desde 1960; la reforma educativa; la nacionalización del gas y la regionalización del desarrollo; los programas de construcción de viviendas y de promoción popular y la denominada «Conquista del Sur». En lo internacional: la sustitución de la denominada Doctrina Betancourt por una política de «solidaridad pluralista» latinoamericana; la promoción de la idea de una «justicia social internacional»; la distensión con los países comunistas, incluida Cuba; el ingreso de Venezuela al Pacto Andino; la denuncia del Tratado de Reciprocidad Comercial con Estados Unidos; una activa presencia a nivel del Caribe y, por fin, la firma del Protocolo de Puerto España, que estableció un plazo de moratoria para el arreglo de la disputa limítrofe con Guyana. Finalizado su período de gobierno, Caldera perseveró en la acción político-social, lo que le llevó, primero, a ocupar la presidencia del Consejo de la Unión Interparlamentaria Mundial (1979-1982); en segundo lugar, a promover desde 1986 una nueva ley del trabajo, finalmente promulgada en 1990, y, en 1992, una reforma legal dirigida a ampliar las bases democráticas de la Constitución Nacional de 1961, en cuya elaboración había tenido, por demás, en su momento, un destacado papel; y en tercer lugar, a protagonizar en 1983 y 1993, dos nuevos intentos de conquista de la presidencia de la república, de los cuales vino a prosperar el último de ellos, no sin pasar por la previa ruptura política con su propio partido (COPEI), para encabezar una amplia alianza electoral. A partir de la toma de posesión de su cargo (2.2.1994), las prioridades de su segundo mandato han sido las de restituir la armonía de una nación enormemente turbada por 2 intentos de golpe de Estado en 1992, y por la deposición, a través de un proceso judicial, del presidente anterior, Carlos Andrés Pérez, e intentar la recuperación del país de la grave crisis económica en la cual le correspondió asumir su segunda presidencia. Caldera es individuo de número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y de la Academia Venezolana de la Lengua, doctor honoris causa y profesor honorario de numerosas universidades nacionales y extranjeras. N.S. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Carlos Andrés Pérez: Rubio (Edo. Táchira) 27.10.1922 _
Político. Presidente de la República, elegido para ejercer la primera magistratura nacional correspondiente a los períodos 1974-1979 y 1989-1994. Fue el penúltimo de los 12 hijos del matrimonio de Antonio Pérez y Julia Rodríguez, pertenecientes ambos a modestas familias andinas vinculadas al cultivo del café. En su ciudad natal cursó la instrucción primaria. Su familia se trasladó a Caracas en 1935, cuando la capital, con el fin del gomecismo, era un poderoso polo de atracción para la provincia. En el liceo Andrés Bello, el joven tachirense hizo estudios de secundaria, graduándose de bachiller en filosofía. En el liceo, siguiendo su temprana inclinación política, actuó como presidente del Centro de Estudiantes. En 1938, se afilió al Partido Democrático Nacional (PDN) que, más adelante, daría origen a Acción Democrática, partido por cuya legalización trabajó con empeño (1941); también participó en la fundación de la Asociación Juvenil Venezolana (AJV), entidad periférica de AD y presidió el primer congreso de esa agrupación celebrado en San Cristóbal. Inició, en 1944, sus estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, pero los interrumpió por el cambio político que se produjo en el país como consecuencia del 18 de octubre de 1945 que lo llevó a asumir responsabilidades públicas de atención preferente: ocupa el cargo de secretario privado del presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo Betancourt, desempeñándose además como secretario del Consejo de Ministros. En 1946, fue electo diputado a la Asamblea Legislativa del estado Táchira y en 1947, diputado al Congreso Nacional por la misma entidad federal. Cuando en 1948 fue derrocado el gobierno legítimo del presidente Rómulo Gallegos, fue detenido al participar en los esfuerzos por instalar en Maracay un gobierno de emergencia que supliera, conforme a la previsión de la Constitución, al primer magistrado depuesto por la asonada militar del 24 de noviembre. Ese mismo año contrajo matrimonio con su prima Blanca Rodríguez, unión de la cual nacerían 5 hijos. Permaneció un año prisionero en Caracas (1949), y fue luego expulsado del país. Durante su exilio, siguió sus interrumpidos estudios de derecho en Colombia y Costa Rica, pero no alcanzó a concluirlos. Hubo de volver a Venezuela clandestinamente en tareas de su partido en la resistencia contra el gobierno de Marcos Pérez Jiménez; arrestado de nuevo, fue confinado a Puerto Ayacucho. Tras una segunda expulsión del país, se unió en La Habana a Rómulo Betancourt. Trabajó en la redacción de prensa para los exiliados venezolanos y fue militante activo en la denuncia contra el régimen perezjimenista. A raíz del 23 de enero de 1958, retornó a Venezuela, dedicándose por entero a la consolidación del nuevo sistema democrático y a la reorganización de Acción Democrática en el estado Táchira. En las elecciones de diciembre de 1958, gana la diputación por el estado Táchira para el quinquenio 1959-1964. Llamado por el presidente Betancourt, es el primer director general en el Ministerio de Relaciones Interiores (1960) y luego, es designado titular de la misma cartera (1962). Como tal, le toca enfrentar enérgicamente los alzamientos guerrilleros fomentados por la izquierda con el apoyo del gobierno de Cuba. El 18 de febrero de 1963 asume provisionalmente la Presidencia, supliendo a Betancourt quien viaja al exterior. Durante los 5 años de gobierno del presidente Raúl Leoni (1964-1969) volvió al Congreso Nacional como jefe de la fracción parlamentaria de Acción Democrática. En 1968 había conquistado dentro de esa organización el cargo de secretario nacional y miembro del Comité Ejecutivo Nacional, posición en la cual permanece durante todo el quinquenio presidido por Rafael Caldera (1969-1974). Postulado como candidato de Acción Democrática a la presidencia en las elecciones del 9 de diciembre de 1973, lanza la consigna de «Democracia con energía» y obtiene el triunfo con 2.142.427 votos, seguido por Lorenzo Fernández, de COPEI, con 1.605.628 votos; el 12 de marzo de 1974 asume el poder. En el primer año de su gobierno lanza 2 iniciativas de índole cultural: la Biblioteca Ayacucho (calificada colección de las obras maestras de las letras latinoamericanas) y el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, para la capacitación de varios millares de estudiantes venezolanos en los centros universitarios de más prestigio en el mundo. En 1975 nacionaliza la industria del hierro y al año siguiente, la industria del petróleo. En 1978, por medio de la proclamación de la «zona económica exclusiva», el ámbito de la soberanía de la República resulta ampliado en un área marina y submarina aproximada de 500.000 km2, mediante tratados de delimitación de esas áreas suscritos con el Reino de los Países Bajos-Antillas Neerlandesas, Estados Unidos de América y República Dominicana. Importantes logros internacionales se debieron a iniciativas de su gobierno: así, los tratados Carter-Torrijos sobre el canal de Panamá, la mediación del papa Juan Pablo II en el conflicto del estrecho de Beagle entre Argentina y Chile, la constitución del Sistema Económico Latino Americano (SELA). Al fin de su mandato pudo afirmar la absoluta normalidad registrada en el orden militar durante todo el ejercicio de su quinquenio. Por su desvelo insistente en la protección a la naturaleza y en pro de la recuperación ecológica, recibió en 1975 el reconocimiento mundial del Premio «Earth Care», discernido por primera vez a un jefe de Estado de América Latina. Desde 1976 es vicepresidente de la Internacional Socialista. En 1979 entrega el cargo de presidente a su sucesor Luis Herrera Campins y se incorpora a la Cámara del Senado como miembro vitalicio. A partir de 1980 es nombrado vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, vicepresidente del Consejo de Antiguos Jefes de Estado en Viena y miembro de la Comisión Sur-Sur. El 11 de octubre de 1987 fue escogido de nuevo por su partido, candidato a la Presidencia de la República. En los comicios del 4 de diciembre de 1988 resultó electo con 3.879.024 votos (52,91% de los sufragantes) para el período 1989-1994. J.L.S-B.
Durante su segundo período de gobierno hubo de enfrentar graves manifestaciones de violencia cívica y militar, una oposición política que no le dio tregua y, antes de finalizar el quinquenio, un antejuicio de mérito ante la Corte Suprema de Justicia por malversación de fondos públicos. A pocos días de comenzar este mandato, Carlos Andrés Pérez resumió la situación económica y fiscal en la que se encontraba el país como muy comprometida. El 16 de febrero de 1989 presentó un programa de ajustes macroeconómicos de orientación neoliberal con cuya aplicación se proponía resolver los problemas nacionales de mayor entidad y encausar sus acciones hacia la normalización de las variables fundamentales. Entre las primeras medidas puestas en práctica estuvo el aumento del precio de la gasolina, lo que incidió significativamente en el encarecimiento del transporte colectivo, por lo que los días 27 y 28 de febrero de 1989 surgieron una serie de protestas, realizadas por quienes viviendo en las ciudades-dormitorios de Caracas debían trasladarse a diario a trabajar en esta capital. El movimiento, que comenzó en Guarenas, se extendió rápidamente a Caracas y otras ciudades -La Guaira, Valencia, Barquisimeto, Mérida, algunas de Guayana y de los Valles del Tuy- convirtiéndose en pobladas que fue menester reprimir con todo rigor, incluida la utilización del ejército. No se ha podido determinar la cifra de vidas perdidas en los enfrentamientos, las cuales según partes oficiales estarían por el orden de 300. Con motivo de esos acontecimientos y los excesos represivos, el presidente Pérez perdió mucho de la popularidad que lo acompañó al entrar a ejercer su segundo mandato. A partir de los días siguientes se produjeron varias manifestaciones en su contra, las que conjuntamente con las críticas políticas formuladas por varios partidos y sectores, a él y a su programa, permearon el piso sobre el cual se sustentaba. Las medidas económicas puestas en práctica por su gobierno condujeron en 1989 a una inflación estimada en 84,5% y la economía se contrajo en el orden del 8,1%; sin embargo, las reservas internacionales aumentaron, el déficit de la balanza de pagos se redujo y el déficit público disminuyó del 9,9% del PTB al 1,7%. A partir de allí mejoró la situación macroeconómica con signos positivos en 1990 y 1991. En compensación a las clases populares por las medidas de ajustes el presidente decretó el aumento de los sueldos de la administración pública y del salario mínimo, un programa de becas alimentarias, la política de subsidios directos a los componentes de la canasta alimentaria básica, así como la constitución de 42.000 hogares de cuidado diario y otras medidas en beneficio de quienes mayor impacto soportarían por los efectos de aquellas medidas. No obstante, la compensación no fue tan efectiva como se esperaba y la situación social empeoró progresivamente. En la madrugada del 4 de febrero de 1992 Venezuela entera fue sacudida por un intento de golpe de Estado cuyos dirigentes proclamaban su justificación en el deterioro de la situación social y el aumento de la corrupción administrativa. Derrotada la sublevación por las fuerzas leales al presidente y recluidos sus cabecillas en prisión, Carlos Andrés Pérez se comprometió ante la opinión pública a corregir algunos aspectos de sus medidas; pero la dinámica iniciada no podía ser objeto de contramarchas inmediatas, por lo que el proceso de deterioro político no se detendría. Nuevamente, el 27 de noviembre de ese mismo año, se produciría una asonada militar, ésta de mayor gravedad que la anterior debido a la participación de parte de la Fuerza Aérea y por la jerarquía de sus máximos dirigentes, en los grados del generalato y el almirantazgo; pero luego de combates por aire y tierra los sublevados fueron vencidos por las fuerzas que se mantuvieron al lado del presidente. Pese a la derrota de los alzamientos militares, la presión política contra Carlos Andrés Pérez continuó, llegando a expresarse en la propuesta de su remoción del cargo. En marzo de 1993 el fiscal general de la República introdujo una acusación en su contra por malversación de 250 millones de bolívares de la partida secreta por cuyo manejo era responsable. El 20 de mayo siguiente la Corte Suprema de Justicia dictaminó que había méritos para el juicio y el Congreso Nacional, haciendo uso de previsiones constitucionales, resolvió sustituirlo para que dicho juicio continuase. Una vez retirado de la Presidencia de la República fue consignado en el Retén Judicial de El Junquito y de allí, en aplicación de las previsiones legales relativas a límites de edad para el encarcelamiento, pasó a su casa de habitación como lugar de reclusión a la espera de la sentencia del caso. El 30 de mayo de 1996, la Corte Suprema de Justicia lo condenó por malversación genérica agravada a 2 años y 4 meses de arresto domiciliario. F.P. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Luis Herrera Campins Acarigua (Edo. Portuguesa) 4.5.1925 _
Abogado. Dirigente político socialcristiano y presidente de la República (1979-1984). Hijo de Luis Antonio Herrera y de Rosalía Campins. Cursa sus primeros estudios en su pueblo natal y el bachillerato en el colegio La Salle de Barquisimeto, donde inicia en 1941 su militancia en la Unión Nacional Estudiantil (UNE), antecedente del futuro Partido Socialcristiano COPEI. Trasladado a Caracas para cursar la carrera de derecho en la Universidad Central de Venezuela, firma por la UNE un manifiesto de apoyo a la revolución que derroca al gobierno del presidente Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945. Fundado COPEI, en 1946, Herrera Campins se convierte en uno de los dirigentes de su fracción juvenil. Entre 1946 y 1948, al tiempo que prosigue sus estudios universitarios, ejercita el periodismo político en el semanario COPEI y en el diario El Gráfico. En 1948, es diputado a la Asamblea Legislativa del estado Portuguesa. Preso en 1949 por un suelto de prensa que la Junta Militar que había suplantado al gobierno del presidente Rómulo Gallegos consideró irrespetuoso. Puesto en libertad, participó en la huelga universitaria de 1952, a raíz de la cual debió salir al destierro. Termina en España su carrera de derecho y allí contribuyó a editar, junto con otros copeyanos exiliados Tiela (Triángulo Informativo Europa-Las Américas), periódico clandestino de oposición al general Marcos Pérez Jiménez. Al mismo tiempo, se familiariza con el pensamiento filosófico y social de impronta cristiana (Jacques Maritain, Emmanuel Mounier, Robert Lebret) vigente en Europa. En 1957, publica en Roma Frente a 1958, opúsculo en el cual, exploradas las perspectivas de una crisis del régimen perezjimenista, asomaba la necesidad de un acuerdo unitario entre los partidos de la oposición. Su regreso al país, después del 23 de enero de 1958, lo colocó entre los dirigentes copeyanos de amplia audiencia y fue de los negociadores por su sector político de los importantes acuerdos interpartidistas de 1958. Diputado por el estado Lara (1959-1974), asume la jefatura de la fracción parlamentaria socialcristiana en el Congreso (1962-1969), es elegido secretario general de la Organización Demócrata-Cristiana en América Latina (ODCA, 1969) y desempeña una amplia labor periodística en diarios de Caracas o del interior, particularmente en Panorama de Maracaibo donde escribe una columna titulada «Palenque». Representante de una importante corriente política dentro del partido COPEI, no logra imponerse en la Convención Nacional extraordinaria de dicho partido, celebrada en el teatro Radio City de Caracas (marzo 1972), cuya votación por un estrecho margen favorece la candidatura de Lorenzo Fernández en los comicios presidenciales de 1973. Senador por el estado Lara (1974-1977), Luis Herrera Campins es postulado por COPEI a la presidencia de la República para las elecciones de 1978, en las que resulta vencedor, desempeñándose como jefe de Estado para el período 1979-1984. Después de entregar la presidencia a su sucesor, Jaime Lusinchi, continúa activo en la vida política partidista y participa en el movimiento mundial al cual adhiere su partido. Entre 1986 y 1989 fue secretario de la Internacional Demócrata Cristiana y en 1996 todavía dirige la revista Voz y Camino. En enero de 1995 fue elegido presidente del partido socialcristiano COPEI, cargo en el cual se mantiene a la fecha de preparar estas líneas (febrero 1996). Presidió la Comisión Nacional para el Bicentenario del general en jefe José Antonio Páez y ejerce la dirección de la Biblioteca del Pensamiento Venezolano «José Antonio Páez», una colección especial de Monte Ávila Editores. Su participación en favor de varias naciones latinoamericanas que confrontaron serios problemas políticos durante su mandato presidencial, especialmente Argentina con motivo de la guerra de las Malvinas, le valió distinciones que incluyen 3 doctorados Honoris Causa. N.S./F.P. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Jaime Lusinchi: Clarines (Edo. Anzoátegui) 27.5.1924
Médico y político. Presidente Constitucional de la República en el período 1984-1989. Hijo de María Angélica Lusinchi. Hizo sus estudios primarios en Clarines y en Puerto Píritu. En 1937, inició los de secundaria en el Colegio Federal de Barcelona y se vinculó, en 1939, al Partido Democrático Nacional (PDN), organización política entonces clandestina, precursora del partido Acción Democrática. Concluido el bachillerato, pasó en 1941 a Caracas, donde asistió el 13 de septiembre, al mitin fundador de Acción Democrática. Ese mismo año, viajó a Mérida para iniciar sus estudios de medicina en la Universidad de Los Andes, pero al poco tiempo, se trasladó a Caracas a fin de continuarlos en la Universidad Central de Venezuela. Durante sus años universitarios, fue delegado de su curso y dirigente estudiantil. Alternó sus estudios con la actividad política. Fue presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) y de la Asociación de la Juventud Venezolana. Graduado de médico cirujano en 1947, regresó a su región natal, donde ejerció como médico rural en Cantaura. Allí contrajo matrimonio con su colega Gladys Castillo, con quien tendrá 5 hijos: María Teresa, Jaime Leonardo, Gladys, Álvaro y Jaidys. Fue presidente del Concejo Municipal del Distrito Freites y, también, resultó elegido miembro de la Asamblea Legislativa del estado Anzoátegui, la que presidió en 1948. Después de haber sido derrocado el presidente Rómulo Gallegos por un golpe militar el 24 de noviembre de ese mismo año, Lusinchi empezó a trabajar en el hospital de la compañía petrolera Mene Grande, en la población de San Tomé. Al mismo tiempo, realizaba actividades políticas clandestinas contra el régimen de la Junta Militar. Perseguido y arrestado varias veces, se trasladó a Caracas, donde a la vez que se desempeñaba como médico en el puesto de emergencia, continuó su actividad política clandestina como adjunto de Luis Troconis Guerrero en la Secretaría Nacional de Propaganda de Acción Democrática y corredactor del periódico Resistencia. Fue sucesivamente: subsecretario general de su partido, al lado de Luis Manuel Peñalver, Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevali; secretario nacional de organización y miembro del entonces llamado Buró Político de AD, que dirigía las acciones en el país. En 1952, fue apresado por la Seguridad Nacional y al cabo de un tiempo, expulsado de Venezuela. En 1952, vivió por unos meses en la Argentina y entre 1953 y 1956, en Chile. En la Universidad de Buenos Aires hizo un curso de postgrado en pediatría y otro de la misma especialidad en la de Santiago de Chile; en revistas chilenas de carácter científico publicó trabajos sobre parasitología y pediatría. Durante su permanencia en Chile, ejerció su profesión en el hospital Roberto del Río, de Santiago. En 1956 viajó a Nueva York, donde fue médico residente en los servicios de pediatría del Lincoln Hospital (1956-1957) y del University Bellevue Medical Center (1957-1958), a la vez que cursaba un postgrado de su especialidad médica en la Universidad de Nueva York y continuaba su actividad política al lado de Rómulo Betancourt y de otros dirigentes reunidos en aquella ciudad. A raíz del movimiento del 23 de enero de 1958 que derrocó al régimen de Marcos Pérez Jiménez (23.1.1958), regresó a Venezuela. Dedicó la mayor parte de su tiempo a la actividad política como miembro de la Dirección Nacional de AD. Elegido diputado al Congreso Nacional por el estado Anzoátegui en 1958 y reelegido sucesivamente (1963, 1968 y 1973). Jefe de la fracción parlamentaria de su partido durante 12 años; secretario de asuntos internacionales de AD y miembro de la comisión que negoció con los gobiernos de Inglaterra y de Guyana el Acuerdo de Ginebra, concluido en 1967, sobre la reclamación por parte de Venezuela del territorio del Esequibo. En 1977, al expirar su cuarto período como diputado, fue elegido senador por su estado natal, para el período 1978-1983. En 1981, entró a ocupar la Secretaría General de Acción Democrática, partido que lo eligió, en 1982, como candidato a la Presidencia de la República. En las elecciones de diciembre de 1983, resultó vencedor por una amplia mayoría de votos. El 2 de febrero de 1984 se juramentó como presidente constitucional de Venezuela. Durante su mandato tuvo que enfrentar una grave situación de estancamiento económico y desorganización administrativa. A tal efecto dispuso dar una nueva orientación a los asuntos del Estado y poner en práctica su propuesta política del llamado Pacto Social. El triunfo de su partido en las elecciones para representantes a los concejos municipales del 4 de mayo de 1984 y la promulgación el 22 de ese mismo mes de la Ley Habilitante aprobada por el Congreso, consolidaron la posición del gobierno. Su pacto con el secretario general y un sector del Buró Sindical de AD lo colocaron en situación ventajosa en la dirección de su partido, lo cual le permitió promover reformas estatutarias internas que lo favorecieron políticamente. Durante su período las realizaciones del gobierno gozaron de una aparente credibilidad y personalmente, como presidente, mantuvo un alto índice de popularidad. Objeto de atención pública fueron el juicio de divorcio incoado contra su esposa de muchos años y el posterior matrimonio con su secretaria privada de origen colombiano, Blanca Ibáñez. Con ésta fue acusado, después de haber entregado el poder, de 2 hechos señalados como presuntamente delictuales: la compra de unos vehículos rústicos para el servicio de campañas electorales, los cuales fueron reintegrados al patrimonio público, y los gastos por medio del Instituto Nacional de Hipódromos (INH) relacionados con la atención de un grupo de niños traídos del interior del país a un festival infantil. El primero de los juicios fue declarado prescrito (1994) y el segundo, a mediados de 1995 estaba pendiente de una decisión del Tribunal Superior de Salvaguarda del Patrimonio Público. Durante este tiempo Blanca Ibáñez de Lusinchi permaneció exiliada en Costa Rica, país que le brindó asilo. El ex presidente Lusinchi estuvo viniendo a Venezuela para atender las incidencias del proceso de judicial, hasta que le dictaron un auto de prohibición de salida del país que lo tomó de sorpresa y lo hizo viajar apresurada y subrepticiamente al extranjero. M.V.M. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Ramón José Velásquez: San Juan de Colón (Edo. Táchira) 28.11.1916_
Abogado, periodista, historiador, profesor universitario. Presidente constitucional de la República. Protagonista calificado de la vida pública venezolana, reconocido investigador y promotor de los estudios históricos. Su nombre completo es Ramón José Velásquez Mujica. Hijo de Ramón Velásquez Ordóñez y de Regina Mujica. Cursa la enseñanza elemental en la escuela anexa al liceo Simón Bolívar, de San Cristóbal. Concluye el bachillerato en el liceo Andrés Bello de Caracas, plantel en el cual se aficiona a las letras y a la política cuando declina el postgomecismo. En 1943 se recibe de abogado en la Universidad Central de Venezuela, para dedicarse de inmediato al periodismo. Trabaja de reportero en los diarios Últimas Noticias y El Nacional. Los partidos modernos, especialmente Acción Democrática (AD), pugnan por una mayor apertura en el manejo de los negocios públicos, sin que el gobierno de Isaías Medina Angarita acepte del todo las propuestas. En 1944 llega a ser redactor del diario El País, desde cuyas páginas promueve campañas por la democratización del juego político. Tales campañas, unidas a su entusiasmo por el movimiento del 18 de octubre de 1945, lo conducen a la cárcel Modelo de Caracas después del derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos (1948). Permanece en prisión entre 1949 y 1950. Al quedar libre prosigue su actividad política a través del periodismo y de la imprenta. Llega a ser el redactor principal de la revista Signo, en cuya orientación participan connotados rivales del gobierno militar. Junto con un trío de ellos -Leonardo Ruiz Pineda, José Agustín Catalá y Simón Alberto Consalvi- vinculados a la dirigencia del partido Acción Democrática, redacta El libro negro de la dictadura, actividad clandestina de gran celebridad en su momento. Descubiertos los responsables del impreso, es detenido otra vez y confinado a la cárcel Modelo entre 1953 y 1954. Al año siguiente se vale del seudónimo para actuar como jefe de redacción de la revista Élite, pero el disfraz no impide que sea otra vez arrestado por actividades de proselitismo subversivo. La Seguridad Nacional lo traslada de la cárcel capitalina a la cárcel de Ciudad Bolívar, en la que permanece hasta las postrimerías de 1957, víspera del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. Al inicio del proceso democrático se le identifica como uno de los letrados más batalladores del período que ha concluido, reputación gracias a la cual es escogido como director de El Mundo, diario que pretende compendiar el espíritu de los nuevos tiempos. Venezuela experimenta el sueño de construir una Sociedad democrática, mediante la amalgama de todas las posiciones partidarias. Se incorpora entonces como profesor de la Universidad Central de Venezuela y director del Instituto de Investigaciones Históricas del Periodismo Venezolano. También se inicia como parlamentario, pues en las elecciones generales de diciembre de 1958 triunfa como senador principal por el estado Táchira y como diputado principal por el estado Miranda, postulaciones incluidas en las listas del partido Acción Democrática. Apenas actúa en el primer Parlamento de la democracia, debido a que es llamado por el presidente Rómulo Betancourt para ocupar el cargo de secretario general de la Presidencia de la República, función en la que permanece hasta 1963. El gobierno pasa por delicados momentos, debido al desarrollo de intentonas golpistas de tendencia derechista e izquierdista, y al surgimiento de un movimiento guerrillero que adopta la estrategia del fidelismo cubano. Aparte de la actividad propia del cargo, Velásquez realiza desde Miraflores importantes iniciativas de naturaleza cultural, especialmente destinadas a la salvaguarda de la memoria colectiva. Destacan entre ellas: la fundación del Archivo Histórico de Miraflores y del Boletín del mismo archivo; la dirección de la compilación del Pensamiento Político Venezolano del Siglo XIX, con la colaboración de Pedro Grases y Manuel Pérez Vila; la dirección de las colecciones Venezuela Peregrina, Nuestro Siglo XIX y Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Al terminar el período de Betancourt, redacta una serie de monografías sobre ciudades y personajes de Venezuela y funda la cátedra de Historia del Periodismo Venezolano en la Universidad Católica Andrés Bello; ejerce la dirección del diario El Nacional (1964-1968) y se incorpora como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia (1964). En 1967 la Universidad de Columbia le concede el premio María Moors Cabot, en atención a sus méritos como comunicador social. Entre 1968 y 1969 ejerce la presidencia de la Asociación Pro-Venezuela, mientras se incorpora al designio electoral que desemboca en el triunfo de Rafael Caldera. El presidente Caldera lo designa ministro de Comunicaciones, cargo que desempeña entre 1969 y 1971. Colabora entonces en la política de pacificación auspiciada por el primer magistrado. Apenas abandona el ministerio, produce un libro que llama la atención, La caída del liberalismo amarillo: Tiempo y Drama de Antonio Paredes, por cuya redacción gana en 1973 el Premio Municipal de Prosa. Retorna al Congreso en 1974, como senador principal por el estado Táchira, otra vez en las listas de Acción Democrática. En 1984 será electo de nuevo senador, en iguales condiciones. La dilatada actividad de congresista lo llevará a ejercer la presidencia de la Comisión de Política Exterior del Senado de la República, entre 1974 y 1979, y la vicepresidencia de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, en 1974. Este último año crea y preside la Fundación para el Rescate del Acervo Documental de Venezuela (FUNRES). En 1977 se incorpora como individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. En 1979 vuelve a la dirección de El Nacional hasta 1981, y publica otro volumen de gran éxito editorial: Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez. En 1983 inicia la publicación de la colección Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX y funda la Oficina de Investigaciones de Historia Política del Congreso de la República. Ya sus publicaciones y su trabajo de divulgación de fuentes documentales lo han convertido en una referencia ineludible en materia de investigación humanística, especialmente en aquella referida a la contemporaneidad. Su más reciente contribución en este sentido se materializa en 1989, cuando funda la cátedra de Apreciación del Proceso Histórico Venezolano en la Universidad Metropolitana de Caracas. En este lapso, la necesidad social de una modificación del sistema político a través de un derrotero institucional, o el interés sectorial por una mudanza sustentada en la fuerza, lo conducen a protagonizar intensa actividad en la escena política. De allí su trabajo en la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), que preside entre 1984 y 1986 con el propósito de sugerir cambios capaces de crear un régimen civil más eficaz y equitativo, a través de propuestas susceptibles de promover una renovación por vías legales; y sus labores como miembro del Consejo Consultivo creado por la presidencia de la República luego de la intentona golpista del 4 de febrero de 1992, con el objeto de apuntalar el sistema político y evitar nuevos designios cuartelarios contra el sistema democrático. Debido a tales actividades, pero también en atención a sus antiguas contribuciones de naturaleza política y cultural, se piensa en su figura como elemento de estabilización cuando la crisis política llega a extremos peligrosos ante la conducta del presidente Carlos Andrés Pérez, a quien el Congreso de la República destituye de su cargo en medio de una conmoción que hace temer por la suerte del sistema político. El presidente del Senado Octavio Lepage, sustituye legalmente al presidente Pérez, pero por poco tiempo. Pensando en la necesidad de un mandato de transición, capaz de amainar los ánimos encrespados y de garantizar las próximas elecciones generales, los partidos políticos escogen a Velásquez como sucesor legal hasta el inicio del nuevo lapso constitucional. El escogido jura ante las cámaras legislativas como presidente de la República, el 5 de junio de 1993. Permanece en el cargo hasta el 2 de febrero de 1994, cuando traspasa el poder al nuevo presidente constitucional Rafael Caldera. En la actualidad el ex presidente Velásquez continúa sus faenas intelectuales y dirige el Centro de Investigaciones Históricas del Congreso Nacional. E.P.I. (Fuente: Enciclopedia Polar).

Hugo Rafael Chávez Frías: Nace en: Sabaneta (Edo. Barinas) el 28 de julio de 1954. Año de Mando: 199 y continúa actualmente).
Hijo de de Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías de Chávez. Los estudios primarios los realizó en el Grupo Escolar Julián Pino en Sabaneta. La secundaria en el Liceo Daniel Florencio O’Leary, graduándose de Bachiller en Ciencias. Recibió el título de Licenciado en Ciencias y Artes Militares, Especialidad Comunicaciones, en la Academia Militar de Venezuela, egresando con el grado de Subteniente, el 5 de julio de 1975. Continuó luego su carrera militar hasta ascender al grado de Teniente Coronel en 1990. Liderando un movimiento de jóvenes oficiales de las Fuerzas Armadas, intentó fallidamente realizar un golpe de estado el 04 de febrero de 1992. Fue encarcelado, pero en 1994, obtuvo la libertad, gracias a un perdón del entonces electo Presidente Rafael Caldera. De ahí inició carrera política cuyo primer postulado es la refundación de la República, mediante el supremo recurso democrático de una Asamblea Nacional Constituyente, la cual fue respaldada mayoritariamente a través del sufragio directo, universal y secreto. El 4 de agosto de 2000, Hugo Rafael Chávez Frías, fue relegitimado oficialmente Presidente electo y mantiene su investidura como Jefe de Estado, por haber sido reelegido para el período 2006-2012. Con una oposición política que se mantiene firme, y subidas y bajadas en su popularidad, ahora emprende un llamado socialismo del siglo XXI, del cual toma como modelo el fracasado modelo cubano, continuas expropiaciones, caída del poder adquisitivo de los venezolanos, mala administración pública, y persecución política disfrazada, caracterizan a este régimen, que aun cuenta con una alta popularidad, aunque muy en declive por cuanto aunque muchos venezolanos lo apoyan, nadie entiende el sistema político que quiere implantar.